2019-06-21T15:28:59-03:00

POR: Iván Mónaco

“No quería ser el protagonista, en este texto los que sufren son los chicos y la población civil”, comienza relantando Martín Cazenave, cirujano de ‘Médicos Sin Fronteras’ a lo largo de diez años y que su primera experiencia la tuvo en Sudán, lugar que le sirvió de inspiración para escribir su libro ‘Los niños del desierto’.

“La misión de un cirujano de Médicos Sin Fronteras en el corazón de África”, como reza el subtítulo de la edición impresa, no fue para nada fácil aunque tuvo “muchos momentos de felicidad” y que los recuerda con una sonrisa. Sin embargo, “el sufrimiento de los chicos en situación de guerra es una sensación muy difícil de explicar en palabras” aunque lo describe con mucha exactitud en su libro.

Martín Cazenave es cirujano que en su época de soltero decidió dedicar su más preciado tiempo a la ayuda humanitaria y que la vida lo recompensó con una hermosa mujer y un hijo, y a la espera de su segunda hija.

“Trabajé para la organización desde el 2005 al 2015 y me cambió mi manera de ser”, opina Martín, aunque aclara: “Hoy no tomaría semejante desafío”.

Vivió diez años en guerra como “Médicos Sin Fronteras” y volvió para contarlo - Imagen

¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar para Médicos sin Fronteras? ¿Y qué te llevó a hacerlo?

Era mi sueño poder dedicarle un tiempo de mi vida a la actividad humanitaria, me parecía muy gratificante y enriquecedor. Sin embargo, y como le debe pasar a muchas personas, no me hacía el tiempo para poder hacer lo que realmente anhelaba. Era soltero, tenía mi departamento, mi auto, mi trabajo pero todo era destinado a mis satisfacciones materiales y no salía de la zona de comfort, me faltaba el ingrediente humano. Y cuando surgió la posibilidad de mandar mi currículum a Médicos sin Fronteras no lo dudé. Al poco tiempo de enviarlo, me llamaron muy rápido, pasé por distintas etapas hasta que me seleccionaron y mi primer viaje lo hice a Sudán, experiencia que relato en este libro que lo escribí inmediatamente después de aquella primera misión como algo para mí y solo diez años después me animé a hacerlo público.

¿Tienen salarios los colaboradores de ‘Médicos’?

Te podría decir que sí. El primer año es inferior al de los siguientes, sin embargo, es poco y es una plata que prácticamente no la necesitás ya que estás mucho tiempo trabajando y, haciendo eje en Sudán, no había lugares donde gastar ese dinero. Te dan casa, comida y no pagás ningún servicio. Los gastos que uno tiene consisten en llamadas a familia y amigos. Tenés telefonía, también existe un equipo de psicólogos que están disponibles para acompañar al equipo de trabajo por si uno necesita apoyo.

¿Cómo trabajan los psicólogos con los humanitarios?

La organización hace mucho hincapié en la salud mental de las personas que entran en zonas de conflictos, te incitan a descansar cada seis semanas unos cuatro días fuera del lugar bélico y, si todo el país está en guerra, te mandan al país más próximo sin problemas para podes desenchufar. Además, el equipo trabaja las veinticuatro horas y si necesitás hablar dos o tres horas con ellos, no hay ningún drama y si no se encuentra ninguna solución a tu inconveniente, te sacan de allí y volvés a tu casa.

Y vos, ¿cómo volviste después de estar 10 años en zonas poco placenteras?

Creí que iba a regresar a mi casa en un buen estado ya que mi estadía en Médicos sin Fronteras fue excelente y la disfruté muchísimo pero no fue así. Tenía situaciones de stress postraumáticas. Por ejemplo: me molestaba el llanto de los nenes. Y esto es lo que me llevó a escribir el libro. A mi viaje por distintas partes del mundo no llevé ni siquiera un anotador. Cuando volví al país me sentía fuera de la sociedad y que tenía que readaptarme a esta realidad que vivimos. No me podía concentrar en las conversaciones, me sentía muy irritable, yo estaba acostumbrado a vivir en un lugar en el cual los chicos se me morían todos los días y por causas que cuestan entender: desnutrición, neumonía, y demás, que son solucionables. Hoy no puedo creer que este libro esté publicado ya que lo hice para mí. Me sentía con culpa de haberme ido y dejar a esos pueblos sin ayuda.

Vivió diez años en guerra como “Médicos Sin Fronteras” y volvió para contarlo - Imagen 1

¿Qué sentiste al escribir estas páginas?

La escritura me salvó. En lo personal quería dejar registrado mis meses allá y que no fueron un drama, todo lo contrario: fui muy feliz. Y mis males vienen porque me tuve que ir de Sudán: dejamos pueblos en el medio de la nada, agujeros de mortero por todo el pueblo y el escribir me ayudó a que no me quede el recuerdo del final, de lo malo.

¿Por qué se tuvieron que ir de la zona bélica?

Porque hubo enfrentamientos muy intensos en el lugar donde estábamos y era muy riesgoso quedarse. Los cascos azules vinieron a ayudarnos a salir. Nos protegieron. Los cascos azules son la ‘Unión africana’, un moviemiento de paz de Naciones Unidas y compuesto por personas de África y que en teoría están para mantener la paz depende el país. Tienen armas pero en algunos lugares no las pueden usar. Ellos están supuestamente para defender a la sociedad civil y a los humanitarios, ya que nosotros no teníamos seguridad.

¿Los médicos humanitarios son bienvenidos por la sociedad en lugares que hay guerra?

En Sudán querían que haya médicos de ambos bandos, sin embargo, en otros sectores no sucede lo mismo. El ISIS no quiere saber nada con los humanitarios, los ve como una amenaza, no les interesas porque ven en vos lo que ellos no son.

Vivió diez años en guerra como “Médicos Sin Fronteras” y volvió para contarlo - Imagen 2

¿Estuviste cerca de la muerte?

Sí, en reiteradas ocasiones. En un proyecto en el que trabajé en Alepo, Siria, los aviones tiraban misiles y bombas que explotaban muy cerca. A 400 metros. O en Sudán cayeron impactos de morteros (los cuales son de menor intensidad) que venían de media cuadra como mucho. Las explosiones son muy fuertes y se te mueven todos los huesos. El ruido es ensordecedor. Las bombas las sentís arriba de la cabeza y si te asustás con un petardo, imaginate con lo otro. Es indescriptible.

¿En algún momento del día tenés flashback con situaciones que viviste en la guerra?

Muchas veces pero para ser más específico, quizás en las fiestas cuando se tiran fuegos artificiales. Si yo sé que lo van a tirar no me molesta, pero si me agarra desprevenido me genera una molestia muy peculiar.

¿Qué recuerdos lindos te quedaron?

Conocí gente increíble en distintas ciudades como Palestina, Gaza, y otros. La gente me invitaba a comer y la pasábamos bien. Las relaciones que se generaban era muy fuerte y tengo muchos recuerdos de satisfacción por lo que hacíamos. Ahora, tengo mujer, un hijo y estoy esperando el nacimiento de mi hija y la situación es otra. Extraño mucho pero no significa que lo pueda hacer. La decisión sería muy difícil. A mi pareja la conocí en Colombia y después de unos años decidimos asentarnos en Junín de los Andes y acá estamos bien aunque estamos en constante contacto con los de allá.