2019-03-11T16:35:26-03:00

Hace 10 años a Alejandro, el papá de Agustina, hija única de 17 años, le detectaron una enfermedad crónica en ambos riñones y por un largo tiempo pudo cuidarse sin consumir en exceso sal y carne y con controles médicos continuos.

Sin embargo, la afección renal llamada IgA empeoró un día después del cumpleaños de 15 de su hija y días después debió comenzar con diálisis peritoneal en su casa. “Hicimos dos viajes al exterior en los cuales mi papá se tenía que llevar 2 cajas de 16 kilos por día”, cuenta Agustina que compartió su historia a través de Twitter.

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Al ver que su salud comenzaba a desmejorar y que el hombre necesitaba su esposa Andrea inició estudios de compatibilidad con Alejandro que finalmente dieron positivos para ser su donante en vida.

Una decisión de vida

Con el resultado favorable en mano, el pasado 28 de febrero Andrea le donó uno de sus riñones. El transplante comenzó a las 7 de la mañana y 5 horas después del inicio de la intervención todo había sido un éxito. Ni bien conectaron el nuevo riñón comenzó a funcionar correctamente para el alivio de su hija y el resto de la familia que acompañaba de cerca el procedimiento en la sala de espera.

“Mi mamá y mi papá dicen que se transplantaron por mí, por ellos y porque aman la vida juntos”, cuenta Agustina, que no dudó en compartir en redes sociales cada paso del acto de amor entre sus padres. Incluso bromeó con la donación y la previa la internación de ambos.

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