2018-12-10T18:14:47-03:00

Durante este año se han debatido diversos paradigmas y convenciones culturales, sociales e históricas, y, ahora, llegó el turno de discutir la monogamia.

Desde la ya célebre frase de Florencia Peña-“Tengo una relación abierta de poliamor”-, la forma en que los seres humanos nos relacionamos sentimentalmente fue bastante discutido en los medios de comunicación hegemónicos.

Sin embargo, nosotros decidimos recurrir a la fuente y nos comunicamos con Cecilia Figlioli, quien mantuvo una relación monogámica con su pareja, Juan Pablo, durante 6 años, y, luego, decidieron abrirla.

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Actualmente, ambos siguen juntos, pero cada uno tiene otra pareja: ella también mantiene un noviazgo, desde hace 7 años, con Sebastián, y él, también con Sebastián y con Florencia. Todos viven en una misma casa y mantienen una vida en conjunto.

Fue tal su experiencia, que comenzaron una página web, llamada Relaciones Abiertas, donde tratan de generar una “red afectiva” y visibilizar, a las relaciones abiertas, “como una forma válida y comprometida de relacionarse”.

¿Cómo fue la primera charla con Juan Pablo para tomar esta decisión en la pareja?

No hubo un momento específico donde dijimos que íbamos a abrir la pareja. Lo que sí hubo fue muchas charlas previas, sobre diferentes cosas y temas. Yo siempre digo que nuestra pareja monogámica durante seis años, nunca tuvo los problemas comunes que tienen las otras relaciones, como el control, los celos. Esa poca tradición de pareja monogámica, nos permitió hablar de un montón de cosas y de esto, particularmente.

Todo comenzó muy inocente y nunca fue por curiosidad sexual. Hay como un gran mito, donde la apertura tiene que ver con el aburrimiento o la relación sexual. En nuestro caso, fue todo lo contrario. Fue desde el lado de la amistad. Fue más por el lado de que, a nosotros, nos gusta charlar cosas políticas, sociales y sumado a esa falta de celos o posesión. No nos imaginábamos ni el 10% de lo que llegamos a construir.

¿Qué era lo que no les cerraba de la relación monogámica?

Lo que nos tocó más de cerca, con respecto a la monogamia, es que nos parecía medio imposible que eso no se pueda reproducir con otras personas. Nosotros tuvimos una pareja monogámica muy feliz. Y, de hecho, sí lo reproducíamos con nuestros amigos, pero había un límite de amor romántico. En realidad, lo que no nos cerraba era que todas las otras relaciones son múltiples, desde tus amigos hasta tu familia, tus compañeros de trabajo, pero cuando se habla de pareja tiene que ser siempre sólo una persona. Esa lección de que sea una persona, responde a otras cosas y no a una elección personal. Es una forma de formar familia y sociedad.

¿Cómo se lo tomó el mundo externo?

Al principio, con sorpresa. Hay como una especie de estigma porque está todo muy asociado a la promiscuidad, a la falta de cuidado, a lo sexual, y que tu interés sólo tiene que ver con eso y con la falta de seriedad. La mayoría de la gente me dijo que me respetaba, pero que ellos no lo harían ni ahí. Y que no podía ser que yo pudiera estar enamorada de dos personas al mismo tiempo. Al principio, con mi familia, fue complicado, fue algo difícil de procesar. Con el tiempo, cuando hubo una continuidad en el tiempo, ya fue más fácil.

Ustedes contaron que la mitad de los problemas que tuvieron, como relación abierta, vinieron del entorno. ¿Cuáles fueron?

Los problemas que tienen que ver con el trabajo. Hay gente que no lo puede contar en el trabajo porque sabe que está mal visto. Si ya la condición de ser mujer es determinante en tu trabajo, imaginate si decís que sos poliamorosa. Imaginate que si se oponen a la Educación Sexual Integral, ¿por qué no se opondrían a la conformación de una familia diferente?

¿Ustedes cómo responden a estos prejuicios?

Al principio, estaba en la disyuntiva de contar o no contar (que tenía una relación abierta). Después de un año, decidí que quien me preguntara por mi relación, yo les iba a decir la verdad. A veces, una no puede explicar todo. Para nosotros, también fue nuevo. Algunos procesos tampoco son claros para uno. Tenés momentos buenos y malos, el entorno no te acompaña. Una de las grandes problemáticas, para nosotros, es que nadie hablaba de estas cuestiones. Es sumamente importante la difusión y la masividad que se dio en el último tiempo. Hay que visibilizar esto. Hay un montón de gente que no le queda cómodo el sistema monogámico. Cuando uno lo dice, después resulta que un montón de personas concuerdan y lo hacen.

¿Cómo es, por ejemplo, la convivencia en la casa con gente que no es tu pareja?

Es buena la convivencia. A pesar de no ser mi pareja, no es mi enemiga. A veces, la gente lo plantea como la competencia, la contra. La realidad es que no. Cooperamos en la casa, desde la limpieza, comprar cosas y demás. Funciona como una casa, donde viene cuatro amigos, más allá de si alguien es pareja de otro. Tenemos la suerte de tener una casa muy grande. Cada uno tiene su propio cuarto. Estoy convencida que todos necesitamos el espacio propio.

¿Cómo se plantea cuando alguna situación te genera celos y cómo se maneja eso?

Hay diferentes casos con respecto a eso. Hay gente que no hace falta que esté en pareja para estar celosa. También son personas celosas con amigas. Nosotros decimos que lo importante no es si sentís o no celos, porque obvio que va a pasar, sino qué se hace con esto que sentís. Si se comunica, se pone en la mesa y se puede tratar eso. En cambio, en la monogamia está aceptado que uno puede ser celoso.

¿Cómo se plantea el tema de la maternidad y la paternidad?

Siempre pensé a la maternidad con mucha responsabilidad. Sé que es algo que me va a requerir muchísimo tiempo y cuidado. Voy a tener que elegir algunas cosas, para dedicarme a eso. Siempre lo pensé con mucha cautela.

En esta configuración que tengo yo ahora, me siento más relajada y acompañada para afrontar una maternidad. No creo que sea algo que lo vaya a llevar adelante yo sola y que no tiene que ver solamente con lo biológico. No creo que haga falta un padre biológico para que vos puedas paternar. Yo creo que la paternidad y la maternidad no tienen nada que ver con lo biológico, sino con una actividad de cuidado, constancia, responsabilidad. Va a tener dos padres, dos madres o la configuración que quieras. ¿El chico se va a sentir peor porque tenga más afecto y cuidado? Es raro. Yo creo que aporta, no es que se le quita algo al chico.

Desde afuera, quizás se puede ver que es un tipo de relación que tiene menos límites que las monogámicas. ¿Cuál sería un límite que no podría transgredirse?

Los límites también dependen mucho de lo que vos quieras construir y cómo lo vas haciendo. Para mí, lo único es no romper un acuerdo que vos hiciste con tu pareja. Yo no creo que haya un límite de decir: “Esto se puede hacer y esto otro no”. Mientras haya consentimiento, a mí me parece el único límite. Si uno rompe eso, se es desleal.

¿Qué les dirías a las personas que pueden llegar a pensar que una relación abierta es más desgastante que una pareja monogámica?

Es una elección personal. Estoy segura que, para muchísima gente, este tipo de vínculo es mucho más desgastante. Y me parece bárbaro que esa sea su elección. No nos gusta que nos digan cómo nos tenemos que relacionar. Es dos para todo lo bueno y dos para todo lo malo. Tenés que saber escuchar, acompañar, contener. También me parece buenísimo que haya personas que no quieran tener pareja a lo largo de su vida.

¿Qué les dirías a las parejas que quieren abrir su relación?

Lo primero, para mí, es que vos tenés que informarte. Tenés que tener toda la mayor cantidad de información sobre el tema. Leer, charlar con gente que practica las relaciones abiertas, meterte en grupos, informarte. Es como todo: cuanto más información tenés, tenés más capacidad de construir algo y con menos miedo. Todo se va estructurando distinto, cuando tenés conocimiento. Para ver si es para uno o no.

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