2018-07-12T12:58:34-03:00

Hace pocos días se viralizó en Twitter el hilo de un usuario que contó la historia de su vida, desde que perdió la visión en el ojo derecho a sus treinta años, hasta hoy, convertido en “un pequeño experto sobre patologías del nervio óptico”.

En su relato, reveló que estudió para tratar de entender lo que le había pasado. “Yo ya sabía que la visión no volvería jamás. Pero aún así, necesitaba una explicación. Quería conocer la causa, elaborar un relato de lo que me había pasado, poder echar la culpa a algo. Aunque fuese a la última bacteria exótica y rarísima capaz de provocar algo así”, contó José María Campos.

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“No me di por vencido. Durante todo un año leí literatura médica, sin tener ni puta idea pero con mucha voluntad”, expresó el usuario y reflexionó acerca de cómo el ser humano es eficiente aceptando la pérdida, pero necesita racionalizarla. “De lo contrario, sólo queda el sinsentido, lo arbitrario, el caos. No somos tan buenos encarando semejante abismo. Necesitamos entender. Siempre”.

Campos continuó revelando que por entonces su obsesión era encontrar la causa por la que, de un día para el otro, su ojo derecho se había nublado para siempre. “Perdí mi trabajo. Abandoné mi vida social y cualquier ocupación que me distrajera de mi única y sagrada empresa. Ya era una cuestión de amor propio. No hacía otra cosa. Me deprimí. Si alguien trataba de animarme, me refugiaba en el orgullo del sufrimiento. Lo echaba de allí”, recordó.

Después de estudiar mucho y no hallar respuestas, José volvió a la neuróloga que le había dado su diagnóstico y le preguntó si podía pasarle lo mismo en el otro ojo. “Ella se quedó en silencio, pero al poco tiempo asintió lánguidamente: ‘Sí’. Tendrás que aprender a vivir con ello”, recordó el usuario y agregó: “Yo salí de la consulta y me eché a llorar”.

Campos después habló de un libro que lo ayudó en ese duro momento: el diario de W. N. P. Barbellion. Contó que el autor había comenzado ese libro como un cuaderno de campo, haciendo observaciones, porque de niño soñaba con ser naturista. Después reveló que su sueño fue imposible, porque en la adolescencia comenzó a padecer extraños dolores y perdió movilidad en sus manos.

Perdió la visión en un ojo y se convirtió en experto del nervio óptico: “Necesitaba entender” - Imagen

El usuario encontró en él una identificación, ya que el autor describía todo un proceso de aceptación en el que se habituaba a cambios y síntomas que en aquella época no tenían nombre. Padecía esclerosis múltiple. “Lo interesante de su diario, que ocupa toda una vida, es cómo las inocentes anotaciones de un niño se convierten, con el paso de los años y la enfermedad, en una auténtica filosofía sobre la existencia. Sin pretenderlo, se convirtió poco a poco en el mejor observador de sí mismo”, reflexionó Campos.

“Ahora él era la mariposa. Y debía darse mucha prisa en sacar algo en claro de todo aquello porque la esclerosis, sin tratamiento, avanzaba inexorable. Y lo intentó, lo intentó con todas sus fuerzas”, continuó el usuario y agregó: “¿Sabéis cuál fue su última anotación antes de morir con treinta y cuatro años a causa de una enfermedad completamente demoledora y desconocida en su época?: ‘No he entiendo nada'”.

“Tiene otra anotación, también al final, que jamás olvidaré. Dice así: ‘He pensado que, cuando muera, al menos mis átomos vivirán para siempre en una estrella o quizás en la cola de un salmón. Y por algún motivo, eso me hace sentir inmensamente feliz'”, continuó Campos y contó que respecto a él “un día, no recuerdo cuándo, dejé de llorar”.

“Poco a poco, comprendí lo más importante de todo: que a veces, simplemente, no hay nada que comprender. Suena fácil. Pero a mí me costó dos años mirar cara a cara a este abismo e invitarle a café”, sintetizó el usuario y contó que tuvo una hija y que hace diez años perdió la visión de uno de sus ojos, pero que el otro continúa funcionando.

“Este relato carece de planteamiento, nudo, desenlace, flores, agua pura. No hay enseñanza alguna en estas palabras. Y quien crea que la hay, peca de iluso. No hay nada que aprender del abismo. Sólo puedes aceptarlo. Y seguir adelante”, finalizó Campos.

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