2018-05-22T12:30:22-03:00

Jorgelina Devoto, psicóloga y Directora del “Instituto de Prevención de Adicciones?” de la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador, brindó una entrevista a TKM para hablar de una problemática que suele ser negada socialmente: que los más jóvenes consumen alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas.

Alcohol

El alcohol está en nuestra sociedad. En la mesa con nuestras familias, en los eventos con nuestros amigos, en la televisión, en las series. Y en esa presencia constante, se la suele naturalizar. No la pensamos como droga, no al menos en el sentido bajo el que “otras” drogas son vistas. Sin embargo, lo es: “El alcohol es una droga desde la perspectiva de la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, reúne los requisitos que definen a una droga: afecta a las personas físicamente, en distintos aspectos, en su personalidad, en su conducta“, enumera la licenciada. Y parte de su banalización se debe a que desde la publicidad, el alcohol tiene buena prensa: “Está totalmente incorporado en nuestra cultura. Nosotros, los argentinos, tenemos una relación de identidad entre la argentinidad y el alcohol: está entre el imaginario de la gente como algo bueno”.

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No por nada es la droga número 1 en prevalencia, es decir, la que más consume: “Desde muy chiquitos, los jóvenes ven que el alcohol está incorporado a la vida familiar, entre los amigos. En los viajes de egresados el que no toma es un ‘tonto’. Y cuando se hace una estadística, es lo que más se toma desde más chicos”, cuenta. “La edad de inicio en el alcohol va bajando de manera considerable: si en los años ’90 era a los 17 años, hoy en día es desde los últimos años de la primaria“.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen

Así es como el alcohol termina incidiendo en la vida de los más chicos: “No es lo mismo el efecto del alcohol en un cerebro maduro, que ha completado todo su desarrollo, que tiene una personalidad asentada a uno que no sabe bien qué hacer con su vida, para dónde va, que es capaz de poner límites. El adolescente va a estar influenciado por las modas de la época, por la publicidad. Si ves que todo el tiempo te muestran que te divertís tomando alcohol, ¿por qué un chico de 12 años va a pensar distinto?”. Y más allá del contexto, las consecuencias físicas en ese joven son determinantes: “El alcohol tiene consecuencias sobre el sistema nervioso central, afecta al cerebro, lo modifica químicamente. Y por supuesto, consecuencias sobre el hígado, derivando en una cirrosis. Antes esa enfermedad lo veíamos en adultos, hoy en día existe la cirrosis juvenil ya en los 25 años: el hígado estuvo sometido a una cantidad de alcohol que no está preparado para recibir en tan prolongado tiempo“, cuenta a TKM.

Parte de la naturalización de su consumo, está en la creencia sostenida de que todo hábito relacionado al alcohol “puede ser controlado”. Para la licenciada, no es así: “Nadie sabe hasta qué punto va a poder ponerse ese límite. Es engañoso, por la propia sustancia. El alcohol tiene la capacidad de generar la dependencia y la adicción. Es la sustancia en sí. No hay que negar que la sustancia tiene de por sí capacidad de generar la dependencia”, cuenta.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 1

Sin embargo, no toda persona que toma alcohol es adicta. Puede existir un consumo controlado: “La adicción es una enfermedad biopsicosocial y espiritual. Biológicamente genera dependencia, psicológicamente acompaña esa dependencia y eso va cambiando la conducta, haciendo que en lo social actúe diferente. En ese trayecto, hay gente que experimenta con el alcohol o con una droga, hay gente que la usa, hay gente que abusa y finalmente gente que es dependiente, que se llama adicto”, cuenta.

Pero, ¿cómo se da cuenta uno que ese hábito ha comenzado a ser incontrolable? Para Devoto, los jóvenes pueden dar cuenta de ello principalmente, a través de indicaciones de tercero: “Cuando alguien lo advierte desde afuera, sean los padres, los amigos o el entorno, es porque empiezan a notar cambios. La primera palabra viene de afuera, viene de alguien que te dice: “Me parece que estás tomando mucho”, “me parece que estás fumando”. A partir de ahí, crear la consciencia personal es más difícil. Lo primordial es reconocer el problema, para después pedir ayuda. Cuando uno está pensando mucho en tomar, en fumar y empezás a ver que las conversaciones rondan sobre ello todo el tiempo, es porque eso está ocupando un lugar importante en el día”, detalla. “Cuando los demás ven que se está complicando la vida, lo advierten: ahí ya no es tan divertido, ya no es tan amoroso, ya no es tan simpático”.

El lugar de los padres, para Devoto, es primordial: “En ese trayecto lo que están alrededor se van dando cuenta de ese pasaje. Esperar a que esté dependiente de la sustancia para actuar es un error, hay que empezar antes. Cuando ves que empieza a tomar en exceso, que los fines de semana sale y se emborracha, que está esperando la salida para poder tomar, todas esas conductas te va dando la pauta de que esa persona se está enganchando. La manera de intervenir es entender, acompañar y no culpabilizar”, define. “Tenés que acompañarlo, explicarle, estar atento, comunicado. Controlar o vigilar no sirve si no se lo contiene“.

¿Puede una persona que superó la adicción volver a recaer? Para la Lic. Devoto, sí: “El alcoholismo es una enfermedad progresiva, porque se va dando en etapas. También es crónica, una vez que la persona la padece en realidad no deja nunca de tener la posibilidad de una recaída. Lo importante es el cuidado y el control sobre las situaciones riesgosas que te puede llevar a una recaída: que no haya alcohol en las casas, no tiene que estar en lugares donde se consume mucho alcohol. Para protegerlo tenemos que tratar de que no esté donde se toma: que en una primera etapa, no es recomendable que salga y que esté en un lugar donde todos estén tomando“, describe. “Las condiciones que generaron que consuma, los riesgos que lo llevaron a que lo haga, todo eso hay que transformarlo en protección para que no tenga una recaída”.

Marihuana

Si bien la marihuana no tiene la “buena prensa” que recibe a diario el alcohol, está comenzando a naturalizarse. Para la Lic. Devoto, esto se percibe desde las novelas: “En este momento hay una evolución hacia la aceptación de la marihuana: hay mucha familiaridad con la marihuana en comparación con lo que había dos o tres generaciones atrás. Existía el consumo, pero no era público. Hoy en día los chicos desde los 15 años ya experimentan con marihuana“, cuenta. Tiene mala prensa, sí, pero entre los adultos: “Hay un cambio cultural que se va llevando a que la marihuana se tome como algo más. Está la creencia de que la marihuana no hace mal, o que no tan mal como el cigarrillo y eso es un error. Antes el tabaco era normal en las novelas, ahora lo es el alcohol o la marihuana“.

Jóvenes y adicciones: alcohol, marihuana y tabaco cada vez desde edades más tempranas - Imagen 2

¿Cómo opera en el organismo esta sustancia? Generando, de a poco, un grado de dependencia: “Los que fuman suelen tener momentos llamados ‘bajón’, que es porque la persona sufrió una alteración de consciencia. Es decir, se siente mejor y desea volver a ese estado, porque se le pasó el efecto. Esto te lo pide el cerebro, químicamente estimula un mecanismo de recompensa, haciendo que desee volver a consumir. Como efecto colateral viene la depresión, después de que fumó vuelve a querer iniciar“, relata. Lo que termina sucediendo es que el organismo se acostumbra a esa dosis y, con la misma dosis, ya no obtiene el efecto deseado: “Necesita aumentar la frecuencia o la cantidad. Así va entrando en un estado en donde su cerebro es estimulado químicamente, le pide volver a tener esa experiencia placentera. Y eso es lo que llamamos dependencia: la necesidad de estar en contacto con la sustancia para poder lograr un estado de ánimo buscado. Pero eso dura poco”.

Tabaco

La consecuencia de tabaco en los más jóvenes lo afecta, como en otros consumos, física y psicológicamente: “Hace muchísimo daño al organismo en el sistema respiratorio, en los pulmones. El EPOC es la enfermedad que mejor explica esto: dificultad respiratoria, en personas fumadoras compulsivas, que a pesar del daño no pueden dejar de hacerlo“, cuenta. Y también tiene consecuencias en el sistema circulatorio: “Venas y arterias que se endurecen por el consumo del tabaco, en personas que presentan irritabilidad si no fuman”.

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Para Devoto, sin embargo, el trasfondo del consumo de alcohol, marihuana y tabaco es más bien psicológico: “Todo consumo es una forma de llenar un vacío existencial. Mucha gente joven no sabe que va a hacer de su vida, no tiene proyectos, no sabe cómo va a salir adelante. Lo importante es tener una red familiar que lo proteja frente a ese estado”.