Desafío eterno: la amistad entre mujeres

Los entornos digitales a través de los cuales hoy se fundan gran parte de los vínculos sociales parecen una continuación de aquella antigua frase sobre las amistades inglesas: “primero evitan la intimidad y luego omiten el trato”. Pero de acuerdo a las escritoras Rachel Hills y Ann Friedman, son las mujeres quienes hoy deberían colocar más […]

Desafío eterno: la amistad entre mujeres

September 16th, 2015

Los entornos digitales a través de los cuales hoy se fundan gran parte de los vínculos sociales parecen una continuación de aquella antigua frase sobre las amistades inglesas: “primero evitan la intimidad y luego omiten el trato”. Pero de acuerdo a las escritoras Rachel Hills y Ann Friedman, son las mujeres quienes hoy deberían colocar más atención en la forma en que la cultura contemporánea define sus modos de amistad.

Según Rachel Hills, la amistad parece haber sido codificada bajo los mismos signos que el sexo. Es suficiente pensar en la imagen que suelen proyectar sobre estas dos cuestiones la mayor parte de las sitcoms para tomar conciencia de cómo ambas formas de relaciones sociales se definen. Por un lado, la variedad de parejas amorosas, renovadas casi semanalmente (sin duelos, sin pausas, sin mayor énfasis en otra cuestión que no sea la conquista misma).

Desafío eterno: la amistad entre mujeres - Imagen 1

Por el otro lado, un grupo sólido y solidario de amigos con los que no se omiten secretos pero tampoco se admiten verdaderos intercambios de ideas (las diferencias son apenas una cuestión de estilos y apariencias). Estos serían “los mitos del sexo y la amistad”, y se vuelven particularmente eficientes cuando se trata de mujeres porque, a diferencia de los hombres, como escribió la ensayista Emily Witt en The New York Times, a través de un nuevo tipo de articulación, el sexo y la amistad de las mujeres -a diferencia de lo que ocurre con los hombres- quedan directamente opuestos.

La amistad, en tal caso, a diferencia del romance, se presenta como una herramienta social más conveniente. Primero, no suele interrumpir el desarrollo profesional (con matrimonios, hijos y todo el arco de pequeños dramas cotidianos que provocan distracciones). Segundo, la amistad tampoco requiere la sumisión a los roles impuestos por “el patriarcado”, ni afecta la independencia sexual. Las amistades, por supuesto, exigen tiempo.

Desafío eterno: la amistad entre mujeres - Imagen 2

Pero no tanto como una relación amorosa. Y, sobre todo, las amistades aseguran un tipo de compañía que casi nunca es capaz de volverse tan absorbente ni demandante como una pareja. ¿Una cultura femenina del BBF (“best friends forever”) es exactamente un tipo de cultura a través de la cual las mujeres pueden insertarse “sin compromisos” y con mayores “libertades personales” al mundo del trabajo?

¿Pero quiénes ganan, entonces, en el balance de la ecuación final? ¿Las mujeres o el mundo del trabajo? Claro que las amistades femeninas asumen el problema de la rivalidad, pero esa rivalidad parece funcionar dentro de las fronteras de lo razonable: no hay, al parecer, problemas entre mujeres que las mujeres no puedan resolver con más eficacia que si estos problemas ocurrieran entre hombres y mujeres.

Desafío eterno: la amistad entre mujeres - Imagen 3

La interrogante final probablemente pertenezca a la cuestión del placer. Ningún fin de semana entre amigas, ninguna una jornada compartida en un salón de belleza y ni siquiera una noche de parranda en los mejores sitios nocturnos reemplazan la experiencia emocional del trato amoroso.

En el plano de la sexualidad, aún existe el estigma de aquellos con una excesiva cantidad de parejas. La pregunta la deja en el aire la canadiense Phoebe Maltz Bovy: ¿y si hubiera llegado el tiempo de un estigma equivalente para aquellos con una excesiva cantidad de amigos?

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