Cinco gestos inolvidables de la historia de los Juegos Olímpicos

Sin ganar una medalla, estos atletas olímpicos dejaron su huella por la nobleza deportiva y el compañerismo.

Cinco gestos inolvidables de la historia de los Juegos Olímpicos

agosto 21st, 2016

Hay atletas que no obtuvieron medallas pero lograron quedar en la memoria de la gente de la misma manera –o incluso más– que los vencedores. La que sigue es una recopilación, basada en una lista del diario italiano Il Post, de algunos de los mejores momentos de verdadero espíritu olímpico.

Cinco gestos inolvidables de la historia de los Juegos Olímpicos - Imagen 1

1. Nikki Hamblin y Abby D’Agostino, en Río 2016

El primer gran gesto deportivo ocurrió en los últimos Juegos Olímpicos, durante las calificaciones para los 5.000 metros femeninos. Durante esa carrera, la neozelandesa Nikki Hamblin sufrió un tropiezo con otra competidora y el incidente provocó la caída de la estadounidense Abbey D’Agostino.

En lugar de seguir corriendo, la atleta norteamericana ayudó a que su rival se pusiera de pie para continuar con la carrera. Por el gesto, ambas fueron admitidas en la final de los 5.000 metros, aunque participará sólo Hamblin, ya que D’Agostino quedó lesionada.

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2. Lawrence Lemieux, en la regata de la clase Finn en Seúl 1988

Cuando la competencia iba por la quinta regata (sobre siete), el velista canadiense Lawrence Lemieux se encontraba en el segundo puesto, bien encaminado para ganar una medalla. En ese momento, en la bahía de la capital de Corea del Sur estaban compitiendo también las regatas de la clase 470 masculina y femenina, con dos personas por embarcación.

Lemieux vio que el barco de Singapur de la clase 470 se estaba dado vuelta y que uno de los miembros del equipo se encontraba en el agua, entre las olas. El canadiense decidió entonces dejar su carrera y navegar hacia el barco para salvar a los dos tripulantes. Luego volvió a su regata, pero terminó en el lugar 22. El Comité Olímpico Internacional decidió premiarlo con la medalla Pierre de Coubertin (el inventor de los Juegos modernos), que se otorga a los atletas que interpretan el “verdadero espíritu deportivo”.

3. Derek Redmond, en la semifinal de los 400 metros llanos en Barcelona 1992

El británico Derek Redmond había llegado a los Juegos con muchas chances de ganar una medalla. Había superado con facilidad los cuartos de final, pero en la semifinal, después de 150 metros, tuvo un esguince muscular en la pierna. Cayó y los médicos se acercaron para llevarlo en una camilla. Él los alejó, se levantó y empezó a cojear hacia la llegada.

Su padre superó la seguridad para ayudarlo a terminar la carrera entre los aplausos del estadio Luis Companys, aunque Redmond terminó descalificado. Su padre fue uno de los afortunados que fueron elegidos para llevar la antorcha olímpica en los Juegos de Londres 2012.

4. Dorando Pietri en el maratón de Londres 1908

En los Juegos Olímpicos de 1908, el italiano Dorando Pietri estaba en primera posición cuando faltaban dos kilómetros para la llegada. Pero estaba tan cansado que cuando ingresó en el White City Stadium tomó la dirección equivocada. Los comisarios lo pusieron en la dirección correcta, pero Pietri cayó al suelo desmayado. Para correr los últimos 300 metros –ayudado por la gente– tardó diez minutos. Terminó primero, pero el segundo –el norteamericano John Hayes– apeló el resultado por la ayuda que la gente le había dado a Pietri. La apelación fue aceptada y la medalla de oro fue para Hayes.

Tras su victoria frustrada, Pietri se convirtió, sin embargo, en una celebridad mundial. La reina Alejandra le dio una copa de oro y empezó un tour en Estados Unidos, donde corría maratones por dinero. El 25 de noviembre de 1908, en el Madison Square Garden de Nueva York, tuvo su revancha contra Hayes y ganó.

5. Pavle Kostov y Petar Cupac, en la regata de la clase 49 en Beijing 2008

Los dos velistas croatas Pavle Kostov y Petar Cupac no se habían calificado para la final de su disciplina. Mientras estaban en la Villa Olímpica, escucharon que 15 minutos antes de la regata final se había roto el mástil del barco del equipo danés, que iba primero en la tabla.

Kostov y Cupac prepararon su barco y se lo prestaron a los daneses, que pudieron partir con 4 minutos de demora, justo antes de ser descalificados. En la regata llegaron séptimos, pero les alcanzó para el oro. Kostov y Cupac, en cambio, recibieron la medalla De Coubertin.

 

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