2019-02-28T12:42:34-03:00

Por Agustina García 

En la familia de Elías, el drama se hereda de generación en generación como si de los ojos claros se tratara. Protagonizada por Oscar Martínez, Dolores Fonzi y Diego Velázquez, “La misma sangre” es un thriller con demasiadas preguntas y pocas respuestas, dirigida por Miguel Cohan,  se estrena este jueves en todos los cines.

“La sangre no es agua” dicen, y la familia de la que proviene Elías y la que formó, lo comprueban. Padre, madre, dos hijas, un nieto y el silencio como un integrante fundamental. El pilar de una estructura que, sin su sostén, se desmorona. Oscar Martínez personifica a Elías, el padre de familia, que tiene una historia un tanto dramática, complica da e incluso, misteriosa porque nada de lo que le sucedió se sabe con total certeza.

Junto a su mujer, Adriana, tuvieron dos hijas. Una de ellas, Carla- interpretada por Dolores Fonzi- se casa con Santiago- personaje a cargo del actor Diego Velázquez. Suena lógico que las únicas personas que deciden romper la pesadez del silencio que carga esta familia sean aquellos que eligieron ser parte de ella pero que, en realidad, no lo son. No siempre parecer es lo mismo que ser.

La trágica e inesperada muerte de Adriana pone a temblar una trama familiar que, lejos de lo que aparenta, está repleta de dolor y tragedia que traspasa generaciones y parece de nunca acabar.

Santiago sospecha que Elías mató  a su mujer pero no tiene idea de que esta muerte es la punta de un iceberg también manchado con sangre. Carla, su esposa, intenta resistirse a creerlo pero datos familiares que desconocía la empujan hacia lo inevitable.

Oscar Martínez se pone en la piel de un hombre que parece que nunca estuvo conforme con quien es. O con quien dejó que sea. Amargado y solitario, Martinez transmite bien ese perfil. Velázquez es sin duda el coprotagonista de la película. Su papel tiene una preponderancia mucho mayor a la de Dolores Fonzi. La actriz está correcta en su interpretación pero no tiene demasiado espacio como para lucirse.  Martínez y Velázquez se adueñan de la pantalla y de la mayoría de los momentos culmines de la película.

La actriz chilena Paulina García se pone en la piel de Adriana, una mujer tan cansada de su matrimonio que ya se dio por vencida hace tiempo. Su primo, interpretado por su compatriota Luis Gnecco, lo sabe mejor que nadie.

Dirigidos por Miguel Cohan, se nota en  las escenas la intriga de cada interrogante que la trama abre y que, generalmente, deja abierta. Esa es una característica “La misma sangre”: se disparan varias aristas pero no todas se cierran. Por no decir ninguna. Es cierto que se reconocen ciertas pistas dispersas por la película pero a ninguna pregunta le cabe una respuesta concreta y certera.

En este nuevo film en la que Cohan se desenvuelve como director, no pretende contar la historia de un crimen y la odisea de hacer justicia: encara una muerte como parte de un entramado familiar oscuro. No busca la resolución, solo mostrarlo. Así es como vira de ser una película policial convencional a ser una llena de misterio y prácticamente librada al criterio del espectador. El silencio en “La misma sangre” también es una condición de las primeras escenas: parece que la película tarda en contar lo que realmente quiere contar. Y cuando el silencio abunda, los minutos pesan. El ritmo lo adquiere sólo cuando la muerte de Adriana se cuenta desde distintas perspectivas.

No es la primera película basada en un crimen que Cohan dirige. De hecho, a juzgar por su carrera, es la clasificación de films a la que recurre. La última fue Betibú, un policial basado en la novela de Claudia Piñeiro.

El film logra transmitir el silencio que abruma a esa familia. Primero, pesa. A medida que la película avanza, se hace cada vez más insostenible. Sin embargo, nunca termina de estallar. Así sucede a partir de esta muerte y así parece que ha sucedido siempre. Quizás si estallara, no sería lo mismo. “Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción”, canta (y acierta) Serrat.