2020-01-03T18:58:01-03:00

Por: Virginia Varela

Hace unas semanas, el hashtag #ComoTeDueleLaCola se volvió tendencia en Twitter, por el aniversario del partido de fútbol entre River y Boca, por la final de la Copa Libertadores. Los millonarios dejaron entrever la cultura de la violación en el deporte, otra vez. ¿Desde cuándo y por qué existe la incitación al abuso sexual y la homofobia en los cantos y cargadas futboleras?

En Argentina, está completamente naturalizado que los hinchas bromeen con cánticos, carteles, banderas y frases homofóbicas y machistas, a sus rivales. Sin embargo, esto no es normal y no ocurre en todo el mundo.

Javier Bundio, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y licenciado en Ciencias Antropológicas de la misma institución, sostiene que la discriminación es algo característico de la cultura futbolera argentina.

“Por registros que se tienen, se supone que es algo que ocurre desde los principios del fútbol. Los primeros registros de los cantos machistas en el fútbol datan de la década del 60”, explica.

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El machismo, la homofobia y el fútbol, históricamente unidos por los hinchas argentinos

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Él, que realizó su tesis sobre los cánticos del fútbol nacional, revelando distintos episodios de xenofobia, racismo y homofobia, asegura que, lo que está en el fondo, es una relación de poder entre hinchadas, expresada mediante una metáfora sexual.

“Mi hinchada somete a la del otro y, al someterlo, lo despoja de todos los atributos masculinos y viriles. Lo convierte, básicamente, en un no hombre o un falso hombre, que aparenta que es un hombre, pero, en realidad, no lo es”, dice.

Según Julia Hang, socióloga especializada en estudios sociales del deporte y en las relaciones de género y política, expresa que el mundo del fútbol argentino es un universo creado por y para “machos”. En ese sentido, este mundo estigmatiza y excluye a todo aquello que no incluyera dentro de este tipo de masculinidad hegemónica, basada en la virilidad, en la fuerza, en el macho como hombre proveedor y protector. “Excluyó siempre a las mujeres y a los homosexuales”, agrega.

La prohibición del fútbol femenino en 1920 acrecentó esta exclusividad masculina, en el deporte, por lo que los insultos se han centrado únicamente en los homosexuales, ya que las mujeres directamente no existían en el universo de la pelota. “Lo que ocurre es que se asocia la penetración y la humillación sexual al triunfar“, sostiene Hang.

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“Por lo tanto, dentro de la escala de hombres, el ‘puto’ es el peor de todos, es el que nadie quiere ser. Entonces, afirmar mi propia masculinidad es, al mismo tiempo, negar la masculinidad del otro, llamándolo ‘puto'”, sigue.

“Al decirle homosexual al contrincante, se lo convierte en un sujeto sometido, a un no hombre”, suma Bundio.

Entonces, la cultura de la violación y la cultura del aguante son características que aparecen desde los orígenes de esta práctica, en Argentina. Los hinchas que “se la bancan” son aquellos que encarnan un tipo de macho específico.

“Es aquel que se la aguanta, que pone el cuerpo, aquel que no duda a acudir a la violencia física para denigrar al rival y para defender a su club. “Esto está totalmente naturalizado, en nuestro país”, expresa la socióloga.

Aunque se crea que muchos países esto sucede con las mismas características, es mentira. Por ejemplo, en el caso del fútbol mexicano, se puede llegar a la suspensión de partidos, si se escuchan cantos homofóbicos, durante un encuentro. En cambio, en nuestro país, esto está completamente naturalizado.

“Ni para el Estado, ni para los otros protagonistas, es algo grave los comentarios machistas y homofóbicos. De esa forma, yo veo complicado que se erradique estos cánticos, en Argentina”, dice Javier.

Sin embargo, Bundio esboza varias estrategias que podrían realizarse para generar un cambio, principalmente para las nuevas y futuras generaciones de fanáticos de la pelota.

“El Estado puede actuar a través del Observatorio de la Discriminación en el Deporte y articulándose con la AFA, con el artículo 88 del reglamento: ‘Cualquier canto que sea ofensivo para un tercero, puede llevar a la suspensión o quita de puntos'”.

Por lo tanto, sí existe una reglamentación, pero nadie considera que se deba cumplir, dentro de un estadio de 70 mil personas.

Bundio enfatiza que se tienen que dar dos procesos importantes: la intervención del Estado y la reflexión del hincha. “Lo interesante, que viene pasando en los últimos 5 años, es que empieza a haber organizaciones de hinchas, que empiezan a reflexionar sobre la propia práctica. Uno tiene que pensar que el hincha puede cambiar sus propias acciones“.

No obstante, Julia Hang opta por enfatizar la sensibilidad del hincha, con respecto a estas violencias instaladas en el colectivo y el universo futbolero argentino.

“Recién estamos empezando a visibilizar lo violento que es llamar a tu rival de ‘puto’, o sea usar ese término con la categoría de humillación, como a alguien que hay que someter”, agrega.

Ya existen agrupaciones dedicadas a estas problemáticas y demandas, que intentan agregar la perspectiva de género a un mundo que evade todo el movimiento feminista que se estuvo dando en los últimos años.

“Estas organizaciones intentan buscar nuevas formas de hinchar, que no estén atravesadas por la cultura de la violación. Es un trabajo de hormiga, que se tiene que dar en toda la sociedad, especialmente con los niños, en los clubes y en las escuelas. Reflexión, sensibilización y concientización son términos claves“, dice Hang.

La homosexualidad es la protagonista de los insultos en el fútbol, por lo que, en todos los años en la historia del deporte, son contados con los dedos de una mano los dirigentes, jugadores, técnicos o funcionarios que se hayan declarado gay, alrededor del mundo. A tal punto está escondida, que se tuvo que armar una selección homosexual aparte de la oficial.

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Hang sostiene que hay que recordar que los clubes no son sólo una empresa, donde se compran y venden deportistas, sino que constituyen instituciones que forman personas. “En ese sentido, tienen un compromiso y responsabilidad, que, de a poco, la están empezando a ver”.

“Algunos tienen áreas de especialización de violencia de género, otros tienen subsecretarías de la mujer y de género. Lo que falta es que los dirigentes hagan carne de estas demandas y problemáticas”, afirma.

“Ahora, también, hay organizaciones que nuclean hinchas de diferentes clubes, como son las hinchadas antifascistas, que tiene una ideología de izquierda, más cercana a la anarquismo: juntan hinchas de River, de Boca, de Independiente, en un mismo lugar”, agrega Bundio.

Aparte de los hinchas, la dirigencia y el Estado, el periodismo deportivo y sus comunicadores tampoco asumen la homofobia y discriminación que se perpetúa en el fútbol.

“Se sigue alimentando la estigmatización. Se refuerzan los estereotipos y prejuicios de todos los hinchas. La prensa es un gran responsable: el fútbol es un relato nacional, que construimos entre todos, y ahí, lo que tiene más peso, a la hora de narrar, son los comunicadores”, asevera Javier.

El fútbol es, como dijo el doctor en Ciencias Sociales, un relato nacional que se construye entre todos. Es uno de los pocos espacios que viene esquivando las deconstrucciones que el feminismo viene a interpelar, en toda la sociedad.

Se están esbozando los primeros intentos de reflexionar acerca de la naturalización de los argentinos en cuanto al machismo, la homofobia, la cultura de la violación y el racismo dentro del fútbol.

“Eventualmente, se va a lograr. No creo que surja de una iniciativa de los hinchas. No creo que una sanción evite o rompa con la cultura de la violación. Erradicarla implica hacer debates, diálogos abiertos y sinceros, con personas que estén dispuestas a trabajar estos temas”, dice Hang.

Las futuras generaciones son la esperanza y quienes ya tienen otro respeto y conocimiento sobre las disidencias y las cuestiones de género, con respecto a sus mayores. “Con el tiempo, se va a lograr“, afirma, con seguridad, la socióloga.

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