2019-08-13T18:29:52-03:00

Por Virginia Varela Heil

 

“La espiritualidad no está para negar derechos ni decisiones”. Así define la religión una de las pastoras pentecostales argentinas, que se proclamó a favor del aborto legal, seguro y gratuito.

Gabriela Guerreros es ministra religiosa y pertenece a la Comunidad Pentecostal Dimensión de Fe, una Iglesia de Todxs y Todxs. Ella está a favor de la despenalización y legalización del aborto, así como también de la separación de la Iglesia del Estado.

Tiene 44 años, proviene de una familia con libre albedrío en cuanto a credos y, a los 17 años, tuvo “el llamado”. Finalmente, a los 30 se ordenó y, desde entonces, se desempeña como ministra religiosa, dentro de su comunidad.

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“Es un desafío y un orgullo, todos los días”, define con respecto a su trabajo. Ella sostiene que, una de sus tareas, es resignificar a las mujeres invisiblizadas de la historia.

La religión y el feminismo

Gabriela fue una de las expositoras en los plenarios del Congreso de la Nación y se pronunció como portadora de pañuelo verde. Ella y su comunidad. Se define como feminista y sostiene que este término no es contradictorio a su cargo como pastora.

“Mi rol como ministra religiosa es acompañar y, junto con la comunidad, poder ver todas las herramientas posibles para que, no sólo en este tema, la persona pueda discernir qué quiere para su vida. En este caso, la interrupción de un embarazo”, expresa.

Gabriela, al hablar, cuenta de casos de muchas chicas que fueron excluidas de sus casas o de sus propias comunidades, por tener una identidad de género distinta, una sexualidad diferente o por ser feministas. Ella y su comunidad abrazan a estas mujeres, dentro de su sociedad, continuamente.

Ella insiste en separar lo que es la comunidad religiosa, con la jerarquía de la misma. “La primera no es responsable de la última”, dice. Los altos sectores siguen dogmas, creados por personas. Mientras que, para las distintos comunidades, la tarea principal es acompañar a los hermanos y hermanas.

La pastora que se pronunció a favor del aborto legal: “Mi rol como religiosa es acompañar” - Imagen 1
Fuente: Página/12

Nosotras no encontramos contradicción entre definirnos como feministas y, además, practicar una fe y una espiritualidad. Los sectores jerárquicos se siguen por dogmas que vienen a controlar nuestras vidas y nuestros cuerpos. Y le hacen decir a Dios o a una lectura bíblica, lo que Dios nunca quiso decir”, explica.

“El slogan Salvemos las dos vidas, se refiere como si las personas gestantes no tuvieran capacidad de decisión, no tuvieran autonomía. Desde una lectura teológica, liberadora, inclusiva y feminista, los textos están para acompañar, para dar apertura en discernir, no para bajar línea de manera dogmática”.

Cuando una experiencia personal, comienza a ser dogma, empieza a excluir“, repite.

Gabriela habla desde su saber histórico-religioso y explica que las mujeres siempre tuvieron un lugar y estuvieron presentes en los hechos fundamentales de la Humanidad, pero fueron apartadas.

“Siempre tuvimos un lugar, pero las estructuras y los dogmas fueron puestos a las mujeres, bajo las lecturas conservadoras y ese patriarcado eclesiástico. Las mujeres sólo podían acceder a ser las bendecidas por Dios, a través de la maternidad”.

Como ella cuenta, la mayoría de las comunidades pentecostales, en Argentina, nacen en los barrios más humildes. Su comunidad tuvo casos de abortos clandestinos y se acompañó a las mujeres que tomaron esta decisión.

“Siempre tuvimos un lugar, pero las estructuras y los dogmas fueron puestos a las mujeres, bajo las lecturas conservadoras y ese patriarcado eclesiástico. Las mujeres sólo podían acceder a ser las bendecidas por Dios, a través de la maternidad”

“Por eso decimos que, al aborto, lo sacamos del clóset, de la alfombra. En otras clases sociales, también deben haber abortos clandestinos, nada más que pertenecen al ámbito privado. De ahí, decimos que las pentecostales también abortamos“, afirma.

Sin embargo, esto no vino sin un precio. Después de su exposición en el plenario con los diputados, obtuvo muchas reacciones negativas. Obtuvo mucha violencia, a través de las redes sociales, y hasta recibió maldiciones.

Finalmente, Gabriela remarca que hay diferentes formas de ver a Dios y que la fe no es dueña de nadie. “Yo practico la espiritualidad todos los días y no le pertenece más que a mí”.

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