2019-05-29T11:03:55-03:00

Por: Bárbara Simeoni

“¿Para quién es? ¿Para tu marido, hijo o sobrino?”, le preguntaban a Erica Borda cada vez que, con currículum en mano, se acercaba a alguna oficina de una línea de colectivos a pedir trabajo. Lo que no sabían es que era ella la que quería ser chofer, otra vez.

“Es para mí y tengo experiencia”, les contestaba. De todas las puertas que tocó, solo una le aceptó su currículum: “Ah, tenés 12 años de experiencia. Pero nosotros no aceptamos mujeres”, le dijeron. El mismo discurso que, una y otra vez, la enfrentaba a la peor cara: la de la discriminación.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen

“En ese momento yo tenía muchísimas emociones: bronca, frustración, indignación. Pero tardé un poco en darme cuenta que en realidad me sentía discriminada: la frase era ‘Mujeres no tomamos’”, recuerda.

Detrás de esa frase hay números que constatan esas decisiones: según la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), la actividad cuenta con 925 mujeres con licencia profesional, frente a 376.246 hombres. Esto significa que son menos del 1% de la plantilla.

Aún así, esos 925 registros no garantizan nada. Es un paso previo -muy costoso, por cierto- para poder ejercer. Para cumplir con los requisitos de ser colectivera, se gasta en promedio unos 18 mil pesos: 15 mil sale el curso de enseñanza y 3 mil la licencia. Sin embargo, ser mujer es más costoso. Antes de Erica, las colectiveras invertían ese dinero, pero enfrentándose a un grave destino: capaz no las contrataban nunca. Las estadísticas son claras: de esas 925 mujeres con licencia y curso aprobado, solo 454 eran conductoras de transporte de pasajeros.

Para Erica, que fue colectivera durante 12 años, ese panorama era desolador: no había experiencia que bastara porque el requisito que ningún aviso especificaba era el de ser hombre. Ella, con nostalgia, recordaba esos primeros días en los que descubrió en el transporte un camino para subsistir: era técnica de laboratorio y se había quedado sin trabajo.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen 1

Todavía recuerda el aviso en el diario Clarín en el que pedían colectiveros , de ambos sexos. Se presentó junto con otras 6 chicas y quedaron las 6: era 1999 y Erica se sentaba por primera vez en el asiento de la línea 140, lugar que iba a ocupar durante años.

Cuando mira hacia atrás esos 12 años de manejar la 140 solo tiene palabras lindas: “Ya había 3 o 4 mujeres cuando yo ingresé así que mis compañeros ya estaban acostumbrados. No viví discriminación en ese sentido, la discriminación vino después cuando me echaron”, recuerda.

Sí tiene muy presente que algún que otro pasajero varón se sintió incómodo frente a su presencia y prefirió llegar a destino bajo el volante de otro hombre: “Se asombraban, subían, me miraban y se bajaban: ‘Espero al otro’, me decían”. También estaban los que, ya acostumbrados de su profesión, la felicitaban por su buen desempeño, como si ser mujer y manejar bien sea una sorpresa o algo inesperado.

“Se asombraban, subían, me miraban y se bajaban: ‘Espero al otro’, me decían”

Lo peor, como ella dice, vino después. En 2011, inesperadamente, se quedó sin trabajo: un delegado la echó sin causa y sin preaviso, estando ella separada y con 4 hijos a su cargo. Para una persona con 12 años de experiencia las chances de volver a tener empleo eran mayores, sin embargo, el panorama era aún peor que en 1999: nadie, absolutamente nadie, quería contratar mujeres, solo por el hecho de que eran, justamente, mujeres.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen 2

“Preparé mi CV, me empecé a presentar en las empresas y preguntaba si había toma de choferes”, cuenta. Una y otra vez, volvía a recibir el mismo monólogo: mujeres no, hombres sí. ¿Las excusas? Todas iguales: no tenemos condiciones edilicias adecuadas para una mujer, en referencia al baño y vestuario, como si fuese necesario tener eso para contratarlas. “Muchas empresas comparten el baño, no era tan difícil”, rememora.

La batalla legal que sentó precedentes: sí, las mujeres pueden ser colectiveras

Cansada de los motivos poco justificados para no contratarla, empezó a tocar otras puertas: esta vez, quería justicia. Así fue como llegó a la Defensoría General de la Nación, quienes se dispusieron a ayudarla y, en el año 2012, comenzaron juntos una batalla legal. “Ya no importaba conseguir trabajo. Yo no quería que ninguna mujer sufriera lo que yo había sufrido: la discriminación y el rechazo. Lo hice desinteresadamente, pensando en mis hijas, no quería que vivan eso en ningún ámbito”.

6 años duró el proceso. Un día el equipo que la asesoraba le pidió que trajera ejemplos de empresas que le habían negado la posibilidad de trabajar. Si bien ella se había presentado a todas, eligió tres porque, según le aconsejaron, si la demanda era total el juicio no iba a terminar más. “Elegí las que tenían un gran plantel de personal para que la demostración de que faltan mujeres sea más clara”. Así fue como demandó a Transporte Escalada SAT, Avenida Bernardo Ader y Los Constituyentes SAT, pero como demostración de la discriminación general que se vivía.

Y si bien las pruebas eran contundentes -no había ni una sola mujer en su plantel en ninguna de estas tres empresas-, dos de ellas negaron categóricamente que Erica fue a buscar empleo en sus oficinas. “Encima me trataban de mentirosa”, recuerda. “Pero las pruebas estaban”.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen 3

En estas idas y vueltas, Erica no se quedó de brazos cruzados. Trabajó en el transporte, pero de micros o de remises. Su tiempo libre lo destinaba a estudiar Enfermería, carrera de la que ya se recibió y que dio tiempo a ejercer, hasta el año 2018. Es que el año pasado, el fallo determinó que a partir de ahora todas las empresas de transporte de pasajeros tienen que tener un cupo no menor a 30% de mujeres. Su batalla estaba ganada.

“Se creó un listado de mujeres en donde se pueden anotar todas las que quieran ser colectiveras y cumplan ciertos requisitos. La idea es que cada empresa que solicitara choferes tenga la posibilidad de ir a ese listado, para que después no digan que no existe ninguna mujer que quiera ser colectivera, como me decían a mí”, detalla. Y agrega: “El único requisito del listado es que a la primera a la que tenían que convocar era a mí, así que, entusiasmada, renové los registros”, cuenta.

Al primer día que se convocó el listado, ya había 12 postulantes. De nuevo, muchas habían puesto 18 mil pesos para cumplir con los requisitos legales para ser colectivera: “Antes de todo esto, de las 12 solo 3 o 4 chicas hicieron el curso gratuito y nunca consiguieron trabajo. Este fallo les dio la chance de finalmente concretarlo”.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen 4

En febrero del 2019 ese listado fue presentado a todas las empresas y, por supuesto, a la primera que le sonó el teléfono fue a Borda, siendo la primera mujer de la línea 130, pero también de toda la empresa Dota.

Un 9 en la evaluación teórica-práctica le permitió volver a la silla al frente de la línea 130. Eso sí, no comenzó a manejar sin serle sincera a sus jefes: “Yo sé que soy una piedra en el zapato”, les dijo el primer día. Es que esta empresa fue una de las demandadas y sabe que generar un cambio a nivel interno y externo no es algo gratuito. Sin embargo, ellos le respondieron que estaban cambiando y que ella es parte de esta transformación.

Su experiencia le genera que, cuando escucha al titular de la Unión Tranviarios Automotor de Rosario, Manuel Cornejo, decir que “el cuerpo de la mujer no está preparado para manejar un colectivo”, no sienta otra cosa más que horror: “Ese señor vive en una burbuja, hace años no se sube a un colectivo”, responde. “Hoy los colectivos son iguales que los autos, sacando la dimensión: tienen caja automática, frenos, dirección hidráulica. Ni siquiera tenés que pasar el cambio, es solo poner el cambio, acelerar y frenar. No es un gran esfuerzo, es el mismo esfuerzo que le genera a cualquier varón”, agrega.

La colectivera que marcó el paso a otras mujeres: “Cuando me veían se bajaban” - Imagen 5
(Adrian Escandar)

Sin embargo, su realidad diaria es totalmente distinta. Hoy sale con el 130 todas las tardes y la gente la frena para saludarla. “Me gritan: ‘¡Erica Borda!’”, cuenta, asombrada. “Recién ahora estoy tomando dimensión, yo me pongo colorada cuando me llaman y me ubican. Muchos me felicitan y me agradecen. Otros se suben y me saludan como si me conocieran de toda la vida. Y muchas chicas del interior me llaman con casos similares a los míos para agradecerme”.

Gracias a su experiencia, le habla a las que le siguen y les pide que luchen por lo que desean, pero que hagan las cosas con vocación. Para ellas el camino ya está arado: Erica, con su paso firme, volvió a ocupar el asiento del frente, pero esta vez un asiento imaginario: el de la lucha colectiva por la de los derechos de las mujeres. Su nombre no será olvidado ni por sus pasajeros ni por las que tocarán puertas para dejar su CV. Eso sí, esta vez, con más esperanzas.