2019-05-02T09:04:19-03:00

Por: Bárbara Simeoni

Masculino o femenino. Ropa rosa para ellas, ropa azul para ellos. Un mundo dominado por pronombres y palabras que parecen pertenecerles a un solo género. Identidades que se acotan a solo dos respuestas.

¿A quién invisibilizamos cuando nos negamos a reconocer otras identidades? ¿A qué se le tiene miedo cuando nos empecinamos en no permitir que muchos seres humanos vivan con libertad?

Nat Puca trabaja a diario para que esos límites desaparezcan. Tiene 27 años, se encuentra en cuarto año de Medicina en la UBA y preside las reuniones de la Comisión de Diversidad de la facultad: elle, como tantos otres, quiere que se hable de las identidades que los medios de comunicación y el sistema oprimen, niegan, ignoran. Porque detrás de una mirada que hace que mira pero no ve, elles siguen existiendo. Están ahí.

Ser género fluido: “Te tratan como si fueses de determinado género sin preguntarte” - Imagen

Y lo hace con conocimiento de causa: toda su vida vivió sintiendo que los parámetros binarios bajo los que se rige la sociedad –masculino o femenino- son acotados y no le representaban en absoluto. Hoy se reconoce como parte del género no binario fluido, pero para hacerlo, vivió un proceso largo de autoconocimiento.

“El género no binario es un paraguas dentro de los géneros trans. Son personas que no se identifican como hombres o como mujeres (binarismo), sino que lo hacen de manera parcial (espectros de masculinidades o feminidades) o su género escapa de esas categorías o no tienen género”, define. Hay diferentes identidades, solo por nombrar algunas: bigénero, genderqueer, demichico, demichica, neutro, agénero.

Elle se autopercibe y vive como una persona de género fluido: “Transito activamente entre masculinidad, feminidad y neutro, en distintos espacios de tiempo o situaciones, pero siempre de manera unificada (no disgregada)”, explica.
Sin embargo, antes de reconocerse bajo este género, Nat tuvo que pasar muchas experiencias. Es que no es fácil nacer en un mundo que te autoimpone que debés respetar el sexo biológico con el que viniste al mundo como un mandato de una vez y para siempre.

“Transito activamente entre masculinidad, feminidad y neutro, en distintos espacios de tiempo o situaciones, pero siempre de manera unificada”

De hecho, cuenta que desde muy pequeñe sintió que no encajaba con los estereotipos y las etiquetas: “Me di cuenta de que no era una nena cuando tenía 4 años: me incomodaba mucho usar vestidos, prefería usar conjuntos de jogging, me gustaba jugar con legos y playmobiles y nunca tuve muñecas”.

Así, desde los 4 a los 18 años hubo un largo trecho. Nat reconoce que en su vida hubo dos etapas importantes que la llevaron a poder “salir del clóset”, como elle misma define. La primera fue a los 18, cuando pudo hablar finalmente de su orientación sexual. La segunda, a los 23: gracias al acceso a la información, encontró que había otras personas que pasaban por lo mismo. Todavía recuerda una revista particular:

“Fue determinante conocer otras realidades a través de las redes sociales como Tumblr y me marcó mucho también la salida de la edición Gender Revolution, de la revista National Geographic: ahí pude entender que eso que yo sentía también le pasaba a otras personas y de otras maneras”, cuenta. La edición de la que habla se trata de un volumen que incorporó diferentes entrevistas e imágenes que abordaban cuestiones de género, pero por fuera de los parámetros establecidos.

Leerla le permitió encontrar algunas respuestas, sin embargo, el proceso no fue nada fácil: “Transitar mi género fue difícil, no es fácil vivir de una manera en la que no podés ponerlo en palabras o no existe un nombre para eso que te pasa”, describe.

En un mundo regido por etiquetas, todo lo que no adquiera materialidad o nombre, no existe. Las personas que no viven el género binario sencillamente no encuentran cómo poner en palabras lo que están vivenciando. Y si las palabras faltan, la visibilidad está bien lejos. Nat le encuentra una explicación: “La sociedad está creada para que surjan la menor cantidad de preguntas posibles y se mantenga un status quo, en este caso, binario”.

Así, el binarismo forma parte de un sistema que mantiene las cosas por igual y no permite –o elimina y desecha- todo lo que no sea funcional a él. Todo lo que desconoce no forma parte, pero porque también lo novedoso se convierte en un factor desestabilizador que pone en jaque su funcionamiento.

Por ello, Nat tuvo que enfrentar una serie de vivencias que le llevaron a vivir su género con plenitud. Antes de ello, hubo procesos de incertidumbre: “Es como ver pistas en todos lados y adentro de une misme tener que desarmar todo eso sintiendo cómo modifica tu identidad”, explica.

Ser género fluido: “Te tratan como si fueses de determinado género sin preguntarte” - Imagen 1

Es que no es solo ponerle un nombre, es también entender qué es lo que se quiere vivir a partir de eso: “Tenés que preguntarte si vas a pasar por cambios hormonales o quirúrgicos, si sentís que estás bien con tu tono y color de voz, si desearías tener barba o senos”, enumera. “Es complejo, agotador y por momentos estresante. Pero también muy gratificante y resignifica lo que entiendo por libertad”, reafirma.

Cómo es ser género no binario en Argentina

Muchas veces con cambiar algunas estructuras no alcanza: un ejemplo de ello es la Ley de Identidad de Género sancionada en el 2012, que permite que las personas sean inscriptas en sus documentos con el nombre y género de elección. Sin embargo, las personas no binaries están luchando para que no se les niegue su identidad en el DNI, porque hasta el momento, no pueden especificar este género.

“Todavía hay muchos derechos que conseguir de manera concreta: varias personas no binaries luchamos para que se reconozca en nuestros documentos el género no binario”, explica. “Es una lucha en donde hay pocas excepciones positivas, como la de una persona de Mendoza que consiguió la rectificación de su partida de nacimiento”, cuenta. Sin embargo, reconoce que estos casos son la excepción y no la regla: “Suele ser postergada o denegada por los registros civiles pertinentes y así la persona tiene que recurrir a vías legales para subsanar la falla del Estado”.

En la práctica, Nat sabe que ser una persona no binaria en Argentina no es nada fácil: “Hay conflictos en los espacios públicos. Los baños con distinciones de género son conflictivos, a pesar de que el nuevo Código de Edificación del Gobierno de la Ciudad permite crear baños sin distinción de género. Termina recayendo en las autoridades del establecimiento”, cuenta. Pero no solo se trata de los espacios que habitamos, tiene que ver con las palabras que empleamos y el trato que recibe en muchas ocasiones:

“Uno de los problemas más habituales de las personas trans no binaries es que nos ‘misgendereen’, es decir, que nos ‘lean’ como de cierto género y nos traten así sin antes preguntarnos nuestros pronombres o cómo queremos ser tratades”, cuenta.

Que no haya un reconocimiento de que exista la remota posibilidad de no sentirse identificado con ninguna de esas categorías no es un dato menor: “Al asumir un género que no es el nuestro, se nos empuja hacia situaciones donde nos quitan el control que tenemos sobre nuestro cuerpo y nuestra identidad”, explica. Y brinda un ejemplo claro: “Una persona no binarie que tenga que ser atendide por une ginecólogo y este, al no preguntarle ni interesarse por su género, le recete un anticonceptivo oral sin explicarle que esas hormonas feminizan y ni le pregunta si quiere atravesar por esa situación de feminización de su cuerpo”.

Hoy Nat preside las reuniones de la Comisión de Diversidad de la Facultad de Medicina de la UBA. Pero como todo, no fue sencillo: “La creación de esta Comisión me llevó casi un año entero. Siempre deseé que sea un espacio horizontal y apartidario. El centro de estudiantes Nuevo Espacio intentó utilizar mi entusiasmo para atraerme a su agrupación para luego afirmarme que si no era parte de la comisión no iba a tener lugar. Eso me decepcionó”, recuerda.

Ser género fluido: “Te tratan como si fueses de determinado género sin preguntarte” - Imagen 2

Sin embargo, una de las reuniones organizadas por la Asamblea Estudiantil Independiente fue el punto clave para que su deseo se haga realidad: “Tuve revancha: en el marco de la lucha por un mayor presupuesto universitario pude explicar quién era y por qué creía necesaria su creación. Hoy mi relación con el centro de estudiantes nuevo –El Frente- es otra: coordinamos juntos actividades con la Comisión de Géneros”.

Fueron las situaciones de violencia de género dentro de su facultad la que impulsaron a que hoy, con su Comisión, inicien una encuesta sobre problemáticas de género: “La idea es abordar las situaciones de violencia de género dentro del establecimiento educativo –muy vigente gracias a Magui Magnelli que denunció al docente de farmacología Rothlin- e indagar sobre el contenido de las currículas de las materias dictadas en la facultad para saber si ofrece educación en el trato digno a pacientes trans y disidencias, desde una perspectiva interseccional”, cuenta.

Es que para educar profesionales de la salud capaces de estar a la altura de problemáticas sociales, Nat cree que es menester que forme parte integral del cronograma estudiantil: “Nos preocupa que durante toda la carrera no veamos ese contenido excepto cuando ya nos recibimos y tenemos que dar el examen de residencias. Nos parece muy tarde y escaso”.

Nat sabe que no hay tiempos cuando se trata de visibilizar a gran parte de la sociedad. Entre los ratos que le deja la Medicina, organiza actividades dentro de la Comisión. Para elle, es la única forma de cambiar las cosas: “Creemos que el primer paso es medir la extensión del problema para poder accionar”, concluye.