2019-03-01T12:54:39-03:00

Por: Bárbara Simeoni

Mientras a los hombres se les aplaude la brutalidad, el desenfreno, la valentía y la osadía, a las mujeres se les felicita la delicadeza, la ternura, la sofisticación y los sentimientos. Estas configuraciones no hacen más que situar a estos en un estático rol de la sociedad para que, a la hora de soñar, sueñen bien: ellas en la casa, ellos enfrentando al mundo para traer pan a la casa.

Y si el movimiento tiene que ver con la brutalidad y el desenfreno, significa que la mujer debe encontrar en la quietud y en la templanza los atributos necesarios para hacerle frente a una vida en donde ciertos desafíos les corresponden a otros.

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Tal vez por eso de alguna forma el deporte, y en particular, el fútbol, ha sido asociado a un tipo de masculinidad que responde a una serie de atributos que no todos adquieren ni tienen.

Macarena Sánchez tiene 27 años y rompe con los estereotipos sociales que la querían jugando con ciertos juguetes, en vez de estar pateando la pelota en la plaza con su papá. Nunca supo de reglas ni de estándares y es por eso que, en el 2019, se transformó en una de las caras visibles de la lucha por la igualdad de género.

Macarena Sánchez: “Nos privan la libertad de expresarnos y de pedir por un reclamo que es justo” - Imagen

“Ya no sos parte de la UAI”, le dijo el Director Técnico del plantel de Primera División una tarde de enero mientras vacacionaba, tras siete años de jugar para aquel club. Que no perteneciera más a la UAI como jugadora de fútbol era algo insólito para una persona que salió cuatro veces campeona nacional y que logró un tercer puesto en la Libertadores.

Sin embargo, ahí estaba, recibiendo una noticia que la descolocó y que la dejaría a mitad del Torneo de la Primera División sin la posibilidad de ser tomada por ningún otro club. Algo que en la práctica significaría, mínimo, 6 meses sin trabajo.

Días después, Sánchez decidió comunicar esta injusticia a través de un extenso mensaje en Twitter explicando que la desvinculación llevaría a la joven a tomar acciones legales: “No me quedó más remedio que intimar a la UAI para que reconozcan mis derechos como trabajadora por siete años”, cuenta.

Y tiene palabras para la AFA: “Le pido que cese su inacción y que cumpla con los acuerdos que tiene con la FIFA en materia de no discriminación de igualdad de género”. Se refiere a la legislación internacional vigente que plantea la no diferenciación de hombres y mujeres en materia de futbol profesional, algo frente a lo que la AFA hace oídos sordos.

En el país del fútbol de Messi y Maradona, que las mujeres jueguen al fútbol no es un capricho, pese a que muchas veces sea definido así. De hecho, para Macarena, se trata más bien de una pasión que se gestó desde muy pequeña: “Empecé a jugar entre los 5 y 6 años. Siempre me gustó, me divertía”, comienza contando, sobre su infancia en Santa Fe. “Lo practicaba en plazas ya que no había ningún club en donde pueda jugar y, como papá era muy fanático del fútbol, me llevaba a ver sus partidos con los amigos”, recuerda.

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No fue hasta los 15 años que pudo formar parte de un plantel en Santa Fe. Luego, empezó a armar su propia historia: gracias al club Logia, se programó un amistoso en Buenos Aires. Ahí la vio el DT de la UAI y se interesó en ella. Primero debió pasar un período a prueba, a través del cual después quedó seleccionada.

Tenía 20 años cuando finalmente se vino a vivir a Buenos Aires, ya como jugadora de la UAI. Dejar atrás Santa Fe no fue fácil, pero tenía una sola cosa en mente: buscar “un mejor nivel deportivo”.

A partir de allí, fueron 7 años a pulmón. Mucho antes de que esta llamada llegara, Macarena Sánchez tuvo que soportar todo tipo de desigualdades y destratos. Es que para el club no son jugadoras profesionales: “No cobramos un sueldo, en todos los clubes pasa lo mismo, pasa que tenés algunos que dan más herramientas y otros que dan menos”, relata.

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Pese a dedicarle largas horas diarias al perfeccionamiento de su técnica y de su juego, no cobrar un sueldo es solo el aspecto más material de la desigualdad en el fútbol. Sin ir más lejos, en UAI Urquiza no te daban botines, dejando a las jugadoras al libre albedrío personal para encargárselas en conseguir la herramienta de trabajo más central de su profesión: “Y eso que en la UAI no eran las peores condiciones, pero tampoco las mejores”, define.

Sumado a la falta de contrato y a la no existencia del sueldo, existían otros destratos: “No hacemos aportes. Muchas veces no contábamos con los materiales necesarios del gimnasio. Tampoco tenemos cobertura médica, aunque algunos clubes permiten atenderse en ciertos centros particulares, pero son la minoría”, explica. Y define: “Todo esto es producto de no considerar a las jugadoras como trabajadoras del deporte”.

Mientras en el fútbol masculino se hacen pases que valen millones, Macarena Sánchez cobraba $400 y en concepto de viáticos. Ese era el mísero precio que valía su constancia y ni siquiera era por las horas jugadas sino, por el contrario, por los viajes que acarreaba ir hacia el club a diario: “Era una pequeña suma. Pero esto varía según cada jugadora y cada club”, explica.

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Cobrar $400 y no trabajar bajo una formalidad la llevó a tener que ejercer, como sus compañeras, otra profesión más allá de su pasión: “La mayoría de las jugadoras tenemos otro trabajo para poder sobrevivir al día a día. Era difícil porque además estudiaba así que el día era agotador, pero es lo que casi todas las futbolistas de Argentina tienen que hacer para poder jugar al fútbol”, resalta.

Muchas ejercían tareas administrativas dentro del club, como si para recibir una suma de dinero haya que justificarlo con “algo más” que su talento futbolístico. Así, de alguna manera, quedaban saldadas las deudas: ellas ocupaban puestos de trabajo, ellos pagaban, mientras jugaban.

Macarena es clara. Lo de la UAI Urquiza es un claro ejemplo de desigualdad de género: “Su pensamiento machista les impide ver que nosotras también somos trabajadoras del deporte”, explica.

Algo similar tuvieron que pasar los hombres 89 años atrás. Antes de ello, el futbol masculino tampoco era profesional. Que las mujeres todavía sigan luchando por lo mismo no es un dato menor:

“Hoy tenemos los mismos mecanismos fraudulentos para encubrir un vínculo laboral. Son exactamente los que se utilizaban en los años ’30 cuando el futbol masculino no era profesional”, explica. Contratar a sus jugadoras para realizar diferentes tareas en el club que exceden lo estrictamente futbolístico es una de ellas.

Las quieren silenciadas

Que Macarena haya hablado en nombre de muchas mujeres jugadoras de fútbol le generó severas amenazas y acosos. A diario recibe mensajes violentos que atentan contra su libertad: parece que a muchos les molesta que tenga cosas para decir.

El 9 de febrero le llegó una foto de un arma con sangre y un mensaje que acompañaba la imagen: “Hay bastante dinero por tu cabeza. Vas a morir muy pronto”. Para Sánchez, ese fue el límite: “Hace 20 años que juego al fútbol. Siempre viví exclusión y discriminación. Desde que inicié la denuncia de público conocimiento no paro de recibir mensajes con insultos y agravios, pero todo tiene un límite”, explicó en aquel entonces.

Hoy, no sabe quién está detrás de esas amenazas. Pero no piensa parar hasta dilucidarlo: “No sé quién está detrás de todo esto. Están siendo investigadas por la Justicia y espero que puedan encontrar al autor lo más pronto posible”, resalta.

La expresión en la tribuna es solo masculina

A diario se naturaliza la violencia verbal y física en el fútbol masculino. Incluso una canción de cancha de la más inocente puede tener significados discriminatorios y violentos. Pero en el fútbol femenino, no ganar nada no solo es una cuestión de género sino que, también, hay que cuidar lo que se expresa.

Hace tan solo unas semanas, en un partido femenino de Racing-River, se decidió elevar el reclamo y pedir por el fútbol profesional a través de un cartel. Sin embargo, la árbitra paró el partido y pidió que se retirara aquella insignia de la tribuna sin especificar una razón.

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Para Macarena, este momento no tiene que pasar desapercibido: “Nos privan la libertad de expresarnos y de pedir por un reclamo que es justo. La árbitra respondió una presión y su trabajo está en juego, así que el enojo no va dirigido a ellas”, sentencia.

Y si bien algunos pueden gritar desde las tribunas, otras deben callar dentro y fuera de ella. A Sanchez eso nunca le resultó un impedimento: no le importa lo que la sociedad espera de ella. Tal vez esa misma sociedad la hubiera querido desde chica más cerca de las muñecas, antes que las pelotas de fútbol. Pero eso no fue así. Y acá está.
Hoy es la cara visible de una de las luchas que visibilizan la falta de igualdad de género. Tiene muchas cosas que decir y sabe que detrás de ella está el mejor equipo de su historia: las mujeres y sus voces.

“Tenemos los mismos derechos de ser tomadas como trabajadoras y de poder vivir dignamente de lo que queremos”, sostiene. Y finaliza: “Es hora de que se pongan en nuestro lugar y entiendan que esto es un trabajo para nosotras”.