2019-03-01T10:28:38-03:00

Por: Bárbara Simeoni

En el 2018, el colectivo de mujeres logró instalar en agenda el debate sobre el aborto legal, seguro y gratuito. Finalmente, se desmitificaban ciertos tabúes que se instalaron en torno a este en la sociedad y se informaba bajo qué causales se podía abortar: violación y en caso de riesgo de salud para la madre.

Sin embargo, en 2019 no cambió absolutamente nada. De hecho, se retrocedió en materia de derechos. Ya van dos casos públicos de niñas que presentan un embarazo producto de una violación contemplado en la legalidad que nos rige desde 1921. El Estado, en estos casos, no ha hecho otra cosa que ensañárselas para dilatar una posible interrupción del embarazo, pese a que la voluntad de hacerlo sea expresa por parte de la niña, su madre, padre o tutor.

En este contexto, Cecilia Ousset, médica ginecóloga de la provincia de Tucumán, fue la elegida por el vice ministro de Salud de la provincia para realizar un aborto a la nena de 11 años que recurrió al hospital público a las 16 semanas de embarazo pidiendo que así sea. Ella habló con TKM sobre lo que ocurrió en su provincia que tomó estado nacional e internacional.

Te citó el vice ministro de salud de la provincia para que interrumpieras el embarazo. ¿Cómo fue esa llamada?

Yo trabajo exclusivamente en el sector privado. Me llamó por recibir amenazas de los organismos de Derechos Humanos.. Me llamó a mí a la mañana, pero como yo soy objetora de conciencia, pensé que se trataba de una Interrupción Voluntaria del Embarazo por vía oral. En ese momento creíamos que era una chica de contextura grande por los dichos de Vigglioco (N. de R.: el titular de salud de Tucumán dijo que la niña pesaba “más de 50 kilos y medía más de 1,50”). En caso de que así sea, lleva 3 días porque puede fallar. Lo iba a hacer mi marido porque yo no lo hago.

Cecilia Ousset: “Nos torturan manteniendo un embarazo” - Imagen

¿Con qué situación te topaste cuando llegaste al hospital?

Eran las 12 de la noche, nos hicieron entrar por una puerta del hospital que me asustó porque había una manifestación de pañuelos celestes afuera. Imaginate que a mi marido lo llaman a las 9 de la noche y ese mismo día dos horas antes ya lo habían amenazado de muerte en el consultorio. Entonces estábamos bastante asustados. Pero cuando llegamos y vimos cómo era la niña… A mí se me aflojaron las piernas. Te juro que creía que me caía al piso. Todo lo que se había dicho sobre su contextura física era mentira: se trataba de un cuerpo infantil. Incluso, me hizo acordar al cuerpito de mi hija, que tiene 10 años. Fue como si se lo hubiesen hecho a ella. Estaba jugando en la mesita en la que te sirven la comida con sus muñecas y juguetes, acompañada por la mamá. Cuando nos ve entrar a nosotros la agarra a la mamá del brazo asustada. Ahí la mamá le dice: “Estos son los que te vienen a solucionar el problema”. Ahí le empiezo a hablar para calmarla, aclarándole que mi marido iba a hacer el trabajo, pero parecía que se ponía muy mal cuando hay varones, me dio esa sensación. Ahí descubrimos que debíamos darle una anestesia en la espalda porque era vía alta y no vaginal. No podía pasar un día más.

 ¿Cuál era exactamente el cuadro físico y emocional que los llevó a decidir realizar una cesárea?

Cuando llegamos al quirófano, se declararon objetores de conciencia la instrumentadora, la anestesista y la enfermera. Fue la jefa de obstetricia y ginecología del hospital la que nos guiaba por los pasillos porque no sabíamos ni dónde quedaba el quirófano ni nada. Tuvo que venir una anestesista de otro hospital que no sabía dónde estaban las cosas tampoco, tuvo que ser guiada por el anestesista del lugar. Entonces quedamos únicamente mi marido, el psiquiatra, la mamá, la niña y yo. El psiquiatra, en ese contexto, no podía hacer mucho. La nena tenía mucho miedo, incluso miedo a las agujas, y la mamá estaba intentando mantenerse firme.
Después de que le hacemos la anestesia raquídea, no quería que le saquen su ropa interior. Así que la duerme el anestesista y ahí es cuando vemos su presión arterial: 170/120. Menos mal que hemos operado porque era algo que se tenía que solucionar urgente.

¿En ese momento qué sentiste?

Sentí que sacándole el embarazo se iba a solucionar porque así es como se soluciona, se termina el embarazo. La hipertensión inducida por el embarazo se produce por una reacción tóxica que tiene la placenta para la mujer, entonces cuando vos sacás la placenta se termina el riesgo, empieza a bajar progresivamente.

Con esa hipertensión, ¿era viable un embarazo de 9 meses?

De ninguna manera. Incluso el estado psíquico de la pequeña era muy frágil y presentaba el estado físico de un infante. No llegaba a los 9 meses. Nosotros fuimos a solucionar un embarazo que prolongó el sistema provincial de salud desde que tuvo contacto con la nena. Imaginate que está internada desde el 1 de febrero en el hospital.

¿Qué sucedió después?

La neonatóloga nos dijo que si el bebé salía con vida, iba a hacer todo lo posible para reanimarlo. Nosotros dispusimos la placenta y el cordón para hacer el ADN por pedido de la madre. Estamos hablando de un calvario, de un maltrato a la niña, de obligarla a gestar hasta las 23 semanas, a abandonarnos a nosotros en el quirófano… Todos nos miraban como si fuéramos asesinos seriales.
Cuando ella se despierta se la veía aliviada, aunque seguía sollozando, algo asustada. La mamá nos agradecía y nos besaba a los dos.

¿Y qué pasó con ustedes?

A la salida del quirófano nos encontramos con un agente del ministerio público fiscal que nos tomó los datos a los dos porque la fiscal (N. de R: se refiere a Giannoni, a cargo de la Fiscalía Especializada en Homicidios) actuó de oficio para que no se le haga la interrupción legal. Hoy me entero que puede existir la posibilidad de que me inicien una causa por “intento de aborto”, dando a entender que a nosotros nos salió mal, nombrando una carátula que no existe cuando ellos son los que están faltando a la ley, no nosotros. Los únicos que estábamos haciendo ahí lo que la ley exigía éramos nosotros dos y el anestesista. Todo el resto, lo contrario.

El después del aborto a la menor

¿Recibieron amenazas?

Todo el tiempo. Tenía el Facebook estallado desde que llegué del hospital: todo lleno de amenazas de muerte, pero se notaban que eran trolls. A mi marido directamente lo llamaron por teléfono: fue antes de que supiera que nos iban a citar. Es decir, había personas que lo sabían antes que nosotros. Se dijo que lo hacíamos por plata pero no lo hicimos por eso, jamás terciarizaron el servicio. Se llegó a decir que habíamos cobrado 50 mil pesos.

¿Y por qué inventan eso? ¿Para difamarlos?

No solamente difamándonos sino también que tengan miedo otros médicos: el escrache público para que ningún otro médico se atreva a hacer una cosa así.

¿Por qué crees que el gobierno Tucumán pudo ir contra la ley?

El gobierno de Tucumán se metió en este tema. Incluso, no fue la paciente atendida por el equipo de salud del hospital, fue atendida por funcionarios, no por profesionales. Pensá que incluso el arzobispo se metió para ponerle un nombre al recién nacido. Incluso dijo públicamente el nombre verdadero de la nena, lo dijo para que rezaran por ella con su nombre real. Es más, el psiquiatra es funcionario del sistema de salud. Nunca fue atendida por una persona que pueda ser un poco más objetiva o que le plantee otra posibilidad.

¿Qué mensaje darías a los que están leyendo?

Que hemos cumplido con nuestro saber y nuestra conciencia, hemos complido con nosotros, con esta nena, con nuestro juramento, con las leyes y con nuestros hijos y las futuras generaciones. Muchos me preguntaron si me iría de Tucumán y la realidad es que creo que lo mejor es abrir mentes y corazones desde adentro. Con esto algunos ministerios del norte se van a cuidar. Muchos le temen a los organismos de derechos humanos. Y que el sentimiento verdadero de sororidad es lo que trasciende todo lo que puedan hacer los que no quieren que este derecho se cumpla.

Oussat, a pesar de recibir amenazas constantes, le interesa el estado de salud de la más joven. Es que no la pudo ver una vez que terminó la intervención: “La tienen oculta. Lo hablamos con los abogados de derechos humanos que nosotros tenemos el derecho de ver el postoperatorio de una intervención nuestra”, cuenta. Todavía está a la espera: “No queremos avasallarla tampoco ni traumatizarla más”.

Lo que pasa con los cuerpos de las mujeres y de las mujeres pobres en particular es alarmante. Nos torturan manteniendo un embarazo no deseado para luego ponerles nombres propios y rezar por él, como si la violación y el estigma de haber sido violada por una relación intrafamiliar no fuera suficientemente traumático.

Cecilia piensa igual: “Es como que el Estado se cree dueño de los cuerpos de los pobres y de poder manipularlos como sea”, afirma. Y finaliza: “Yo estoy asqueada y agotada”.