2018-10-22T15:35:14-03:00

Por: Nuria Pacheco

Son muchos los factores que influyeron en que hoy a nivel social se discutan diferentes temáticas que durante décadas no fueron cuestionadas. En el presente, quizás con un último gran impulso propiciado por el debate de la legalización del aborto, el feminismo tiene un lugar preponderante y un gran porcentaje de personas, al menos, se replantean ciertas estructuras.

Afortunadamente, no es noticia para nadie que existe una gran desigualdad en todos los ámbitos entre hombres y mujeres. Hoy por hoy, el hombre que permanece ajeno a esa inequidad es porque está demasiado cómodo en sus privilegios. Sin embargo, existen muchos otros que no quieren pertenecer a esa lógica de opresión.

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Como el sociólogo Jorge Elbaum explicó en la charla TEDx Feminismo y nuevas masculinidades, en un presente como en el que vivimos es menester más feminismo para construir la igualdad y desaprender la lógica que tenemos incorporada. Y en este camino, muchos hombres conscientes de la desigualdad construyen otras formas de masculinidad que intentan no producir ni reproducir el orden opresivo.

En esta misma línea, el sociólogo explicó que son muchos los lugares de inferiorización de la mujer: la educación, el lenguaje, la publicidad, la sexualidad, el trabajo y la economía, la pareja, la ciudadanía y la salud reproductiva, y que más allá de lo estructural existen muchos micromachismos que los sostienen.

¿Ser caballero es machista? - Imagen

La masculinidad es un formato histórico y cultural y, por ende, construir nuevas masculinidades significa un proceso. Pero, dice el sociólogo, los nuevos varones ganan per sé en la búsqueda de un formato que no necesita ser proveedor ni garantizador de nada, ni necesita dejar de llorar o demostrar sus vulnerabilidades.

Ahora bien, ¿ser caballero es ser machista? En principio comenzamos por preguntarnos a qué asociamos la idea de caballerosidad. “Tiene que ver con una idea de masculinidad hegemónica, en donde esa masculinidad debe responder a una serie de comportamientos que están asociados al género biológico, en donde se interpretan las dinámicas de las relaciones de maneras binomiales, dentro de lo que es la categoría de género biológico es decir, hombre-mujer”, explicó la politóloga María Florencia Freijo.

“A esas dos categorías se le atribuyen comportamientos performáticos: una serie de comportamientos, actitudes, maneras de vestir y cuestiones de la cultura que, obviamente, llevan la impronta de cada cultura”, continuó Freijo y agregó: “La masculinidad en una sociedad patriarcal es hegemónica en todas las culturas, más allá de las diferencias que existan entre cada una. La caballerosidad es este estereotipo de cómo tiene que ser el comportamiento de un hombre hacia una mujer”.

¿Ser caballero es machista? - Imagen 1

Cuando hablamos de caballerosidad encontramos ciertos puntos que están relacionados con micromachismos y con violencia de género. “Esto fue cambiando a lo largo del tiempo, pero antes se consideraba que el hombre tenía que aleccionar a la mujer y hasta hace muy pocos años no era un delito en el ámbito intrafamiliar pegarle”, dijo la especialista.

“Los micromachismos son aquellas cuestiones aprehendidas, aquellos comportamientos que tenemos que muchas veces están disfrazados de este deber ser performático que nos ha propuesto la cultura de una masculinidad hegemónica”, explicó Freijo. En otras palabras, un micromachismo supone una situación de desigualdad que quizás no es explícita o genera dudas, pero responde a un estereotipo de esta masculinidad.

Podríamos mencionar diferentes ejemplos, como la tendencia de los hombres a sentarse con las piernas muy abiertas en los asientos de los transportes públicos o, como bien narraba Elbaum en la charla mencionada, el momento de la reunión familiar en que hombres y mujeres se dividen en espacios diferentes para que los hombres hablen de los “temas importantes”. Otra situación muy común, es la del hombre permitiendo que la mujer pase primero en cualquier circunstancia o la de adelantarse para abrirle la puerta o correrle la silla.

Cortar de raíz estas conductas significa, de alguna forma, replantear una estructura mucho mayor, que es en definitiva terminar con el patriarcado. “Desentramar las situaciones cotidianas es básicamente romper la cultura. La pregunta que nos estamos haciendo en realidad es como resquebrajar la cultura, en los actos mínimos y en los actos máximos. Yo creo que esa es la pregunta final”, expresó la politóloga.

“Creo que cuando algo nos hace ruido está bien plantearlo, está bien ponerlo en discusión, revisarlo”, continuó Freijo y agregó: “Hoy hay una cultura de la revisión y, por sobre todo, en algunos espacios se está permitiendo la voz de las mujeres diciendo: ‘Me estás mansplaineando’, ‘Yo no te pregunté nada'”.

¿Ser caballero es machista? - Imagen 2

Además, Freijo expresó que esta actitud de revisión está muy bien porque hay algunas cuestiones que no responden a micromachismos, si no que son “bastante jodidas de por sí”, como la violencia laboral. “El pedirle siempre a las mujeres el cafecito en una reunión, cuando tienen el mismo puesto laboral o más títulos que el otro compañero”, explicó Florencia y agregó: “Hay cambios a nivel de la legislación laboral que también ayudan, me parece que hay que acompañar desde un montón de sentidos el cambio”.

Por otro lado, las chicas jóvenes son, sin lugar a dudas, los factores de cambio dentro del ámbito familiar. “Son las que están poniendo las tildes. Las que dicen: ‘Mirá, yo me cansé de poner la mesa y que a mi hermano no se le exija lo mismo’. Son los mismos que exigen Educación Sexual Integral en los colegios, todas esas cosas van rompiendo, van resquebrajando la cultura. Ni hablar de las luchas colectivas y la construcción del sentido que estamos haciendo desde los medios de comunicación y la toma del espacio público”, sintetizó Freijo.

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