2018-09-12T17:33:53-03:00

Por Fer García Arroyo

El proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo puso a la vista una problemática de la que nadie hablaba hasta hace unos meses. Mujeres mueren día a día a causa de abortos clandestinos.

A raíz del debate en el Congreso de la Nación, cientos de mujeres se animaron a contar sus historias, a desestigmatizar sus experiencias, a compartirlas con otras mujeres y entender que no estaban solas.

Diputados y Senadores debatieron el proyecto durante meses. Los argumentos fueron escuchados por la sociedad con mucha atención, de un lado y del otro. Y siempre, las mujeres pobres como el eje más fuerte. Pero no eran ellas quienes hablaban, a ellas no le dieron los espacios para ser escuchadas.

El 8 de agosto se rechazó el proyecto y ya no se habla de ellas en los medios hegemónicos. Pasaron los días y la agenda periodística siguió su curso.

Ahí entra en juego La Poderosa, un movimiento del cual ellas forman parte. Desde hace 14 años, junto a cientos de vecinos de los barrios populares de Argentina y América del Sur, trabajan todos los días para tratar problemáticas que los atraviesan a todos ellos.

Aborto en la pobreza: “Somos lo clandestino que no quieren ver, son las pibas de nuestros barrios las que mueren” - Imagen

“Nace un poco para romper esa matriz, esa idea de la beneficencia y caridad entendida como un acto unilateral, como una contestación a los procesos de supuesto empoderamiento”, explicaron desde el Frente de Géneros de La Poderosa.

El fútbol mixto en el barrio Zavaleta fue el gran comienzo. Las pibas querían jugar, pero no le pasaban la pelota, entonces dejaban de ir. “La liga que estábamos jugando era de equipos mixtos. ¿Entonces por qué las compañeras no venían y por qué no le pasaban la pelota? En esta discusión se llegó a que el gol de la mujer valía doble, que fue propuesto por una de ellas. Y era una discusión. ¿Por qué tenía que valer doble? Lo que pasó fue que empezaron a entrar más en contacto con la pelota”, continuaron relatando.

Así, las pibas se empoderaron al punto de consensuar entonces los goles valieran lo mismo, sin distinción del sexo. “Así como ese proceso, se fueron dando un montón. Y cuando nos dimos cuenta, se habían formado asambleas, un espacio que va más allá del juego”, aseguraron.

Y tras mucho trabajo, en la Villa 31 se abrió la Casa de la Mujer, con Joana Ybarrola a la cabeza. Ahí ellas se encuentran, se escuchan, aprenden y proyectan. Hoy ellas tienen un espacio en el que discuten cosas que antes no discutían.

Aborto en la pobreza: “Somos lo clandestino que no quieren ver, son las pibas de nuestros barrios las que mueren” - Imagen 1

Fue así como el debate por la legalización del aborto llegó a la Casa de la Mujer. “Intentamos que la coyuntura no nos corra. Primero, teníamos otras cosas que saldar urgente, como por ejemplo, compañeras que sufren violencia de género y necesitan un laburo para irse de sus casas”, relató Joana.

“Pero a nosotras nos corre el barrio también. Decir aborto en el barrio era mala palabra. Porque a nosotras nos inculcaron que eso estaba mal, que sos una mujer mala, una mala madre y todas esas barbaridades”, agregó.

De esta forma, empezaron las mateadas en la Casa de la Mujer y se fue generando el espacio para la discusión. A través de charlas y de mucha información y aprendizaje, se fue llegando a un consenso.

 

“Las compañeras que tenían posturas personales terminaron diciendo que cada mujer tiene el derecho de decidir sobre su propio cuerpo. Que estas compañeras corran su opinión personal y que piensen desde lo colectivo, es gigante. Porque estas compañeras no quieren ninguna piba más muerta en el barrio, porque las que se mueren son las pobres, somos nosotras”, observó Joana.

Esta experiencia en la Casa de la Mujer se extendió a todas las asambleas. “Hace muchos años era muy difícil hablar del tema del aborto. Había un imaginario muy clavado en el territorio al respecto, a la mirada de la Iglesia en particular, postura que muchos recogieron”, dijeron desde el Frente de Géneros.

Sin embargo, en sus asambleas comenzó a circular más información, otras experiencias y otras realidades. “Hubo una necesidad de escucharnos y eso fue permitiendo comprender una posición distinta e ir avanzando. Lo que no queremos nosotros es vecinas muertas en abortos clandestinos. En esto estamos todas y todos, de acuerdo”, continuaron.

Aborto en la pobreza: “Somos lo clandestino que no quieren ver, son las pibas de nuestros barrios las que mueren” - Imagen 2

Pero para llegar a ese consenso hubo un proceso muy largo. “Muchas compañeras estaban paradas todavía en una posición muy radical y, aún aceptando la discusión, no creían que esa tenía que ser una de nuestras máximas. Pero esa lucha que venía sucediendo por afuera en las calles, también terminó traxionando el último tramo de ese debate interno que teníamos en nuestras asambleas”, explicaron.

Y agregaron: “Entendíamos que nuestras diferencias podían seguir como estaban, pero lo que se estaba discutiendo ahora era que iba a pasar con todas y cada una mientras tanto. ¿Mientras tanto qué? Mientras tanto no queremos más vecinas muertas en abortos clandestinos”.

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Joana todavía recuerda el 8 de agosto con mucho dolor. “Tenía el ovario al plato de tanto escuchar ‘de las pobres, que las pobres’… Somos sobrevivientes de lo clandestino nosotras, un montón de compañeras podemos hablar y dar entrevistas porque tuvimos la suerte de no morirnos. Somos lo clandestino que no quieren ver, sólo que sobrevivimos. Son las pibas de nuestros barrios las que se mueren. Es real que las pobres abortamos”.

Sin embargo, no pierde las esperanzas: “La oleada verde afuera, llena de adolescentes, no la para nadie. Las nuevas generaciones van a romper con todo lo estructurado, romper con el orden establecido. Y me parece genial. Nosotros somos los que estamos armando ese camino. Después ellos van a tener ese camino para romper con todo”.

Lo mismo opinan desde el Frente de Géneros: “Muy lejos de haberse desmoronado la ley, sentimos que se va a profundizar y potenciar a medida que vaya corriendo el tiempo y la voz de estas compañeritas de 13 años, que ya votaron, que salieron a la calle, que nos hicieron pensar”.

Socorrer en la pobreza

A ella la conocen como la Negra Albornoz, es vecina del barrio Chalet y trabajadora en su Centro de Salud, en Santa Fe, y, además, socorrista. “Las socorristas trabajamos precisamente con chicas que quieren realizarse un aborto. Hemos venido trabajando fuertemente en los barrios empobrecidos para que esas mujeres puedan llegar y tener acceso a abortos seguros”, explicó.

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“Llegan mujeres desesperadas. Lo primero que quieren hacer es sacarse rápidamente la duda de cómo lo pueden hacer. Muchas veces esas mujeres no tienen a nadie más disponible para hablar. El aborto a veces se hace secreto, que eso es lo peor. Estar atrapada con una decisión semejante y no poder contarle a nadie ni preguntar cómo puede ser, es realmente un alivio cuando encuentran una línea que les da esa ayuda”, contó.

El trabajo de las socorristas no termina ahí. Son ellas quienes consiguen los turnos para los abortos seguros, en sitios que saben que actúan bien. Luego, cierran el acompañamiento con una ecografía. “Algunas son derivadas a una psicóloga o psicólogo para brindarles un mayor apoyo porque hay muchas mujeres que han sido violadas y no quieren o no se animan a contarlo”, agregó.

Por su trabajo, la Negra siguió muy de cerca el debate en el Congreso por la legalización del aborto. “Hemos escuchado discursos muy atrasados para una sociedad que avanza de otra manera. Esta ola feminista viene a traer otros aires y replantearse todo”, reflexionó.

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En este sentido, agregó: “Se hizo cuerpo, se hizo carne esa lucha. Hay un gran nivel de consciencia, sobre todo de las más chicas. Esta nueva generación tiene muchísima fuerza. Ya se plantan con su pañuelo, que es un símbolo muy fuerte de rebeldía. Que estas pibas hayan marchado y que se haya hecho semejante movilización en la calle es histórico, aun sabiendo que se perdía. Y las pibas más jóvenes son las protagonistas indiscutibles de esta historia”.

“El aborto va a seguir existiendo. Lo dejamos en un estado clandestino o lo legalizamos. Somos nosotras las que morimos, las más empobrecidas. Entonces, o seguimos en un estado de hipocrecía en la que las mujeres abortan igual y en situaciones inseguras, o entendemos que la sociedad cambió y necesitamos que las mujeres puedan decidir de forma segura”, concluyó.