2018-08-21T17:42:33-03:00

Por: Bárbara Simeoni

“Por favor, no me dejen sola. La Justicia me tiene que escuchar”, pide Camila, de 16 años en un video que se viralizó en Facebook y en Twitter. Al borde del llanto, nombra uno por uno a los fiscales a cargo de su causa: abuso sexual agravante, durante 3 años, de la ex pareja de su abuela. Lo único que quiere es que la escuchen.

Camila tenía 8 años cuando comenzó a vivir con su abuela, Blanca, y la pareja de ella, Anulfo Escobar Castillo. Fue una decisión que tomó la mamá, tras conseguir un trabajo en Capital, lejos de Adrogué. Era un gran avance en la familia: hasta entonces, su madre no tenía ni plata ni dinero. Quedarse a cargo de su abuela era darle paz a una situación movilizante para toda la familia. “Él era muy bueno conmigo. Se había transformado en mi papá. Convivir con él era tener un trato cordial”, cuenta, con la voz entrecortada.

VER MÁS: Una chica con parálisis cerebral dio a luz en Córdoba y detuvieron al hermano por abuso

VIDEO RELACIONADO: abuso sexual

Sin embargo, súbitamente ese trato empezó a ser diferente, con episodios de abuso que fueron acrecentándose: “Todo cambió después del primer manoseo. Ahí se me vino el mundo abajo”, define. “Después me practicaba sexo oral, me pedía que yo se lo practicara a él, me besaba, me metía los dedos”, cuenta, sobre el calvario que vivió de los 8 a los 11 años. 3 años que parecieron una eternidad. 3 años en los que Escobar Castillo esperaba a que su abuela se ausentara por unos segundos, para que no se enterara.

Camila, abusada por el novio de su abuela desde los 8: “Tuvo que prenderla fuego a ella para que me creyeran” - Imagen
Foto: Página 12- Jose Nico

“Siempre eran en la casa de mi abuela. Trataba de evitar situaciones de encuentro con ella, así podía aprovechar cada minuto”, cuenta. De ese modo, para mantener una situación delictiva bajo el anonimato, la amenazaba. “Me decía que iba a matar a mi abuela si yo hablaba. Eran constantes las amenazas. Obviamente, preferí callarlo y no decir nada. Tenía 8 años”.

Mirando hacia atrás, Camila cree que Escobar Castillo se intentó aprovechar de su vulnerabilidad: había vivido, a los 6 años, un abuso “leve”, como ella misma lo llama. “En ese caso era la pareja de mi mamá. Fui a hacer la denuncia con ella, pero no me dieron bola. Al poco tiempo de ponerlo preso, lo soltaron. Para mí, él creyó que estaba vulnerable y que no iba a decir nada. Que no me iban a dar bola nuevamente”, cuenta.

2 de febrero del 2017

Esa es la fecha que Camila lanza ni bien surge la palabra “decirlo”. Con la necesidad de hablar, fue ese el día en el que Camila largó todo lo que tenía adentro, por primera vez después de tantos años. Por eso el 2 de febrero del 2017 es una fecha imborrable, sobre cualquier otra. “Tenía 14 años. Me animé de un día para el otro y dije: ‘Bueno, ya está’. No soportaba más guardarlo y se lo conté a mi mamá”, detalla. A los pocos minutos, fueron juntas a la Comisaría. Una vez más. Allí, le tomaron la denuncia y recibió contención de parte de una psicóloga y una asistente social.

Sin embargo, no fue tan sencillo. Su propio círculo empezó a cuestionarla: “No puede ser, él es una persona de bien. Cómo va a ser posible que sea justo él”, le decían. “Es invento tuyo”. Como suele suceder en los casos de abuso sexual infantil, la primera reacción de la familia es la de negación. Es que, ¿cómo es posible que el tío que tanto queremos es ahora un abusador de los que solemos ver en las noticias?

Para que le crean, tuvo que pasar otro episodio cargado de violencia: un intento de femicidio. “Ahora que prendió fuego a mi abuela todo el mundo me cree y me pide perdón. Después de las cosas horribles que dijeron de mí, hacen como si acá no pasara nada. Me hablan como si nada”.

Intento de femicidio

Cuando Camila hizo la denuncia contra el novio de su abuela, ella seguía conviviendo con él. En una discusión en la que debatían sobre el testimonio de su nieta, él se enojó y la prendió fuego. Es que la abuela no creía en su inocencia. Era 9 de abril del 2018.

“Se enteró más tarde. Y cuando estaban discutiendo sobre ese tema, la prendió fuego”, relata. Gracias a la reconstrucción de los hechos, se supo que Escobar Castillo encendió fuego la casa, tirando nafta y alcohol. Quería lograr dos cosas: borrar pruebas y cumplir lo que prometió en caso de que Camila hablara. Sin embargo, su intento fue fallido: la abuela de Camila sobrevivió e, internada, pudo señalar quién fue el que intentó matarla.

“Tenía el 60% del cuerpo quemado. Después de un mes de internación, logró acusarlo”, cuenta Camila. Su abuela incendiada fue lo que se necesitaba para que le creyeran a Camila. Como si faltara más.

Hoy, Escobar Castillo está detenido en la Unidad Penitenciara 22 de Olmos. Está acusado de intento de femicidio y de abuso sexual agravado. Sin embargo, para Camila fue un largo proceso hasta que se lo investigue como presunto abusador. Primero, se lo detuvo por el intento de femicidio contra su abuela. Bastó con que haga un video en las redes sociales expresando su dolor para que recibiera apoyo del Estado, y, por supuesto, custodia policial.

“El hermano quería entrar a casa hace unos meses, enojado. Decía que si mi abuela era tan ‘guapa’ para aparecer en la tele, que entonces le de explicaciones a él. Y dijo que la iba a hacer mierda”, cuenta. “Las amenazas de su familia eran constantes, pero por el video me protegieron”.

En ese mismo video denuncia el mal accionar de los fiscales, llamados Dra. María Delia Recalde, Mariano Leguiza Capristo y María Elizabeth Borneo. Y en conversación exclusiva con TKM, tiene palabras para ellos: “Les diría que trabajen. Que hagan lo que tienen que hacer. Hay un montón de chicas que no tienen requisitos económicos que ellos piden, como los honorarios. Mi mamá no trabaja, no puede pagarlo y por eso no me citaban”, cuenta.

Pese a ello, es clara en su mensaje. Sabe que su abuela y ella están atravesadas por la misma historia. Pero no son las únicas. En un país en el que una mujer muere cada 18 horas, Camila siente el deber de hablarle a esas otras: “Cuesta un montón de tiempo decirlo. Un montón. Pero mi consejo es que por más que la Justicia no se mueva, que ella sí lo haga. Porque las chicas pobres y vulnerables son las que están siendo olvidadas por la Justicia. Y contra eso, lo que queda es no callar”.