2018-07-08T20:53:10-03:00

Por: Bárbara Simeoni

Cristal Biagioni tiene convicciones muy fuertes. Dice lo que piensa sin titubear y atribuye parte de esa seguridad a su padre, quien la apoyó en todo momento. Su vida no ha sido fácil. Sin embargo, eso no le impide hablar: usa su historia de vida como el mejor arma para hacerle frente a un debate que afloró en nuestro país con fuerza este año, el de la legalización del aborto. Y lo hace con la certeza de quien tiene conocimiento de causa.

Sufrió una violación a los 16 años y abortó: “No lo sentía como mi hijo” - Imagen

No importó la educación sexual que su colegio intentaba darle. Tampoco la que recibía en su casa a través de una familia en la que el sexo no era tabú. Lo que hizo Cristal a los 16 años fue gozar de la libertad que todos los chicos adolescentes tienen: la de ir a bailar, la de divertirse.

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“¿Por qué fuiste a ese lugar, qué hiciste?”, eran algunas de las preguntas que Cristal se hacía a diario. Tenía 16 años y había sido violada. La culpa fue el primer sentimiento que apareció en una sociedad que suele depositar toda la responsabilidad en la mujer: “Me culpé porque era muy chica. Había salido a un boliche, no sé que le pusieron a mi bebida y me desperté al otro día en la casa de alguien llena de sangre. Tuve años de terapia, pero lo primero que te pasa es culparte cuando sufrís un abuso. Es un tiempo hasta que una lo acepta“, cuenta.

6 años tardó Cristal en contarles a sus allegados por qué había quedado embarazada. En el mientras tanto, es algo que se guardó para ella. “Cuando me di cuenta que el embarazo era producto del abuso que no le había contado a mis padres, decidí mantenerlo así. Es muy difícil entender lo que es un abuso, entender que lo que te pasó definitivamente trajo una consecuencia“, cuenta. En su familia la respuesta fue de acompañamiento y apoyo, algo que Cristal reconoce como crucial en esas situaciones: “Nadie me juzgó. Mi papá me acompañó y ni siquiera me preguntó cómo había pasado. Fue más bien: ‘Cuando vos creas que podés hablar sobre esto, lo vas a hacer. Yo solo te acompaño’. Recién pude relatar literalmente el abuso que sufrí 6 años después”.

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Sufrió una violación a los 16 años y abortó: “No lo sentía como mi hijo” - Imagen 1

Cuando se enteró que estaba embarazada, primero sintió odio y rabia. Después, pensó en la historia de vida de su mamá, que parecía volverse a repetir: su madre a los 16 años quedó embarazada producto de un abuso. Pero, como ella misma recalca, “la diferencia es que mamá no pudo decidir”. Cristal sabía una sola cosa: que no quería continuar con el embarazo. Y así fue. “No quería tenerlo. No lo sentía mi hijo, para mí era algo que tenía que interrumpir. No lo veía como un hijo ni como un bebé, sino todo lo contrario. Sabía que tenía que moverme rápido porque me estaba pasando lo que le había pasado a mamá y las consecuencias eran lo que vivió mi mamá desde los 16 años. Sabía exactamente lo que yo no quería que me pase”, cuenta.

En Argentina, la interrupción voluntaria del embarazo es legal en casos de violación. Sin embargo, Cristal quería agilizar el proceso. Desconfiaba de las instancias judiciales que ponían en duda la palabra de la mujer, ya que no quería que su pedido se vea entorpecido: “No conté durante 6 años el porqué me embaracé, mucho menos quería pasar por una instancia policial de denunciar y tener que justificar mi decisión. No quería depender de un juez. Sentía que era algo que tenía que hacer rápido, que cuanto más tiempo pasaba era peor”, define. “Los procesos judiciales son tan largos que hasta que te aprueban tu pedido tenés un embarazo de 20 semanas y ahí ya no es legal. Era medianamente consciente para entender los procesos de este país”.

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Así fue como su padre le alcanzó toda la información posible para que accediera a un aborto. Cristal recuerda que estaba de seis semanas y que, gracias a él, decidir fue más fácil: “Una semana antes fui a la ginecóloga, que era la misma que me iba a practicar el aborto. Tuve la suerte de que no me hicieran ecografías ni nada por el estilo. Sí me explicó cómo iba a ser la intervención, me hizo un tacto, me dijo de cuántas semanas estaba… Y me explicó: ‘Te vamos a dormir, vas a estar en esta camilla. Si antes de que yo te duerma te arrepentís, me lo decís y lo frenamos‘”, detalla, sobre los dichos de la médica. Y recuerda que le transmitió mucha tranquilidad: “Me dio la fecha para ir, pero también me dio tiempo para pensarlo”.

Pero esa semana, de alguna manera, se volvió eterna. Cristal seguía yendo al colegio, y no a cualquier colegio, sino uno católico. “En el colegio no sabían por lo que yo había atravesado. Tenemos educación sexual, sí, pero no integral, que te enseñaban cómo cuidarte. Te decían que podías tener relaciones únicamente cuando te casaras y que si abortabas eras una criminal”, recuerda. “Cuando aborté, estaba en primer año del polimodal. Iba a un colegio en el que los últimos tres años se ponían muy intensos con el tema del aborto, con talleres que nos criminalizaban. Iba a clases, veía eso y por dentro pensaba: ‘Yo el lunes tengo que ir a hacerme un aborto'”. Sin embargo, pese a que su círculo escolar parecía avalar esa forma de pensar, vivió todo el proceso con tranquilidad: “Estaba tan convencida y tranquila, que lo atravesé de una manera muy sana. Sabía que era lo que tenía que hacer: eso no era mi hijo, yo no lo veía como que estaba matando a un bebé, como nos quieren imponer algunas agrupaciones. Estuve muy acompañada y la decisión ya estaba tomada”.

Cristal es consciente de que pudo atravesar ese proceso gracias a la ayuda económica de sus padres. Una realidad que no muchas viven por pertenecer a clases sociales más vulnerables y marginadas: “Pude hacerlo en tranquilidad porque estaba en una posición económica en la que mis papás podían acceder a una buena clínica. Sobreviví a un embarazo clandestino gracias a mi familia”, cuenta. Y todavía recuerda cuánto fue que le salió, en el año 2009: “Mi papá pagó $2500. Me lo acuerdo nítidamente, porque, luego de pagar, me regaló $2500 para que me guardara cuando realmente quisiera tener un hijo. Y, de hecho, lo guardé en una cajita y eso hice: la usé para comprarle cosas a mi primer hijo”, cuenta, emocionada.

Fue mamá por primera vez a los 20 años. Si bien no fue un embarazo buscado, Cristal vivió la gestación con mucho amor. “Esta vez no se trataba de un embarazo producto de un abuso. Quedé embarazada de una persona que yo amaba, con quien ya no estaba en pareja. De hecho, me enteré recién a las 16 semanas porque empecé con pérdidas. Tomaba pastillas anticonceptivas y pensé que tenía un fibroma, por lo que me hice una ecografía. Ahí me confirmaron la noticia”, cuenta.

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Su testimonio viene un poco a negar el argumento de quienes justifican los embarazos no deseados con el “no se saben cuidar”. Cristal tiene en claro que ningún método anticonceptivo es 100% efectivo: “Tuve educación sexual. Tomaba pastillas anticonceptivas de manera correcta. Pero lo cierto es que los ginecólogos deberían hacerte un examen hormonal y de sangre, no darte cualquier cosa. Y hacerte un seguimiento”, define. Sin embargo, al enterarse del embarazo su reacción fue muy distinta: “Cuando me enteré que estaba embarazada de León trabajaba y estudiaba. Sabía perfectamente que podía mantener a un hijo y así fue. Contaba con todo el apoyo de mis papás. La familia se lo toma de manera diferente cuando es un embarazo deseado, porque saben que vos lo quisiste”.

Fue mamá soltera los primeros 6 meses, días que recuerda como algo “difíciles”. “Pasé todo el embarazo sola, lo tuve sola. Es muy difícil ser mamá soltera en este país, la sociedad argentina no te ve muy bien. Fui a los estudios sola y te miran mal, creen que te embarazaste a propósito, para cobrar algún plan. Pero la realidad es que yo estudiaba y trabajaba”, cuenta.

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Su historia de vida le sirvió para hablar sobre la posibilidad de decidir: “La maternidad es algo importante, pero cuánto más importante es decidir. Ser mamá es una responsabilidad muy grande, va a ser la persona más importante de tu vida. ¿Cómo vas a obligar a alguien a atravesar la maternidad de una manera forzada? ¿Y a una niña o adolescente que no está preparada para vivir una experiencia tan difícil?“, se pregunta.

A los 23 años, Cristal volvió a decidir ser madre. Sin embargo, el bebé falleció un día después de nacer. Muchos asociaron, en un intento malintencionado, su lucha por la legalización del aborto con este hecho en su vida. Para ella, no hay relación alguna: “Hay gente que me dice: ‘A vos se te murió un hijo, ¿no lo lloraste? ¿Por qué querés que se mueran los hijos de los otros?’. Es una comparación hipócrita. Benjamín se murió en condiciones horribles, de mala atención de la clínica y es algo que me va a doler toda la vida, como toda muerte de un hijo. Pero no es lo mismo: no es lo mismo un hijo deseado, amado y esperado con un embarazo no deseado”, explica. “Una persona embarazada pierde un embarazo de 8 semanas y lo puede llegar a sufrir lo que yo sufrí perder a Benjamín, pero porque ella proyectó en ese embarazo. Nosotros proyectamos en nuestros embarazos los deseos de maternar o no, que son propios. Nos quieren obligar a mí y a todas a tener forzosamente hijos, pero cuando no es deseado, no lo es“.

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Cristal está segura de lo que piensa. Siempre fue dueña de sus decisiones. Por eso no entiende por qué molesta tanto la libertad en las mujeres: “Molesta que decidamos, que podamos formar una opinión, que tengamos una posición, que nos impongamos ante algo. Es algo muy difícil para las personas que están malacostumbradas a tenernos a las mujeres como sumisas, como cumplidoras de órdenes. Hoy en día eso ya cambió, está cambiando. Nos estamos visibilizando”, finaliza. Ella es parte del motor de lucha que insta a otras mujeres a hablar, a mostrarse, a decidir. En definitiva, a ser libres.