2018-04-26T10:45:44-03:00

Por las periodistas Betania Núñez y Mariana Cianelli, para TKM

Originalmente publicado en el semanario uruguayo Brecha, el 16 de marzo de 2018.

Los centros anti-aborto también operan en Uruguay con métodos poco transparentes - Imagen
Foto: Leónidas Martínez

Nota del editor: 

Deste TKM, la semana pasada publicamos un artículo sobre un centro anti-aborto, ubicado en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, que invita a mujeres con embarazos no deseados para convencerlas de no interrumpir su gestación. Recurren a un video sangriento, a un libro de fuentes dudosas y un repertorio de dichos de sentido común y de origen religioso para disuadir a mujeres jóvenes, migrantes, y de pocos recursos. Contactamos a periodistas uruguayas que emprendieron una investigación similar, en la que rastrean otro centro anti-aborto que ejerce las mismas prácticas. Aquí, la historia. 

“Si una decide quitarle la vida a ese bebé, a ese hijo, una vez que el bebé se abortó empieza el ‘¿qué hice?’, ‘maté a un bebé que abría sus manos, que cerraba sus manos, que le funcionaba su intestino, que su corazón le latía, que tenía sensibilidad’. Eso, guardado en el corazón, adentro tuyo, es una bomba”, dirá Gaby, sin titubear, pero recién sobre el final. Al principio el discurso es ambiguo y la manipulación, sutil.

Son dos mujeres las que desplegarán todas sus estrategias para impedir un aborto, pero ahora recién están tanteando el paño. Del otro lado también lo hacen dos periodistas, que no se identifican como tales, sino como una embarazada y su amiga.

Las cortinas de la sala de espera revelan el cartel de Bienvenidos a Tres Cruces, en un apartamento del primer piso en Goes 2445. En la sala de espera hay dos sillones, unas revistas de moda, un cuadro de Monet, nada que diga nada. La elección de los objetos habla de una intención: no identificarse con una organización, religión o sector político, tampoco anticipar que allí no se realizan abortos. Tan cuidada como imperfecta, se trata de una puesta en escena: hay un escritorio sin recepcionista ni computadora, teléfono, cuaderno o lapicera; hay una lámpara portátil, pero su enchufe no es compatible con el tomacorriente.

Adentro de la pequeña habitación contigua hay una camilla, un ultrasonido, una tele, una mesa y tres sillas. Las dos mujeres permanecen en silencio sentadas detrás del escritorio. Gaby tiene un hablar suave, pausado, lleva su pelo largo recogido por una colita y dobla en edad a Micaela, la joven que está a su lado, que hablará en algunos momentos, pero no liderará el discurso. En la mesa hay un calendario, una caja de pañuelos, dos carpetas y caramelos.

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“Estoy embarazada y no lo puedo tener.” Responden que van a empezar con preguntas básicas: nombre, edad, domicilio, ocupación, teléfono.

—”¿Tu última menstruación?”

—”A mitad de noviembre, creo que el 13″.

—”¿De cuánto pensás que estás?”, dice Gaby, mientras agarra el calendario.

—”De dos meses”.

—”Estamos a 29 (de enero), mañana entrás en las 12 semanas, son tres meses prácticamente. Lo que nos indica acá es la fecha probable de parto, el bebé nacería el 20 de agosto. ¿Pensaste que estabas de menos?”

—”Sí”.

“Nosotros acá tratamos de ayudar a las mamás –porque en realidad son madres desde el momento que tienen un bebé–, a que tomen una decisión realmente consciente e informada, ¿ta? Por ejemplo, viniste pensando que estabas de dos meses y estás de tres. Nosotros tratamos de informar para una decisión libre. Si no, lo que sucede es que después pensás: ‘¿Y por qué yo no me enteré de esto?’, ‘¿y por qué yo no sabía que estaba de tres meses y no de dos?’. ‘Capaz que si hubiera sabido que estaba de tres meses no tomaba esa decisión’, ¿no? Ahora te vamos a pasar un video informativo que ayuda a tomar consciencia de dónde estamos ubicados, en qué etapa estás tú, en qué etapa está el bebé”.

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“¿Embarazo no deseado? No te desesperes. Podemos ayudarte. Llamanos ya. 093 794 132. Absoluta discreción. Consulta gratuita”. El mensaje, estampado en un pegotín de tonos rosados, puede verse en dos paradas y una señal de tránsito en el Centro, por la calle Eduardo Acevedo. Pero en algunos sitios web el mensaje es más explícito: bajo anuncios de venta de misoprostol, artículos periodísticos sobre la despenalización del aborto y diversos foros, donde se habla de los métodos para interrumpir un embarazo, facilitan el número de teléfono o, incluso, publican testimonios falsos y dicen haberse atendido en esa institución.

Un mensaje típico suele ser: “Conozco mujeres embarazadas que no podían seguir con su embarazo. Se atendieron con el equipo de especialistas de [email protected] y quedaron súper conformes. Allí se las comprendió y se respetó su confidencialidad”. En otros, en cambio, llegan más lejos: “Estoy embarazada, pero no lo puedo tener. Me dijeron que los hospitales públicos no son recomendables. No tengo mutualista”, plantea una mujer que pertenece a la organización, mientras otra contesta: “Mi amiga fue al hospital público y sin revisarla le dieron pila de pastillas que casi se desangra en su casa. Las mutualistas tampoco son muy profesionales”.

Al contactarlas por Whatsapp, sin que nadie se los pregunte, alegan ser “una institución sin fines de lucro” que recibe “donaciones de multinacionales”. Luego de un breve intercambio, agendan una cita para cinco días después –“tengo turno para el lunes a las 10 am”– e indican una dirección. Pero un rato antes de la hora pautada, reculan: “Nos ha surgido una atención de urgencia. Debo marcarte otro turno”.

Las preguntas por Whatsapp aumentan: solicitan edad, embarazos previos, fecha de la última menstruación. Ya en el edificio, el timbre proporcionado no existe; hay que comunicarse nuevamente. La puerta la abre Micaela. Más tarde, cuando Gaby se ausente del “consultorio”, Micaela será evasiva sobre el nombre de la organización y el tiempo que llevan realizando ese trabajo, aunque hablará de otras organizaciones “amigas” de las que sí da referencias: Madrinas por la Vida y Ceprodih.

Sin embargo, el modus operandi que despliegan es un calco del de la Red Latinoamericana de Centros de Ayuda para la Mujer (Cams Latinoamérica): el tono ambiguo de los mensajes y la estética de los carteles, la apelación a una situación desesperada, los anuncios en diferentes sitios y páginas web, la aplicación de un formulario, el video antiaborto, la manipulación psicológica, la promesa de ayuda económica, el silencio después.

Además, en su página web, la Red anuncia que tiene sede en Montevideo, así como en diferentes ciudades del continente. Sin embargo, de la única filial que no se proporcionan datos –como dirección, teléfono, días de atención– es la uruguaya. La llegada al país está solapada.

Pero una llamada a México la confirma. Karen, una operadora del callcenter de Cam, no informa los nombres de los referentes, pero brinda el número telefónico de su sede en Montevideo: es el 093 794 132, el mismo de los carteles de Eduardo Acevedo, el publicitado en foros y redes sociales, desde el que se contestaron los mensajes de Whatsapp.

Su objetivo, tal cual lo explicitan en una de sus tantas páginas web, es “ayudar a la mujer embarazada que ha decidido abortar, para que opte libremente por la aceptación de su maternidad, a efectos de proteger y preservar su dignidad”. La Red trabaja “con la finalidad de salvar vidas del aborto en toda América Latina; todo mediante el intercambio de experiencias e información, para consolidar el crecimiento de la Cultura de la Vida”.

Luego de instalarse en decenas de ciudades latinoamericanas (hoy cuentan con 167 centros, algunos de ellos en asociación con otras organizaciones locales), opera en Uruguay, al menos desde 2015. Un documento publicado en el grupo de Facebook “Cam Uruguay” –con 219 miembros, varios de ellos fieles de la Iglesia Católica que colaboraron con su desembarco en el país– establece que el servicio está orientado a mujeres “que tienen la firme intención de abortar. Este apostolado se rige según las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica y promueve la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”.

De hecho, según explicitan, “coordina con instituciones eclesiales, privadas y públicas de las áreas de salud y educación así como con profesionales independientes”. Cam Uruguay se propone “ser la voz del que no tiene voz, la voz del niño por nacer”, además de “rescatar a su mamá y papá, las otras víctimas del aborto”.

***

Micaela pone play. El video informativo que, casualmente, ya tienen preparado, muestra el desarrollo de un feto de tres meses en el útero de una mujer. Una voz masculina, en español neutro, da detalles sobre los movimientos intestinales, el desarrollo de las papilas gustativas, la maduración del rostro. El video no termina, le ponen stop.

“Así va evolucionando, y así está tu bebé. ¿Esto lo sabías tú?”, pregunta la mujer de pelo atado. El discurso, hasta ahora disimulado, recrudece: “A las 12 semanas ya está todo formado. Tiene todo. Permitiste que tuviera esas piernas, esos brazos, ese corazón latiendo, ese intestino funcionando, esos reflejos. Sin saberlo, tú permitiste que ese bebé generara todo lo que generó. O sea, ni sabías pero tú ya estabas siendo mamá”.

Gaby y Micaela acompañan la conversación con fotos y testimonios de madres que querían abortar, pero tuvieron a sus hijos. “¿Y sabés lo que nos dicen? Que no pueden entender cómo habían pensado en abortar. Yo me emociono porque realmente es increíble. Esos bebés que las mamás pensaron en abortar las miran con una expresión de agradecimiento que yo no te puedo trasmitir con palabras. Te puedo decir que es así”, asegura Gaby, que también habla de las mujeres a las que no pudieron disuadir.

Micaela lee: “Hola, sigo como puedo lamentando mi decisión, la verdad no pensé que me arrepentiría. Es muy triste todo, ya no hay vuelta atrás. Lamento no haber podido conectarme con mi bebé, no haberlo escuchado antes, no entiendo qué me pasó y hoy siento que me hace mucha falta, ahora entiendo el trabajo de ustedes y ojalá sigan haciendo lo que hacen porque es muy lindo el mensaje que dan. Gracias por haberme querido ayudar, siento mucho no haber escuchado. Nunca voy a poder perdonármelo. Gracias por acompañarme”.

Como si el mensaje no fuera lo suficientemente claro, Gaby continúa:

Cuando uno toma la decisión errada, eso da insomnio, alteraciones del humor, sentimiento de culpa. Y no porque sea legal o no, ese sentimiento de culpa uno lo ve igual. Está comprobado que el bebé, cuando está dentro del vientre materno, tiene células –alrededor de unas cinco mil– que pasan a la médula ósea de la madre, adentro de los huesos. Vos podés tener a tu hijo o podés decidir abortarlo, pero las células de tu hijo están adentro tuyo. Entonces, fijate si será íntimo ese vínculo con el bebé, con tu bebé, que está adentro de tus huesos. ¿Entendés ese vínculo tan profundo que tienen ustedes dos? Vas a ver a una mamá que tenga un bebé y vas a pensar que tu hijo tendría esa edad. Podés proyectar en el otro y decir: “¿Y si lo hubiera tenido?, ¿y si lo tuviera conmigo?”. Y eso, pensalo en el tiempo, durante toda la vida. Cuando conozcas a alguien que nace el 20 de agosto vas a pensar que en esa fecha podría haber nacido tu bebé. Así como nos decías que viniste acá porque querías un ambiente de privacidad, porque no querías que se supiera, vos después no le vas a estar contando a todo el mundo. Y puede ser que hables con tu amiga pero ella te va a decir, “bueno, ta, tranquilizate, dejalo atrás”. Y va a llegar un momento que no le vas a querer decir nada porque te va a contestar lo mismo. Pero no porque no le digas no lo vas a vivir. Vas a sentir dolor, bronca, enojo, en primer lugar contigo misma, por la decisión tomada, y después con el padre del bebé, con tu madre, aunque no le hayas dicho, con tu amiga, porque no te dijo nada. Son sentimientos que no los vas a poder expresar, y eso guardado deteriora mucho.

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Vida Humana Internacional impulsó la expansión de la Red Latinoamericana de Cam y es de sospechar que, en ese marco, a fines de 2010 realizó su misión en Uruguay. El lobby estuvo comandado por dos de sus autoridades, el padre Juan Carlos Chávez y Mario Rojas; a nivel nacional, quien aparece en todas las fotos que registran la misión es el padre Manuel Pérez, en ese momento vicario de la Pastoral para la Familia de la Arquidiócesis de Montevideo. Durante la visita se reunieron con diputados como Gerardo Amarilla y Pablo Abdala, obispos como los monseñores Alberto Sanguinetti, de Canelones, y Martín Pérez Scremini, de Florida, además de periodistas, monjas y voluntarios, entre los que puede verse a Gaby y a su marido.

Gaby es Gabriela López Ferrari. Su esposo, Víctor Hugo Guerrero. Ambos son secretarios ejecutivos de la Comisión Nacional para la Pastoral Familiar y la Vida de la Iglesia Católica.

El matrimonio López-Guerrero realiza desde hace años una labor pública en nombre de la Conferencia Episcopal del Uruguay, venerada por diferentes autoridades eclesiásticas, como Jaime Fuentes, obispo de Minas e integrante del Opus Dei.

Encomendados por el Consejo Episcopal Latinoamericano y la Iglesia Católica uruguaya, desde sus cargos en la Pastoral Familiar y la Vida, llevan adelante desde 2011 el Proyecto Esperanza. Se trata de un programa aplicado en diferentes países de América Latina para brindar acompañamiento post aborto a “mujeres y hombres que han experimentado la pérdida de un hijo antes de nacer, especialmente por un aborto provocado”. A nivel nacional, la Pastoral estuvo encargada de instrumentar el proyecto y “está a disposición de aquellas personas que atravesaron esta penosa experiencia”, a través de un servicio que “asegura total confidencialidad” y “un acompañamiento pastoral”, según se informa en la página oficial de la Iglesia.

Las vías de comunicación dispuestas son los celulares de Gabriela López y Teresa Rodríguez, presidenta de Madrinas por la Vida, la misma organización que López señaló como uno de los destinos al que acudir para solicitar acompañamiento y apoyo material. Según lo comunican, Madrinas por la Vida surgió en México, “frente a la Guadalupana, protectora de los niños por nacer”, y uno de sus propósitos es, justamente, “ayudar a salvar la vida de los niños no nacidos y desestimular el aborto”.

López aparece hoy como el nexo entre diferentes organizaciones –por ejemplo, la Asociación Esperanza, representante en Uruguay de Vida Humana Internacional– y la Iglesia Católica. Lo que no fue posible determinar es si lo hace mandatada por las políticas nacionales y regionales de la Iglesia o por voluntad propia, aunque las conexiones previas de Vida Humana Internacional sugieren que en la fundación de Cam Uruguay y su operativa influyeron también otras autoridades eclesiásticas. Como en el resto de los países, la reconstrucción de la llegada de estos centros revela una confluencia de diferentes grupos provida y líderes religiosos autóctonos que hacen posible esta misión, encubierta, para predicar fuera de la institucionalidad, contra el aborto.

“El llamado a ayudar”

Para conocer desde cuándo funciona Cam Uruguay y de qué instituciones depende, entrevistamos a Gabriela López: “hablar de Cam Uruguay, como que no existiría mucho. Hay diferentes tipos de lugares de ayuda a las mujeres. Es una red, generalmente va más allá de instituciones. Yo te puedo dar mi ejemplo: en enero tuve una chica viviendo en mi casa, que estaba en situación de calle, y yo me hice cargo de ella con su bebé, y eso es Cam, ¿entendés? Ahora estamos tratando de generar con algunas organizaciones un lugar para situaciones así, para madres que están embarazadas o tuvieron recién familia”.

Sobre la institución a la que responde, sostuvo que “son un montón de personas y no son fijas, son variables. No es algo organizado, no hay una directiva”. “¿Cuál es el objetivo? Ayudar a las mamás embarazadas y a las que tuvieron familia recientemente. Sé lo que vive una mamá cuando pasa por esa experiencia, el dolor que significa. He escuchado muchos casos. He acompañado a mujeres que se han querido suicidar. El tema es que estás matando la vida de tu hijo. Y no importa si es legal o no, eso es algo que te sacude adentro. Vos podés sentir el llamado a ayudar a esas personas o no.”

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