2019-04-09T16:23:55-03:00

Por Virginia Varela 

“Una mujer soltera de 90 años que quiere morir desde que nació”. Así describe su película Iair Said, quien grabó a su tía abuela, Flora, durante 7 años.

Su documental “Flora no es un canto a la vida” fue, para él, un inesperado éxito: está en cartel desde hace tres meses consecutivos en el Malba, a sala llena casi todas las funciones. Mundo TKM habló con él sobre cómo fue proponerse esta tarea de director y protagonista por casi una década.

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¿Qué fue lo que te generó hacer este documental sobre tu tía abuela? 

Cuando me la reencontré, después de muchos años, me pareció magnética como personaje y su manera de ver el mundo, me pareció muy particular y distinto a otras miradas. Me parecía, por ser una persona mayor, tenía mucha vida y estaba muy despierta, en sentido metafórico. Me pareció que había que aprovecharla. Me parece que los viejos, en general, no están muy aprovechados: ni su potencial artístico, pero tampoco el personal. Me parecía un lugar desde donde se podía sacar mucho de aprendizaje, su manera de ver el mundo.


Tras 12 años sin verse por una pelea entre sus padres y su tía abuela, se reencontraron y allí comenzó a forjar una relación cercana con ella. La comenzó a grabar y toda la historia que vivió junto a ella quedó condensada en este largometraje.

¿Cómo fue ese reencuentro después de 12 años?

Al principio, fue como un “¡Qué grande que estás!” y después fue como si el tiempo no hubiera pasado. Eso es medio familiar para mí, como cuando te reencontrás con tus amigos de la primaria que no ves hace años. Hay algo que al toque vuelve a fluir, con mucha naturalidad.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención del “personaje” de Flora?

Había algo que me impactaba mucho de su imagen. No sólo de su look, sino de su manera de llevarlos. Tenía una boina todo el tiempo puesta y tenía algo de estar detenida en el tiempo. Me parecía muy bueno eso. No podía creer que fuera tan pesimista, eso me impactaba mucho. Me hablaba todo el tiempo de la muerte. Yo también hablo y pienso sobre la muerte, pero ella lo hacía desde un lugar muy práctico, desde un lugar más filosófico. Ella era más práctica con la muerte y eso me servía a mí. Me ayudaba a pensar la muerte desde un lugar más terrenal, algo que va a suceder y punto. Es como planear un viaje. Eso me gustó de ella. Ver desde un lugar más liviano a la muerte.

“Flora no es un canto a la vida”: el film que es un éxito en el Malba - Imagen

¿Qué otras cosas aprendiste a través de ella?

Que la vida material no vale nada. Era una persona que se la pasó guardando objetos, que no aprovechó, que no disfrutó. Si no trascendés lo material, es como no haber vivido. Si yo no hubiese mostrado su mundo, a través de esta película, nadie la recordaría ahora, porque lo único que dejó son cosas materiales. Entonces, si no hay a quien contarle, ni a quien hablarle o importarle, no hay nada. Me parece que las prioridades tienen que ser más acerca de poder estar bien acompañado que bien amoblado.

¿Qué pensaban ellos de este proyecto?

Nadie pensaba que iba a tener semejante magnitud. Nadie pensaba que iba a ser tan profunda. Pensaban que me estaba divirtiendo con la tía abuela, pero la verdad que la película toca unas fibras que la trascienden a Flora y a mí, trascienden el vínculo. Habla sobre la soledad, la muerte, la vejez. Toca unas fibras que, al final, la relación de ella conmigo, termina siendo una excusa para contar otra cosa. No les interesaba que filmara una película sobre Flora, no estaban de acuerdo.

¿Por qué quisiste mostrar el mundo de los ancianos y de la vejez?

Justamente porque no se muestra tanto y no porque no exista, sino porque, de alguna manera, a nadie le importa mostrarlo y lo muestran de un lugar muy solemne y dramático. Me parece que el mundo de los ancianos está lleno de humor y de vitalidad. Nadie investiga, siempre terminan siendo personajes secundarios de las vidas de los jóvenes. Me parece que hay todo un mundo que falta explorar, porque los viejos no filman películas. Los que filman películas somos nosotros, los jóvenes y no conocemos tanto el mundo de los viejos como para retratar. Entonces, si los viejos filman, filman cosas de cuando eran muy jóvenes. Hay un vacío ahí en ese mundo. También porque es otra generación, actoralmente se exponen a un tipo de actuación que los jóvenes no se sienten representados.

Cuando construís una historia, ¿pensás primero la trama o el personaje?

Primero pienso en el personaje o en la historia que me gustaría contar, no en los temas. Los temas aparecen y, en general, al final del cortometraje o lo que sea, aparecen. Y, en general, coinciden unos con otros. Me gusta hablar sobre la ciudad, la soledad, la muerte. No pienso. Termina siendo un resultado inesperado, pero que coincide con lo que a mí me interesa. Flora, al principio, no se trataba de lo que terminó tratándose. Era algo mucho más gracioso y que se trataba sobre los regalos de Flora. Fue cambiando.

“Flora no es un canto a la vida”: el film que es un éxito en el Malba - Imagen 1

¿Cómo fue hacer el documental de forma independiente?

Fue tedioso, porque estuve 7 años. Cuando no tenés plata y no tenés fecha de entrega, hay veces que lo dilatás más en el tiempo o hay veces que la gente no puede trabajar gratis, por lo que hay que esperar a que terminen de trabajar. Fue una película muy chiquita, en cantidad de personas. Éramos dos personas que trabajábamos todo el tiempo y una productora que estaba cada tanto, pero no había mucho para producir: éramos Flora y yo, las charlas con ella y yo llevaba las cámaras.

¿Qué significa hacer cine independiente en Argentina?

Para hacer cine en Argentina hay que tener muchas ganas. Hay que crear o inventar historias que se sigan presentando en años, porque quizás empezás a escribir hoy una historia y se empieza a filmar en cinco años. Es muy difícil de llevar a cabo y, al mismo tiempo, hay tanta voluntad y tanto talento, que se puede hacer con las herramientas que están al alcance. Yo creo que hay que hacer cosas que se puedan llevar a cabo sin la necesidad de plata, pero bueno, lamentablemente siempre es necesario.

Después de ver tantas veces la película, ¿percibís cosas nuevas?

Me río en distintas partes, cada vez que la miro, o cuando veo esos momentos me acuerdo que antes de ahí pasó tal cosa. La veo y no la puedo creer a la película, porque es algo que ni yo me esperaba que se convirtiera realidad. Al mismo tiempo, no me imagino la vida sin haberla hecho porque durante los últimos 7 años de mi vida estuve abocado a eso, día y noche. Entonces, me sorprende decir: ‘Tengo una película hecha’.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora estoy por empezar a grabar una serie. No se puede decir nada. Y tengo una película nueva escrita, estoy buscando plata para hacerla.

“Flora no es un canto a la vida” puede verse todos los viernes a las 19 horas en el cine del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Las entradas se sacan directamente en el lugar.

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