Superá tus tormentas: guía de supervivencia en 9 pasos

Las malas rachas pueden desmoronar a algunas personas; pero otras logran resurgir de las cenizas y salir fortalecidas.

Superá tus tormentas: guía de supervivencia en 9 pasos

junio 16th, 2016

Algunas personas aprenden del fracaso y se recuperan fortaleciendo su espíritu. A otros, el fracaso los destruye. Sé uno de los que resurgen de las cenizas.

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1- Iluminate

La mayoría de las personas que se recuperan de los reveses tienen sentido del humor. Saben cuando se están tomando las cosas -y a ellos mismos- demasiado en serio. Estamos a menudo tan paralizados por el miedo al fracaso que nos “auto-discapacitamos”, nos saboteando a nosotros mismos, poniendo un obstáculo en el camino, según dice el entrenador personal Steven Berglas. “Porque, bueno, si algo te impidió intentar lo mejor posible, no se puede decir que has fracasado, ¿no?”.

“Voy a morir si no gano los Juegos Olímpicos”, escucha muchas veces Berglas de sus clientes. “¿En serio?”, responde. “¿En la cancha? ¿O te vas a morir de vergüenza?” Ok: reconocen que, en realidad, no quisieron hablar de muerte. Pero ahora hay una fisura en su ansiedad a través del cual la ridiculez puede filtrarse. El humor es acerca de dar un paso hacia atrás para ganar una nueva perspectiva. Suponemos que es algo con que se nace, pero podemos ser mejores si vemos el lado positivo gracias a la exposición total. Y en efecto quita al fracaso del borde del abismo. Después de todo, una vergüenza hoy implicará una entretenida historia mañana.

2- Bienvenido al club

La miseria ama la compañía. Basta con mirar el crecimiento de grupos de apoyo en Internet, como “15 millones de personas afectadas por la recesión” (en Facebook ), o el Grupo de Apoyo de la Depresión Mundial (en meetup.com).

Hay un valor real en la conmiseración. Cuando Sylvie Henry inició un grupo de apoyo en Facebook llamado “Los sobrevivientes de la recesión”, después de haber sido despedido de una empresa de software, el grupo se convirtió en un pararrayos para el dolor y la culpa. “Tenemos que culpar a alguien, ¿no?”, dice Henry. “Las personas ventilaban asuntos sobre la casa perdida, el matrimonio fallido. Fue catártico”.

Entonces algo sucedió. “La gente se ventiló a sí misma”, recuerda Henry. “Después de eso llegó otro impulso: vamos a hacer algo al respecto”. Los miembros comenzaron a publicar consejos productivos, tips para ahorrar un poco de dinero, o cómo hacer una buena venta de garaje. El sitio se transformó en un centro de estrategias y recursos de supervivencia para los tiempos difíciles. Llamémoslo fracasar mejor: la edición de código abierto.

3- Sentí culpa, no vergüenza

“La diferencia entre la culpa y la vergüenza es la razón a la que le asignamos el porqué del fallo”, señala Richard Robins, un psicólogo de la Universidad de California en Davis. La culpa, dice que es “algo que yo hice”. Sin embargo, sentir vergüenza significa sentir que el fracaso se debió a “algo que yo soy”, en cuyo caso, se espera el fracaso y no actuamos para evitarlo.

Pero el ciclo de indefensión aprendida puede romperse. En lugar de pensar “soy un fracaso”, puedo pensar “soy una buena persona que cometió un error del que se puede aprender”. Si tu historia sobre el fracaso es “todo es mi culpa”, es posible que necesites práctica mirando hacia fuera y te preguntes “¿Qué otras cosas -que no tienen que ver conmigo- podrían haber causado este evento negativo?”.

Por otro lado, si tu historia es “nunca tiene que ver conmigo”, puede que tengas que buscar algunos aspectos del problema sobre los que vos sí puedas hacer algo al respecto. Porque, seamos sinceros, efectivamente metemos la pata; todo el mundo lo hace. En cuyo caso es necesario poseer el fracaso, ver lo que puedes aprender de él, y seguir adelante.

4- Cultivá el optimismo

De las siete habilidades de la resiliencia que se pueden aprender -respuesta emocional, control de los impulsos, pensamiento multiperspectivo, empatía, la creencia de que podemos resolver nuestros propios problemas, el tomar riesgos apropiados, y el optimismo- la más importante es el optimismo, dice Karen Reivich, psicólogo de la Universidad de Pennsylvania.

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La clave de la resiliencia es tener un pensamiento más flexible y aprender a aumentar nuestro arsenal de opciones. El psicólogo Martin Seligman evoca a la discusión, en la que uno piensa en su mente como una sala de audiencias donde los pensamientos negativos son inmediatamente llevados a juicio.

Podés refutar estos pensamientos, y deberías. Ahora estás actuando como tu propio abogado defensor, lanzando en la corte cada pedazo de evidencia que podés pensar en probar que es errónea. El mal pensamiento ya no es un bloqueo, y muere en medio de la duda.

5- No preguntes lo que el mundo puede hacer por vos…

Ser despedido y dejado sin ahorros ni obra social es difícil, pero para algunos, conlleva un mensaje inesperado: “Ahora sos libre”. Libre para hacer algo más significativo con tu vida -como un voluntariado en el extranjero. Si no tenés que ganar dinero de inmediato, pregúntate: ¿Cómo se puede estar al servicio de los demás?

Margaret Evans, la gerente de ventas de una estación de radio de Portland, Oregon, fue despedida inesperadamente. Como ella había investigado nuevos puestos de trabajo y escuelas de posgrado, se le ocurrió que ser despedida era una especie de regalo. Siempre había tenido la intención de hacer trabajo de servicio. “Esta era mi oportunidad para que esto efectivamente ocurra”, dice.

En tres meses había firmado contrato como voluntaria en un orfanato en Belice, a través de una organización benéfica con sede en Florida llamada Dream Center Internacional. Viajar, vivir con poco dinero, y hacer el bien para la gente que realmente lo necesita: no es una mala receta. “Esto resultó ser lo mejor que me pudo haber pasado a mí”, dice.

6- Reducí tus expectativas sobre vos mismo

Cuando tenemos éxito, tenemos la tendencia a aumentar nuestras expectativas sobre nosotros mismos y no disfrutar ni recibir placer ante el triunfo. Pero cuando fallamos, es mucho más difícil sobreexigirnos. “Eso podría ser para lo que sirve fallar”, dice el psicólogo Jonathan Haidt. “Una buena voluntad para bajar la mirada cuando eso es realistamente requerido”.

Gilbert Brim, comienza su libro Ambición con la historia de su padre en la zona rural de Connecticut; o mejor dicho, a su jardín. De joven, su padre se enorgullecía de mantener el bosque en toda la propiedad, pero finalmente esa tarea se hizo imposible. Así que a medida que envejecía y se volvía más débil, redujo el alcance y ámbito de aplicación, hasta que le fue suficiente sólo cuidar las flores en su pequeño jardín, aunque con los mismos estándares de excelencia. Si el fracaso consiste en no cumplir con las metas que uno se estableció para sí mismo, entonces una forma de evitarlo es revisar las metas que ahora son obsoletas. De esta forma, en lugar de fallar en un gran escenario que una vez has dominado, todavía estás teniendo éxito en un escenario más modesto.

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7- Aprovechá el efecto de Bridget Jones

Llevar un diario puede ayudarte a lidiar con el fracaso. Jamie Pennebaker, psicólogo de la Universidad de Texas, estudió a los ingenieros de mediana edad que habían perdido sus puestos de trabajo. Los que lucharon con sus sentimientos sobre el trauma a través de un diario tenían muchas más probabilidades de encontrar un nuevo empleo. No era simplemente por el alivio de la “catarsis” que provoca liberar tus sentimientos. Tampoco era que estaban más motivados para salir y llevarse el mundo por delante –no recibieron más llamadas telefónicas, ni hicieron más contactos, ni enviaron más cartas.

Más bien, la escritura ayuda a crear significados -encontrar coherencia y crear una historia personal que una todos los lazos sueltos y los signos de interrogación, para darles sentido. También aumentó sus habilidades sociales, haciéndolos más agradables, menos vengativos, y más capaces de seguir adelante con las cosas. Estaban menos envueltos en su pasado. Podían escuchar mejor y eran más optimistas y menos hostiles.

8- No te culpes

El sentimiento de culpa es corrosivo. La investigación sobre los niños criados en medio de violencia doméstica, abuso o depresión materna muestra que la culpa puede desencadenar o empeorar la depresión. Los errores que nos atribuimos -culpándonos y compadeciéndonos por lo malo que nos ocurrió- son probablemente la mayor razón por la que las personas metabolizan mal el fracaso. La atribución tiene un potente efecto sobre la depresión -cuanto más te culpes de los problemas, más deprimido vas a crecer. Y es un círculo vicioso: cuanto más deprimido estás, más te culpás a vos mismo. Por el contrario, los niños que entienden que tales circunstancias negativas de la vida están fuera de su control no son tan vulnerables, señala el psicólogo de Stanford Carol Dweck.

9- ¡Actuá!

El fracaso es una oportunidad para cambiar de rumbo. Conquistala.

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