La ley del deseo

Las presiones sociales nos quieren hacer creer que solo ellos pueden tomar las riendas de los encuentros íntimos. ¿Mito o realidad?

La ley del deseo

junio 16th, 2016

Cuando los miembros de la pareja difieren en sus necesidades sexuales, existe un potencial, altamente significativo, para el conflicto.

De acuerdo al Dr. Juan Carlos Kusnetzoff, este problema, llegado el caso, deberá dialogarse; y no una, sino varias veces. Acceder a tener relaciones sexuales para calmar a la otra persona, es uno de los problemas de muchas parejas refieren en la consulta. Dicen algunas mujeres, que “dar el sí” a la intimidad, es la manera mas directa y fácil de evitar las quejas y reproches del compañero.
En tanto, hay otro grupo de personas que, frente al requerimiento reiterado, rechaza el pedido. O finge ignorar la propuesta, echa mano a una excusa cualquiera (el dolor de cabeza es un clásico), o postergando “hasta más tarde” la solicitud. Raramente el rechazo es directo y abierto.
Por último, existe otra posibilidad: que la persona que no quiere, reconozca el pedido, el deseo sexual del compañero, y ceda de buen grado. Eso tiene un nombre y es hacer el amor, sin ganas.

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Lo que ellas quieren 

Suelen ser muchas las razones por las cuales una mujer no desea sinceramente – o no puede – acceder a tener relaciones íntimas. Estar embarazada y con diversos trastornos derivados de ello, que le desagrade la actividad sexual con la persona que hace escaso tiempo que conoce o que considere  muy prematuro tener relaciones con alguien con quien intima hace muy poco tiempo. Sucede que llegar al contacto íntimo en la primera cita, en la mayoría de los casos, no es muy apreciado por la mayoría de las mujeres.

En el caso de que ambas personas se encuentran de acuerdo en la frecuencia de la relación sexual, aunque sea esporádica, obviamente, no existe conflicto alguno. Pero, consultas últimamente más frecuentes, muestran la disconformidad de los hombres, a la hora de hacer el amor. Muchos de ellos, quedan atentos y esperando a que la compañera emita señales para iniciar el acercamiento y otros, se impacientan, protestan, reprochan y los enojos terminan afectando el vínculo de pareja.

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En particular, en los comienzos del conocimiento mutuo de la pareja, sea conviviente o no, la actividad sexual, puede ser intensa, tanto en cantidad, como en calidad. El deseo sexual, se ve invadido, cubierto, abrumado por esa intensidad inicial, a la cual se referirán luego, para comparar cuando exista el problema. En general, este “hambre de sexo”, tiene semanas o meses contados para finalizar. Y es el correlato habitual del ciclo de enamoramiento, que precede a la estabilidad del amor.

La idea popular es que el hombre desea mucho más que la mujer.  Se puede afirmar que la mujer también tiene necesidades en relación a la vida sexual. Y no son – como lo afirman algunos machistas – necesidades de tener relaciones por penetración y orgasmos en cantidad. Esto suele ser una lisa y llana proyección de sus propios deseos. Por el contrario, ellas no hacen mención, justamente, a la penetración, sino a sentirse insatisfechas por la falta de juegos previos, a la poca demostración de cariño y de ternura.

Por siempre machos 

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Son numerosas las razones esgrimidas para explicar los porqués del aparente mayor deseo sexual masculino en comparación con el femenino. En el listado, se suelen mencionar razones endocrinológicas al sostener que ellos, por ejemplo, tienen un mayor nivel de andrógenos (testosterona) en sangre. Pero, en realidad, se ponen de manifiesto, en la mayoría de los casos razones educacionales.

En realidad, hombres y mujeres son educados de diferente manera en estos temas. Se enseña que es el hombre y no la mujer quien tiene que tomar la iniciativa en materia sexual. Y aunque la mujer se siente propensa a tener relaciones, es reacia a pedirlo. Además, es admitido socialmente – “impregna el aire” – que el hombre siempre tiene que estar dispuesto y esto, lo empuja y lo presiona a cumplir con estas expectativas.

La diferencia en la disposición anatómica entre hombres y mujeres, puede contribuir. La excitación sexual masculina es generalmente visible y accesible al tacto. No ocurre lo mismo con las mujeres. Un simple roce, accidental o no, puede desencadenar erecciones. En cambio, en las mujeres, los inicios de la excitabilidad sexual, pueden pasar inadvertidos, tanto para ella, como para los compañeros.

Hoy, es sabido que también pensar en el sexo parece ser algo más de ellos que de ellas. Y esto origina conflictos a la hora de intentar tener relaciones íntimas. A los hombres les cuesta entender que ellas no piensen en eso – como ellos sí hacen – y entonces concluyen afirmando que “ya no los aman”, o que “están pensando en otro”, o, directamente, “tienen otro”.

Muchas veces, una mujer no está motivada a tener relaciones sexuales. Pero accede a “calentar motores” con abrazos y caricias. Y con agradable sorpresa, la excitabilidad sexual aparece, primero tímidamente, y el coito posteriormente culmina. Este desenlace muestra que la necesidad femenina no pasa exactamente por tener “sí o sí”, relaciones sexuales completas. Que el pedido suele ser – simplemente – de cariño compartido, cosa que a muchos hombres aún les cuesta entender y llevar a cabo.

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Por Dr. Juan Carlos Kusnetzoff para revista Psicología Positiva. 

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