Empezá el día con todo

Bastan algunos cambios en nuestra rutina para que cada despertar se convierta en un momento lleno de energía.

Empezá el día con todo

junio 13th, 2016

“Hoy puede ser un buen día, planteátelo así”. Es simple: quien es capaz de marcar la diferencia entre el mal humor de la mañana y un despertar soñado, sos vos. ¿Cómo sentar las bases de una buena jornada? Tenemos que tomarnos el tiempo y la voluntad necesarios para preparar este momento clave y encarar el día de manera positiva.

Madrugar es central. Sí, sí. Aunque la cama resulta muy tentadora, hacer todo a las apuradas por cinco minutos más de sueño puede costarnos caro y terminar estresándonos. Parecería que programar el despertador dejándonos los minutos contados para una ducha veloz, un desayuno precario y poco más, tiene efectos secundarios indeseables: podemos estar menos tolerantes, crisparnos más fácilmente, y sentirnos presionados ante situaciones que otros días nos resultarían naturales. Es probable que las cosas salgan a la inversa de lo que esperamos y hasta no comprendamos qué nos está pasando.

Arrancar bien la jornada es, entonces, muy importante. ¿Qué podemos hacer para lograrlo? Anotá en tu agenda: “Primera reunión del día: conmigo mismo. Objetivo: enfocar todo lo que haremos de modo positivo”. Ahora sí, poné el despertador entre 15 y 30 minutos antes de lo habitual para llevar a cabo tu compromiso más importante.

Empezá el día con todo - Imagen 1

Con el pie derecho…

Empezá el día con todo - Imagen 2

Para levantarte de buen humor, que puedas recargar todas tus pilas y que tu batería alcance hasta la noche,  ese momento en el que abrís los ojos es clave. Lo primero que debés hacer es despertarte relajado. No saltes de la cama, por el contrario, disfrutá de ese ratito de fiaca.

Desperezate exageradamente, como un gato, bien despacio, conectándote con vos mismo de modo de ir incorporándote de manera natural. Repasá mentalmente cada centímetro de tu cuerpo, desde las puntas de los dedos del pie, hasta el pelo, despertando su capacidad de sentir, parte por parte.

Luego, respirá concientemente. Antes de pararte, acostate boca arriba y concentrate en tu propia respiración. El aire entra y sale de la nariz y penetra en todo tu organismo, oxigenando todas tus células: sentilo.

Dejá que la respiración fluya sin tratar de forzarla ni modificarla. A esta altura vas a empezar a asumir el estado de tu cuerpo, dándole “los buenos días como corresponde” levantándote suavemente.

¿Cómo te sentirás? Relajado, tranquilo y hasta quizás puedas estar ansioso por asumir lo que se viene durante el día. Aceptá este estado con naturalidad y esforzate por lograr una sonrisa interior: sonreí con el cuerpo. Esto quiere decir, empezar con la boca y lograr que esa energía emocional positiva se vaya trasladando a todo tu cuerpo, proveyéndote de un bienestar general incomparable.

Para estimularte, recordá un momento que te haya resultado especialmente placentero para que la sonrisa surja con mayor profundidad. Dejá que este estado te empape por unos minutos.

Por último, sintonizá con lo cotidiano. Una vez levantado, sin dejar de sonreír y respirar a conciencia,  iniciá todos tus pequeños ritos diarios con precisión, fijándote en lo que estás haciendo. A cada momento, enfocá tu mente en el aroma del jabón, el agua corriendo por tu cuerpo, el tacto de la ropa rozando tu cuerpo, el color del cielo entrando por tu ventana… Como si fueras un niño, prestá atención a lo que mirás y lo que hacés como si fuera la primera vez, de modo de  sintonizar con un ritmo agradable y productivo, que logre ser la antesala de un día inolvidable.

Atraé buenas ondas

Empezá el día con todo - Imagen 3

Una vez que te hayas levantado, queda mucho por hacer para llenarte de energía y una actitud optimista.  Para eso, tené en cuenta las siguientes propuestas:

-Creá un ambiente óptimo. La aromaterapia es una aliada para este momento del día, en el que tener buen humor cuesta más. Algunos olores actúan directamente sobre nuestro sistema límbico, que regula nuestras respuestas. Usá aceites con aromas energizantes como menta, limón, romero o eucalipto si te cuesta despabilarte, o bien de lavanda, si te cuesta recuperar tu eje, ya que te brindan un efecto antiestrés.

-¡A bailar se ha dicho! Es una excelente forma de arrancar el día con todo. El movimiento es un catalizador que combate la fatiga si se practica un rato, de modo recreativo y alegre. Además, incrementa la fuerza, la flexibilidad y la buena circulación de la sangre. ¿Lo mejor? Libera endorfinas que producen una sensación de bienestar duradero y agradable.

-Música para el alma. Clásica, moderna, pop… tus primeros momentos de la mañana pueden ser mucho más felices si están acompañados por una banda sonora de tu agrado. Optá por temas y artistas que eleven tu espíritu, te hagan sonreír y activen tu energía. Vas a sentirte mucho mejor preparado para arrancar tu jornada.

Empezá el día con todo - Imagen 4

Con pequeños cambios en nuestra rutina, podemos entrenarnos en la saludable tarea de despertarnos más relajadamente y en contacto con nuestro cuerpo, para darnos el tiempo y el espacio de recargar energía y asumir las actividades que vendrán con entusiasmo y plenitud.

Tips que no fallan

Del mismo modo que a los deportistas los entrenan para que visualicen sus objetivos, podemos aplicar el mismo método en nuestra vida cotidiana. Preparate para imaginar un día fluido y grato mediante técnicas de visualización.

1-Acostate en la cama o en el suelo. Cerrá los ojos y repirá profundamente unas 10 veces. Andá aflojando tu cuerpo en cada expiración. Repetilo hasta sentirte totalmente relajado.

2-Visualizá un paisaje. Aprovechá tu estado de relax y concentrate en una escena que te resulte atractiva y pacífica. Imaginá que te sentás comodamente sobre el pasto, la arena o el espacio que elegiste y, dejándote invadir por la naturaleza, fijás tu mirada en el cielo.

3-Proyectate. Como si se tratara de una gran pantalla, imaginá que sobre ese cielo pasan todas esas cosas que tenés previstas para el resto del día. Enfocate en esas tareas que te generan intranquilidad o angustia. Dejá que tu cuerpo fluya entre ellas con naturalidad, sin obstáculos, y observá cómo ocurre esa escena. Verte a vos mismo resolviendo situaciones complicadas te ayudará a hacer realidad tus pensamientos.

4-Recuperate con calma. Luego de dar por terminada la visualización, disolvé tu cuadro envolviéndolo en una bola rosada que se vaya volando hacia el más allá. Antes de abrir los ojos, entrá en contacto consiente con tu cuerpo, parte por parte. Con calma, recuperá tu movilidad y enderezate lentamente.

5- ¡Que tengas un buen día!

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