Cómo dejar de ser tu peor enemigo y convertirte en tu mejor aliado

Valorar nuestros logros, los esfuerzos y aún los errores, nos permitirá transitar el camino correcto para vivir con confianza y motivación.

Cómo dejar de ser tu peor enemigo y convertirte en tu mejor aliado

junio 13th, 2016

Descubrí el poder de la autoestima y su relación con el aprendizaje efectivo hace más de 20 años, cuando realicé mi primera investigación al respecto en el ámbito de la educación. La intuición me decía que trabajar sobre la imagen de uno mismo podía tener un impacto muy grande en diferentes aspectos de la vida. Lo que no imaginé era cuán contundentes serían los resultados. La hipótesis con la que inicié el proyecto de investigación era que trabajando sobre la autoestima de alumnos se podían generar resultados académicos extraordinarios en poco tiempo.

El proyecto, al que llamé “Me gusta ser quien soy”, consistió en desarrollar actividades que fomentaran la autoestima de los niños durante 3 horas semanales por espacio de 10 semanas. Trabajamos todos los frutos del paradigma del amor mencionados en el capítulo uno, a través de actividades que fomentaban la aceptación, el descubrimiento de los talentos, el poder del amor, la cooperación, el ser único.

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Para dar validez académica a mi investigación, me vi casi obligada a medir rigurosamente lo que yo siempre presentí a nivel visceral: que el aprecio por nuestro ser podía marcar la diferencia. Al analizar el “antes y después” de cada alumno, observamos que los resultados eran simplemente extraordinarios: todos habían aumentado su rendimiento académico de manera exponencial. Sin embargo, no fue eso lo que más me sorprendió. Lo que jamás olvidaré fue lo que sucedió con el que se presentó desde el primer día como el niño más desafiante de la clase…

Emilio tenía ocho años, ojos vivaces y cabello negro. Sólo necesitó unos pocos años de escuela para obtener el primer puesto en mala conducta. Su desempeño académico era muy pobre y, además, era rechazado por sus compañeros y temido por sus maestros. Estaba catalogado como “el camorrero de la clase”. Gracias a su autoestima hecha añicos, Emilio se convertiría, sin saberlo, en uno de mis grandes maestros.

Uno de los métodos utilizados para evaluar el impacto del proyecto fueron dibujos: se les pidió a los chicos que se dibujasen a sí mismos al comienzo y al final de la investigación y que escribiesen un comentario sobre su persona. En su dibujo inicial, que mostramos en nuestra película Confianza Total, Emilio se dibujó completamente tapado, con una máscara, casco, guantes, su cuerpo bajo el agua y sin colores. El comentario que escribió sobre su persona fue: “Estoy en el mar”. Menos de 3 meses después, me estremecí al ver su dibujo final: esta vez tenía la cara descubierta y sonriente, los ojos vivaces, ropa de colores y los brazos abiertos… Han pasado veinte años de ese momento y aún recuerdo las lágrimas corriendo por mi rostro al leer la frase que Emilio escribió sobre su persona al final del proyecto: “Descubrí que soy normal, aprendí que soy único”.

Desde ese entonces la autoestima se convirtió en un tema que ha ocupado mi mente y mi corazón. Un tema que transmití a niños, a jóvenes y a adultos. Un tema que me llevó de las aulas a las empresas y de la Argentina a los cinco continentes. Un tema que he puesto en práctica no sólo en mi trabajo, sino también en mi hogar. Una motivación que literalmente ha cambiado mi vida.

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La autoestima

Es ese sentimiento de valoración que hacemos sobre nosotros mismos y que impacta en todos los órdenes de nuestra vida. Determina la persona que elegimos como pareja, la carrera que estudiamos, el trabajo que conseguimos, los amigos que frecuentamos, los proyectos que emprendemos. Cuando miramos hacia nuestro interior, todos tenemos una imagen particular de nosotros mismos. La autoestima es, precisamente, cómo nos sentimos con respecto a esa imagen.

La imagen de uno mismo impacta en todos los órdenes de la vida. Es la representación interna que nos hacemos de nosotros mismos, la que define cómo nos vemos y cómo pensamos que nos ven los demás.

Branden señala que a las personas les resulta muy difícil actuar más allá de la visión profunda que tienen acerca de quiénes son ellas mismas, como si nuestro inconsciente necesitara confirmar constantemente la imagen que tenemos de nosotros.

En este sentido, recordamos el caso de Lucía. En un seminario para aumentar la confianza nos contaba que al observar su vida advertía que su mayor obstáculo estaba en el área de formar pareja: se veía atascada en relaciones amorosas que no le hacían bien. Ella decía: “Cuando me quieren, yo no los quiero; y cuando los quiero, no me quieren. ¡Siempre me engancho con sujetos complicados!” Es evidente que Lucía tenía una imagen de sí como mujer bastante desvalorizada, y esto la llevaba, una y otra vez, a confirmar dicha imagen a través de experiencias dolorosas.

Las personas que tienen una imagen de sí muy empobrecida son propensas a involucrarse en relaciones complejas que, con seguridad, les producirán infelicidad, como por ejemplo enamorarse de seres que seguramente las harán sufrir. Cuando se encuentran con personas que las tratan bien, que las aprecian, que las quieren, que les dan amor, inconscientemente comienzan a hacer todo lo posible –y lo imposible– para estropear la relación, para que se los rechace. Se convierten en sus propios saboteadores. Y esto es válido para todas las áreas de la vida.

Si bien existe una autoestima global, la resultante de una evaluación general de la imagen de uno mismo en diferentes aspectos de la existencia –espiritualidad, relaciones humanas, estudios y carrera, finanzas, deportes y salud, aspecto físico–, lo que va a impactar en mi autoestima son aquellas áreas que para mí sean importantes. Es decir, si yo tengo una imagen de mí pobre como deportista pero el deporte no me resulta algo importante, esto no va a afectar demasiado mi autoestima global. En cambio, si para mí el ser una buena madre es algo valioso, tener una imagen negativa de mí misma como madre sí va afectar mi autoestima global.

La influencia de los otros

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Seguramente hay aspectos de nosotros mismos con los que no estamos conformes, otros que queremos mejorar, y esto es parte de la construcción de la autoestima. Es importante empezar a pensar en qué áreas están nuestras fortalezas, y en qué otras surgen nuestras necesidades de mejorar.

Aún no hay un método que sea totalmente objetivo de evaluar la autoestima, pues, como dice el psiquiatra Rojas Marcos, no hay un instrumento de medición como lo hay para medir la temperatura corporal o para determinar el azúcar en sangre. ¿De qué depende que la imagen de sí sea negativa o positiva? En gran medida, de las experiencias vividas. Como ya señalamos, nacemos llenos de confianza, sin miedo, y con disposición para realizar cualquier aprendizaje. Sin embargo, a medida que crecemos, podemos comenzar a recibir comentarios negativos acerca de nosotros mismos: “Qué tonto que sos”; “Sos un inútil, dejá que lo hago yo”; “No sos bueno para los números”, “No tenés oído para los idiomas”, “Sos un idiota”, ¿Por qué sos tan malo?”, “No servís para nada”. Los descubrimientos de una investigación de la que informa Jack Canfield demostraron que los niños reciben, como término promedio, 460 comentarios negativos o críticos al día y solamente 75 positivos.

Estos comentarios, por lo general, provienen primero de los padres; luego, al iniciarse la escolaridad, de los maestros, y finalmente de los pares, en la adolescencia: los tres espejos en los cuales nos miramos en la infancia y en la juventud para ir formando la imagen de quiénes somos.

¿Qué tiene de malo ser perfeccionista?

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Cada vez que apuntamos a la perfección nos ponemos a nosotros mismos y a los demás en un estado de “infelicidad garantizada”, porque sólo Dios es perfecto. La respuesta del amor no apunta a la perfección, sino a la excelencia.

La principal diferencia entre un perfeccionista y quien busca la excelencia es su actitud frente al error. El perfeccionista sufre cada vez que comete un error, se siente mal consigo mismo, porque toma el error como una señal de fracaso. Entonces sufre. Y lo mismo pasa cuando alguien de su entorno se equivoca: lo hace sentir mal.

En cambio, quien apunta a la excelencia se esfuerza por dar lo mejor de sí, pero tiene una actitud completamente diferente frente al error, ya que lo ve como un paso necesario para conseguir lo que quiere alcanzar. Cada vez que se equivoca o alguien de su entorno comete un error, en lugar de pensar cómo puede ser que haya pasado eso, se pregunta cómo puede aprender.

Por Florencia y Verónica de Andrés para revista Psicología Positiva.

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