Claves para controlar al impulsivo que llevamos dentro

A la hora de tomar decisiones, actuar por impulso puede jugarnos en contra.

Claves para controlar al impulsivo que llevamos dentro

junio 10th, 2016

“Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre”, enunció el escritor francés Marcel Proust. Las decisiones, desde la más pequeña hasta aquellas que condicionan nuestro futuro, deben tomarse con calma y racionalidad. Aunque todos tenemos cierta cuota de arrebato, hay quienes transforman esa cualidad en una patología.

La impulsividad puede presentarse en diferentes formas y grados: desde observar en la vidriera de un local una par de zapatos y necesitar comprarlos al instante, hasta cambiar de carrera universitaria de un momento a otro por una pequeña frustración. Problematizar cada decisión no es la solución, pero sí prestarle mayor atención a aquellas que determinan nuestro futuro.

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Las personas impulsivas padecen una alta tensión emocional ante las situaciones cotidianas. No reflexionan, y suelen pasar de forma inmediata de la palabra a la acción, incluso cuando vislumbran algún perjuicio posible contra sí mismos o contra los demás.

Según la psicóloga y psicopedagoga Alicia Dubkin, el manejo de la impulsividad forma parte del proceso de constitución de las psiquis: “La capacidad de espera es un logro en los tiempos de constitución en la primera infancia. En un principio, la sensación/necesidad inunda y se genera una búsqueda impulsiva e inmediata de satisfacción, para volver a caer, al poco tiempo, en el mismo circuito frente a cualquier indicio de nueva necesidad. En la crianza y mediante los vínculos afectivos, se va construyendo un aparto psíquico que hace de mediador entre la sensación de necesidad y la acción. De esta manera, el adulto puede  esperar y encontrar el mejor camino para que realmente pueda lograr un bienestar más duradero y no quede en el mínimo de satisfacción inmediata”.

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La cuestión entonces, no es hacer o dejar de hacer, sino tomarse el tiempo y el espacio para dudar, para pensar, y para visualizar si una decisión tomada de manera impulsiva nos ayuda a construir un camino, o, por el contrario, nos da sólo una satisfacción efímera que luego puede volverse en contra como un boomerang.

Pero… ¿cómo saber si somos personas impulsivas? Según Dubkin, quien busca o quien se maneja pasando desde una sensación de gusto o necesidad a una acción inmediata sin tiempo de espera y evaluación de las diversas posibilidades, sería una persona que se deja llevar por una impulsión. “No es lo mismo tener algunas actitudes impulsivas que manejarse constantemente en todos los ámbitos de la vida pasando de la sensación a la acción directa. La impulsividad como conducta persistente, puede transformarse en un daño hacia la persona”.  

No hay que privarse de aquellas acciones que diariamente sentimos y hacemos, sino concientizarnos de que la impulsividad constante puede resultar destructiva. “Se puede entender que es dañino para la persona cuando esta modalidad es una constante, en diferentes circunstancias de despliegue como el trabajo, los vínculos afectivos, el estudio, y que pese a encontrar en cada cambio una pequeña satisfacción, terminan entrando constantemente en una sensación de insatisfacción. El cambio permanente no permite avanzar en el camino para la construcción y logro de un proyecto personal”, revela Dubkin. 

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Frente a las personas reflexivas, las impulsivas muestran menos importancia a la hora de cometer errores y saltan de un arrebato a otro sin disfrutar realmente de cada acción. Por eso, existen pasos básicos en el proceso de toma de decisiones para que estas nos resulten satisfactorias:

-Tomarse breves minutos y antes de hacer, pensar la acción y repasar otras alternativas.

-Preguntarse qué es lo que realmente uno está deseando.

-Antes de pasar a la acción, consultar con personas de confianza que nos puedan aconsejar.

-Aprender a soportar los grises, las búsquedas y la espera.

-Visualizar cuáles son nuestros objetivos, y si estos son razonables y posibles.

-Observar nuestra propia conducta y repasar nuestros errores para no cometerlos la próxima vez.

Actuar sin pensar, de forma veloz e impaciente, ser poco tolerante a la frustración, y necesitar el cambio constante, forman parte del comportamiento compulsivo. Tomate un tiempo para pensar cómo reaccionar y accionar. Esto te ayudará a dar pasos firmes y satisfactorios en los diferentes ámbitos de la vida.

Mantené la distancia adecuada con tus amigos, pareja, familia y compañeros de trabajo. Eso te ayudará a que tus reacciones sean más racionales y beneficiosas para tu crecimiento personal y profesional.

Al fin y al cabo, se trata de respetar y respetarte. No te prives de sentir tus deseos y aspiraciones, pero buscá convertirlos en acción no de manera impulsiva sino con prudencia e inteligencia.

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