Mejor solo que mal acompañado. Te contamos los privilegios de vivir la “soledad positiva”.

Aún rodeados de mucha gente, a veces, nos sentimos solos. Superá esa angustia y disfrutá de vos mismo.

Mejor solo que mal acompañado. Te contamos los privilegios de vivir la “soledad positiva”.

junio 10th, 2016

Dice el refrán, con total naturalidad, que “sólos venimos, sólos nos vamos”. Sin embargo, los psicólogos reconocen que una de las principales consultas de sus pacientes se vincula al sentimiento de soledad. ¿Por qué nos entristece tanto, incluso cuando estamos rodeados de personas? Muchas veces nos sentimos incomprendidos, otras no sabemos cómo conectarnos con los demás y otras tantas se trata del reflejo de una insatisfacción en nuestras relaciones. Lo cierto es que la soledad es una emoción muy frecuente que nos invade en distintos momentos de la vida y toma diversos matices. Veamos de qué se trata.

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Si lo pensamos objetivamente, la soledad total no existe, dado que nunca estamos totalmente aislados o incomunicados. Aún así, nos sentimos solos. Pero, ¿cuál es la diferencia entre estar solos y sentirnos así? Esta es la cuestión.

Desde que nacemos, nuestro instinto y necesidad de supervivencia nos impulsan a buscar compañía, a socializar.  Sin pareja, familia o amigos, nos sentimos desconcertados y perdidos. Pero la soledad tiene dos caras. La negativa, producto de la sensación de vacío profundo que se produce, normalmente, por falta de amor o afecto en cualquiera de sus expresiones. El miedo a permanecer como ermitaños nos paraliza, surge la desesperanza, extrañamos más a aquellos que ya no están, olvidándonos de la presencia de quienes sí permanecen a nuestro lado, e indefectiblemente irrumpe la incertidumbre.

La otra cara de la soledad, la positiva, es completamente opuesta. Consiste en alcanzar un profundo estado de plenitud espiritual. Es una conexión interna que nos permite intimar con nosotros mismos, pensar, recapacitar, visualizar, crear y meditar, con total tranquilidad y alegría. Esos pequeños momentos de luz en los que estar solos nos permite liberarnos de la mirada ajena y ser transparentes y espontáneos. Cantar frente al espejo, pasar una tarde leyendo una novela apasionante, o simplemente relajarnos frente a la tele… son todas actividades que estimulan el  desarrollo del ser humano y su tranquilidad interior.

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¿Por qué a mí?

Aunque no nos guste admitirlo, es más frecuente que pasemos por la denominada soledad negativa. Nos sumimos en la depresión y nos sentimos víctimas de una realidad frente a la que  nada podemos hacer: “¿por qué a mí?”. La soledad, cuando no es deseada, cuando “no sentimos solos”, puede ser muy dañina.

Albert Einstein, explicaba esta ambigüedad con gran claridad: “Me es muy extraño ser conocido por todo el mundo y al mismo tiempo sentirme tan solo”. Porque estar solo significa no tener a nadie con quien compartir, pero sentirse solo se vincula a cómo nos percibimos en relación con aquellos que nos rodean. Algo está fallando en nuestra comunicación con los otros. Psicológicamente, se entiende como la ausencia (sea real o no) de relaciones sociales satisfactorias.

El prestigioso psiquiatra Weiss identificaba dos tipos de soledad: la emocional y la social. La primera consiste en la falta de una relación intensa o perdurable (por ejemplo, en personas recién divorciadas o viudas, etc.), que generen sentimientos de afecto y seguridad. La social se vincula a no sentirse parte de un grupo, o de cualquier organización que nos proporcione un sentido de pertenencia. En todos los casos, la trampa  es cómo nos ubicamos ante la presencia o ausencia de los demás, algo que está estrechamente vinculado a cómo nos sentimos con nosotros mismos, a cómo construimos nuestra autoestima. Por eso muchas veces, ante esta angustia, nos olvidamos de cuidarnos, o de dedicar tiempo para disfrutar de la soledad.

 La otra cara

¿Por qué la soledad puede ser positiva? Cuando estamos solos y hacemos a un lado todas nuestras preocupaciones, miedos, y pensamientos que no dejamos de rumiar, somos capaces de crecer interiormente, reforzar nuestro potencial. Si logramos comprender que sentirnos felices o angustiados no depende del afuera, y que nunca estamos solos si estamos bien con nosotros mismos, podremos descansar de las presiones y disfrutar del simple hecho de ser como somos.

La clave, para salir del costado oscuro de la soledad, radica en trabajar aquellos problemas de comunicación que tenemos con nuestros seres queridos, por un lado, y reforzar nuestra autoestima, por el otro. Así podremos aprender a alegrarnos ante el hecho de estar en soledad porque sabremos que hay quienes nos quieren y nos valoran y nos sentiremos a gusto con nosotros mismos.

No estás solo. En efecto, la soledad es una batalla que peleamos eventualmente. No hay persona que no haya experimentado el sentirse solo, ignorado o deprimido. Recuperá el amor por vos mismo y por quienes te rodean, dejá atrás las angustias, disfrutá tu soledad y no le temas… después de todo, estás con vos mismo. Entendé que aquellos momentos en los que vos sos el único protagonista son grandes oportunidades para conocerte mejor, ponerte en contacto con tus emociones y pensar con claridad.  Y nunca te olvides: la soledad no es estar solo, sino sentirnos faltos de amor.

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