Entre los celos obsesivos y el fantasma de la infidelidad

Componen una mezcla peligrosa que confunde amor con posesión y así la intimidad de las parejas siempre sale dañada.

Entre los celos obsesivos y el fantasma de la infidelidad

junio 7th, 2016

Hay quienes dicen que en cuotas mínimas, son necesarios para poner un toque de acción a las relaciones. Pero, cuando tienden a desbordar y amenazan la integridad de las personas, los celos se vuelven altamente peligrosos. Y ese exceso se expresa generalmente con la necesidad imperiosa de controlar a  quien amamos.

El Dr. Juan Carlos Kusnetzoff explica que estas sensaciones se remontan a la Edad Media. La historia nos ha demostrado –y en muchos casos nos sigue dando ejemplos lamentables- que este sentimiento de posesión que implica celar al otro, no es algo nuevo y que se relaciona directamente con la sexualidad.

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Ya en la Edad Media, los hombres inventaron el cinturón de castidad para asegurarse la fidelidad de sus mujeres, en tanto ellos se internaban en la guerra. En África aún existen tribus que practican heridas en los genitales femeninos para asegurarse su fidelidad.  Para algunas culturas, que hacen uso de esta práctica brutal y primitiva, se cree que la mujer que conserva el clítoris es “impura” o peligrosa para la salud masculina, ignorando que aún sin esa parte, ellas pueden tener excitación sexual y orgasmos. Esta situación se explica por el hecho de que el clítoris no es solo lo que asoma sobre la entrada vaginal. Ese es, apenas, un octavo de un órgano que en sus siete octavos restantes, se hunde en el genital femenino, siendo esta parte la responsable de los orgasmos de las mujeres.

Pero estos casos extremos no son más que un reflejo de una conducta irracional que pueden provocar los celos y que, en menor o mayor medida, la humanidad adoptó en algún momento y con diferentes matices.

¿Todo vale?

La provocación intencional de celos ilustra estas cuestiones correctamente. Los diálogos punzantes y las escenas escandalosas en el cine y la televisión entre hombres y mujeres, son habituales y casi cotidianos. Rumores y chimentos sobre infidelidades sirven, con o sin pruebas evidentes, para llena hoy los programas de televisión en procura de mediciones altas de audiencia.

Así, no son extrañas las frases entrecortadas o sugeridas, cargadas de sospechas, sobre lo atractivas que son para los hombres algunas mujeres, o las insinuaciones respecto de supuestos engaños que algunos caballeros concretan por mensajes de texto o a través de las redes sociales. No pocas veces, coquetear con un hombre, en presencia de la pareja propia, puede desencadenar escenas tumultuosas en lugares públicos o privados.

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Las personas suelen ocultar la presencia emocional de los celos evitando, de tal manera, que los demás no constaten la vulnerabilidad que esa manifestación celosa puede señalar.

Sin embargo, los celos existen y alguien contribuye para que se generen. En efecto, la estrategia de provocar celos suele tener tres funciones destacadas:

-Incrementa, en el hombre, el sentimiento de que tiene una compañera altamente deseable.

-En segundo lugar, suele ser una medida indirecta del grado de compromiso que se tiene con su pareja.

-Relacionado con el anterior, el tercer punto, que suele ser el más importante, es aumentar el compromiso que se tiene con la pareja.

Pero, ¿por qué celamos? Se trata de una forma de protección de la pareja. Y este acto en sí abarca casi un sinfín de acciones; desde la vigilancia, hasta algunas “prohibiciones” de conectarse con determinadas personas. Tener relaciones sexuales frecuentemente, con la finalidad de lograr la máxima satisfacción individual y conjunta de la pareja, es algo muy común. Y muchas veces, efectivo. Una cantidad nada despreciable de mujeres confiesan que aumentan voluntariamente el encuentro sexual porque evitan de esa manera que sus compañeros vayan en búsqueda de otras mujeres. Los hombres buscan en el aumento de frecuencia del encuentro íntimo, lo mismo.

Cuando los celos producen estragos -infidelidad, búsqueda de pornografía, encuentros dudosos ocasionales o no – se atribuye, en la inmensa mayoría de los casos, a la insatisfacción sexual como la motivación principal de esa búsqueda.

También es cierto que, a veces,  los hombres terminan incitando a la pareja a compartir en grupos “swingers” la experiencia sexual. Específicamente en relación a los celos, pareciera una paradoja: meter en la cama a otra persona en un intento de aliviar la presión celopática. El resultado suele ser beneficioso, ya que una vez resuelta la curiosidad, centrarse en la pareja alivia los celos destructivos.

Por el contrario, los costos por no satisfacer determinados pedidos de los compañeros -solicitud de compartir la cama con otras parejas, por ejemplo- suelen costar caro a muchas mujeres, porque pueden perder definitivamente a sus compañeros.

Aunque la infidelidad (muchas veces consentida) es casi siempre dañina, tiene algunas veces el beneficio de la comparación en cuanto a atención cariñosa, satisfacción no completa, gustos extraños y otros elementos, que termina, a la larga, beneficiando la pareja original.

La relación sexual con otra persona suele proporcionar informaciones que, hasta ese momento, permanecían en la fantasía y “a merced” de la amenaza, el sabotaje sexual y en el contexto de una satisfacción deficitaria.

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Fuente: Dr. Juan Carlos Kusnetzoff para Psicología Positiva.

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