Cómo tratar con gente tóxica

No alcanza con poner límites o tomar distancia. Los conflictivos también nos desafían a pensar en nuestras propias actitudes para poder resolver situaciones.

Cómo tratar con gente tóxica

junio 2nd, 2016

Están en tu casa, en la oficina, entre tus amigos: las personalidades tóxicas son aquellas que te agobian con  actitudes negativas. Algunas se quejan siempre; otras, son controladoras e invasivas; las hay que viven criticando a los demás o las que son tan egocéntricas que nunca dejan de hablar de sí mismos…

¿Cómo tratarlas? ¿Cómo convivir con ellas, sobre todo cuando involucran vínculos muy próximos: padres, hermanos, amigos, pareja, un jefe?

No basta con poner algunos límites o  tomar distancia de la gente difícil para  dar por terminado el problema. Los conflictivos también nos desafían a pensar en nuestras propias actitudes, en el vínculo que entablamos y en por qué ciertos rasgos de su personalidad nos resultan tan incómodos.

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Por eso, si estás dispuesto a asumir el desafío de mirar de otra manera tu conexión con esas personas, te sorprenderá descubrir cuánto aire puro podés poner en tu forma de relacionarte con el otro y cuánto crecerán ambos en el proceso de liberarse de las “impurezas emocionales”.

Cómo tratar con gente difícil
Descubrí algunos  recursos útiles para llevarte bien con personas que ponen al límite tu capacidad emocional.

Es cierto que hay individuos de los que sólo queremos huir: todos tenemos un insoportable con el que convivir en la familia o en el trabajo. También es verdad que determinadas situaciones, como la extrema agresión, la violencia o la manipulación severa hacen recomendable poner distancia respecto de quienes se comportan de esta manera.

Pero como en muchos aspectos resultan inevitables y debemos lidiar con este tipo de formas de ser, sentimos que nos consumen la energía y  nos resulta tan difícil ponerles un límite. Estas sugerencias facilitarán tu convivencia sana con los irritantes.

Revisar las propias elecciones. En Gente tóxica, Bernardo Stamateas dice que a veces entablamos “relaciones engañosas” y nos esforzamos en llevar adelante vínculos que no nos suman. El lugar de consumir tu energía tratando de congeniar con alguien que te lastima, el primer paso es analizar si esa persona que tenés cerca es una relación valiosa para tu vida, o un lazo que no vale la pena sostener. 

¿A quién le damos voz? Sin darnos cuenta, dice Stamateas, le damos entidad a voces que no son la nuestra; así autorizamos a otros para que nos juzguen, nos critiquen o nos digan qué hacer. Hay que escuchar la propia voz y ser independiente de los mandatos de otras personas.

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El enfrentamiento directo. En Relaciones tóxicas, Lillian Glass sugiere esta estrategia para lidiar con los complicados. Ser asertivo ayuda a poner límites (“Esto que dijiste me molesta”) y provoca en terceros respeto hacia vos.  El humor también desarticula: “¿No estás cansado de tenerte cerca?”, podés espetarle a un insoportable. Cualquiera de estos dos recursos son una señal de “¡alto!” 

Comprensión y amabilidad. Si bien esta estrategia exige serenidad y autodominio, es la que Glass recomienda para utilizar con las personas tóxicas de tu entorno afectivo, a quienes amás a pesar de todo. A veces un esfuerzo de comprensión hecho desde el cariño obra milagros. 

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No justificar la hostilidad. Ser comprensivo es una cualidad; justificar el maltrato del otro es un riesgo. Hay personas, que por su historia personal, son más vulnerables al maltrato (por ejemplo, a la agresión verbal o física, a la manipulación), pero deben recordar que estas actitudes nunca están justificadas. Hay que poner límites, alejarse o pedir ayuda.

¡Con todas estas buenas estrategias emocionales, sólo podrás tener relaciones plenas y buenas experiencias con los demás!

Mirarnos de otra manera
Además de partir de la conducta del otro para disparar la autorreflexión, el especialista sugiere mirar la relación que se crea entre dos personas antes que poner rápidamente la etiqueta de conflictivo en el otro. Tal vez uno se siente criticado, pero el otro no es el crítico, sino que es nuestra forma de escuchar la palabra de los demás. También puede suceder que  uno sienta antipatía por una persona que es muy seductora, muy “entradora”, porque esto le recuerda su propio deseo o su propia dificultad para seducir, pero no porque el otro haya hecho nada con la intención de agredirnos.

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Es verdad, señala Dyzenchauz, que puede haber individuos con características muy marcadas, que los vuelvan difíciles de tratar, pero lo conflictivo, generalmente, se construye de a dos. “El otro puede tener sus rasgos, pero se sostiene en lo mutuo”, dice.  Cabe preguntarse, entonces, si junto con la idea de que hay “personas tóxicas” no puede haber una “escucha conflictiva” que perciba la agresión, la crítica o la descalificación donde no siempre la hay.

Por otra parte, si cuando estamos con alguien cuya conducta nos afecta, generamos alguna forma de intervención, es probable que nos demos – y le demos ‑ la posibilidad de cambiar: es allí cuando hacemos que una relación deje de ser complicada para abrirse a nuevas posibilidades de vínculo.

Supongamos que un amigo se queja de que siempre lo criticamos. Simplemente podemos prestar atención a cómo el otro escucha lo que le decimos y aclararle que nuestra opinión no es una crítica: esto puede bastar para que se sincere y reconozca que su dificultad es siempre sentirse juzgado por los demás.

El humor y las buenas maneras son recursos invalorables para salir de las formas de relación más arduas. A veces, para renovar el aire viciado, alcanza con animarse a dar un primer paso en la dirección de la buena voluntad y la confianza. Y quizá baste con este gesto para disipar para siempre los nubarrones de un vínculo difícil.

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