3 historias que prueban que ser mujer en China era equivalente a una vida de eterno sufrimiento

Una periodista recolectó 15 historias escalofriantes y demostró lo cruel que es su cultura.

3 historias que prueban que ser mujer en China era equivalente a una vida de eterno sufrimiento

agosto 3rd, 2016
Valeria Ortiz

Xinran Xue escribió el libro Nacer mujer en China en 1997 para develar cómo era la vida de muchas mujeres de diferentes partes de su país.

Todo comenzó en 1989, cuando la escritora tenía un programa de radio llamado Palabras de la brisa nocturna y contaba situaciones de la vida cotidiana, a la vez que daba consejos para sobrellevar los problemas más habituales.

Recolectó los 15 relatos que le parecían más significativas para plasmar en papel cómo era la sociedad machista de China.

A raíz de una carta que llegó al estudio, tuvo la idea de darle espacio a las oyentes para que contaran sus historias. Años más tarde recolectó los 15 relatos que le parecían más significativas para plasmar en papel cómo era la sociedad machista de China.

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Cuando llegó la primera carta, el programa cambió rotundamente. Desde el anonimato, cientos de mujeres comenzaron a contar sus historias de maltrato, violencia y abusos en una sociedad machista que cada vez se hacía más poderosa.

1. A ella la tenían encadenada por miedo a que se escape

“Mi estimada Xinran:

Escucho todos tus programas. De hecho, todos los habitantes de mi aldea disfrutan escuchándolos. Pero el motivo de mi carta no es contarte lo buenos que son tus programas; te escribo para contarte un secreto.

No es realmente un secreto, porque todos en mi aldea lo saben. En mi aldea hay un hombre lisiado de sesenta años que recientemente compró a una joven esposa. La muchacha parece muy joven. Creo que la han secuestrado.

Ocurre por mucha frecuencia por aquí, pero muchas de estas chicas suelen escaparse más tarde. El anciano teme que su esposa se escape y la tiene atada con una gruesa cadena de hierro. Su cintura está en carne viva por el roce con la pesada cadena y la sangre se ha filtrado a través de sus ropas. Creo que eso la va a matar. Por favor, salvala.

Hagas lo que hagas, no menciones mi carta en la radio. Si los aldeanos lo descubren, van a expulsar a mi familia.
Espero que tu programa sea cada vez mejor.

Tu leal oyente”.

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2. La estudiante universitaria que no podía enamorarse

Un día, Xinran llegó a la radio y le dieron la peor noticia: los padres de una estudiante la estaban buscando por todos lados para culparla de la muerte de su hija.

Ahí se enteró de que una joven le había enviado una carta días antes, pero ella no la había recibido a tiempo. El destino hizo que la periodista se enterara del escándalo en un minuto. Junto con los padres, llegó la segunda carta que la estudiante le había escrito, pero ya era tarde para responder:

“Querida Xinran:

¿Por qué no contestaste mi carta? ¿Acaso no te diste cuenta de que tenía que decidirme por la vida o la muerte?

Lo amo, pero jamás hice nada malo. Jamás tocó mi cuerpo pero un vecino lo vio besándome la frente y le contó a todo a aquel que quería escucharlo que yo era una mala mujer. Mi madre y mi padre están muy avergonzados.

Quiero mucho a mis padres. Desde que era pequeña mi mayor deseo fue que se sintieran orgullosos de mí, contentos de tener una hija inteligente y bonita en lugar de sentirse inferiores por no tener un hijo.

Ahora hice que pierdan toda esperanza y se avergonzaran. Pero no sé qué es lo que hice mal. Sin dudas, el amor no es inmoral ni una ofensa contra la decencia pública.

Te escribí para preguntarte qué hacer. Creí que me ibas a ayudar a darle una explicación a mis padres. Sin embargo, vos también me diste la espalda.

A nadie le importó cómo me siento. No tengo ninguna razón para seguir viviendo.

Adiós, Xinran. Te amo y te odio.”

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Aunque no logró salvar la vida de esa mujer, Xinran tuvo una idea y habló con el dueño de la radio para hacerla real: desde entonces, además de recibir cartas, el programa tendría una línea telefónica exclusiva para que las oyentes dejaran mensajes contando sus historias.

Así, un día llegó a la radio y tenía un mensaje de una mujer que vivía muy lejos y no pudo dejar de hacer pública su desgarradora historia de vida.

3. La mujer que se casó por la revolución

Un día llegó a la radio y escuchó un mensaje de una mujer que vivía muy lejos y no pudo dejar de hacer pública su desgarradora historia de vida.

Llevaba 40 años de casada pero tenía una vida que despreciaba: su marido la maltrataba y sus hijos, prácticamente, no le hablaban. Todo se remontaba a una mala decisión que había tomado cuando era joven y vivía en una casa con padres liberales, que jamás la hubieran obligado a casarse con nadie, ni a hacer algo que no le gustara.

En esa época, la sociedad china seguía los estándares de “las tres sumisiones y cuatro virtudes”: sumisión al padre, luego al marido, después a la muerte; las virtudes, en cambio, eran fidelidad, encanto físico, hablar y actuar bien y ser diligente en los trabajos de la casa.

Llevaba 40 años de casada pero tenía una vida que despreciaba: su marido la maltrataba y sus hijos, prácticamente, no le hablaban.

Con estudios en el extranjero y una mente muy abierta, los padres la apoyaban en todas las decisiones y le conseguían todo lo que ella quería. Pero cuando leyó La estrella roja y decidió unirse a la revolución, ellos abandonaron su postura liberal para pedirle que por favor no lo hiciera. No lo lograron.

“Yo era muy feliz cuando llegué al área liberada del Partido (…). Hombres y mujeres vestían las mismas ropas y hacían las mismas cosas; los líderes no se distinguían por símbolos de rango. En este ambiente, las mujeres que estudiaban eran tratadas como princesas, valoradas por el brillante espíritu y la belleza que traían consigo”.

 

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Cuando cumplió 19 años, el grupo al que pertenecía le organizó una fiesta. Ella era la única que sabía bailar, cantar, actuar y tocar instrumentos y por eso todos los oficiales se peleaban por estar cerca suyo. Nunca notó el peligro que eso representaba hasta esa noche.

“¿Estás dispuesta a hacer cualquier cosa por el Partido?”, le preguntó el líder del regimiento. Ella, sin dudarlo, respondió que sí y esperó la orden.

Mientras dormía, el oficial se metió en su cama y le tapó la boca: “Esta es tu verdadera misión”.

Esa misma noche fue trasladada al campamento regional sin despedirse de sus amigos, donde le presentaron al oficial encargado y le comunicaron que sería su secretaria, pero ella notaba que algo estaba pasando, todo era muy raro.

Mientras dormía, el oficial se metió en su cama y le tapó la boca: “Esta es tu verdadera misión”. Al otro día prepararon una pequeña ceremonia y la obligaron a casarse. “Durante mucho tiempo me pregunté como había podido pasarme aquello. ¿Cómo pude acabar casada por la revolución?”. 

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