jueves 26 de enero 2023
rey Carlos III

El detalle en el físico del rey Carlos III por el que deben modificar sus coronas

El rey Carlos III recibirá su investidura usando la famosa Corona de San Eduardo, una joya que deberá ser modificada para que el nuevo monarca pueda usarla

El rey Carlos III del reino Unido recibirá su investidura como rey usando la Corona de San Eduardo, en una ceremonia que se realizará el próximo 6 de mayo. Ante esto, la joya ha sido retirada de su emplazamiento habitual en la Torre de Londres con la finalidad de adaptarla a un tamaño adecuado para el nuevo monarca, según anunció el Palacio de Buckingham.

La histórica pieza con la que será coronado el rey Carlos III es una joya de incalculable valor la cual fue fabricada para la coronación de Carlos II, en 1661. Es el resultado de la fundición doce años antes de la joya que habían portado los reyes ingleses y británicos durante siglos.

La corona de San Eduardo, que se ha convertido en una pieza icónica, está adornada con zafiros, turmalinas, amatistas, topacios y otras piedras preciosas y semipreciosas, aparece en varios espacios representativos de la monarquía británica, entre ellos el blasón nacional del Reino Unido, el logotipo de la antigua empresa estatal de correos Royal Mail y los escudos de las Fuerzas Armadas.

https://twitter.com/RoyalFamily/status/1599163433714257920

La razón por la que deben adaptar las coronas del rey Carlos III

Todas las coronas que pertenecían a la reina Isabel II pasarán a manos de su hijo, el nuevo monarca inglés. Sin embargo, todas también deberán sufrir modificaciones en su tamaño para que puedan calzarle al rey Carlos III.

En ese sentido, las coronas deberán ser agrandadas para adaptarlas a su talla y para ello, los encargados de hacer este trabajo deberán incrementar su circunferencia y agregar algunas piedras preciosas, el proceso contrario al que se llevó a cabo cuando ascendió al trono la reina Isabel III, según han descrito medios británicos.

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La coronación del rey Carlos III, una ceremonia oficiada por el arzobispo de Canterbury, tendrá lugar en la Abadía de Westminster de Londres ocho meses después de la muerte de Isabel II.

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