2020-07-29T13:59:09-03:00

La Municipalidad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, impuso un bloqueo sanitario en la Residencia de Luz San Pedro. Sin embargo, Rossana, la dueña del geriátrico, se trasladó desde Baradero a San Pedro gracias a que el secretario de Salud de San Pedro, Guillermo Sancho, la mandó a buscar en ambulancia para saltear los controles. Y al día siguiente, envió a empleadas a trabajar a la residencia, que encima no está inscrita y sus empleadas están en negro.

Virginia Martínez, de 79 años, mi madre, estaba internada en la Residencia de Luz, de San Pedro, desde hace casi cinco años. Y, al comenzar la cuarentena, desde marzo no pudimos visitarla más, como lo hacíamos antes cada fin de semana.

Después de muchas semanas sin poder verla, el 8 de julio, nos enteramos que hubo dos casos positivos de COVID-19 en la residencia, gracias a la información que dieron en una radio local, Sin Galera. Es por eso que los evacuaron a clínicas privadas y hospitales.

Luego, el 13 de julio, y ante los resultados positivos del procedimiento anterior, un equipo de la secretaría de Salud realizó otro control de los residentes y evacuó a 11 que presentaban criterios de internación por coronavirus.

Dada la situación crítica del geriátrico de San Pedro, el organismo de Salud de la localidad instruyó a Rosana (dueña del geriátrico) a cambiar el personal. Sin embargo, envió a dos empleadas con la orden de mentir y decir que son amigas que van a ayudar para poder pasar el bloqueo sanitario impuesto. A las 48 horas, estas dos personas fueron evacuadas por presentar cuadro febril y tos al Tiro Federal, en San Pedro. Esa misma tarde, otras dos empleadas dejaron el lugar ante la falta de garantías para su salud. ¿Qué pasó con ellas? Las cuatro fueron despedidas por teléfono.

Al día siguiente, (el 14 de julio) nos reunimos con el Dr. Sancho, quien nos informó que trabajaban con el supuesto de que todos los internados en ese geriátrico estaban contagiados y que no se los podía hisopar porque la región sanitaria tenía capacidad para solo 60 análisis diarios

Dos días mas tarde, mi mamá, Virginia, presentó síntomas, ya que era contacto estrecho de Hugo, el primer infectado del lugar, y fue derivada al Hospital de San Pedro para revisarla por un cuadro de neumología. Recién allí se le hizo un hisopado, aunque no presentó criterios para ser internada. A la semana, dio positivo y fue evacuada a la clínica San Pedro. Finalmente, el día 27 fue dada de alta y nos negamos a que regrese a la residencia y fuimos autorizados por el doctor de la clínica a que la trasladáramos a nuestra casa, donde cuenta con un cuarto y un baño para ella.

Al verla, (cuatro meses después) la vimos muy desmejorada y con 12 o 15 kilos menos. Al hacer algunas averiguaciones con exempleadas del geriátrico, se nos informó que la residencia había cambiado el plan de alimentación y que los ancianos solo tomaban sopa y té con leche. Ante esta situación, me comuniqué con la dueña y le pedí los medicamentos para dos semanas y le dije que iba a terminar la cuarentena en nuestra casa. Al llegar al lugar, en la residencia ya le habían embalado toda su ropa y la televisión que le habíamos comprado para que ella pueda entretenerse. Es decir, la expulsaron de la residencia.

Además, cuando la vimos solo tenía la parte de arriba de la dentadura, un estado de abandono total y suciedad. También le perdieron sus lentes.

Ahora, me pregunto: ¿dónde están los informes de inspecciones de geriátricos? ¿Por qué hay un solo laboratorio contratado para hacer los test? ¿Por qué no se clausura el lugar, ante tantos casos de COVID-19? Mientras tanto, se juega con la vida de nuestros familiares, nuestras madres, nuestros abuelos, en medio de una situación bastante preocupante. Soy Fernando Gámiz, y quiero una respuesta de las autoridades sanitarias ante semejante desamparado de mi madre Virginia Martínez.

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