2019-11-04T18:04:57-03:00

Por Eduardo Velázquez Vaz

Bárbara de Rocco tiene varias cosas en común con otras personas trans: fue echada de su casa sólo por animarse al cambio de género, tuvo que irse de su ciudad natal debido a la discriminación, falta de oportunidades y transitó los peligros de la calle. Hoy es una mujer que escribe con el objetivo de dejar su huella y experiencia de vida de modo positivo. Así “Juana la Valiente” y “El libro atigrado” relatan en formato de cuento infantil los inconvenientes, el coraje y la felicidad final de ser libre.  En esta charla con TKM contó cómo construyó sus dos libros infantiles y repasó el camino que atravesó para lograrlo.

Bárbara se crió en la ciudad de San Nicolás en una familia que se puede definir como “tradicional”. Fue a un colegio que la marcó y dentro de su núcleo familiar recibió la censura paterna con severo autoritarismo. En la adolescencia se agudizaron los problemas con su progenitor: “Cuando empecé a comprarme mis cositas (ropa femenina), mi papá entraba a mi pieza y me las tiraba. No podía tener ni una bombacha, literal”. 

Creó libros infantiles para relatar historias de diversidad de género - Imagen 1

A los 18 años fue echada de su hogar cuando decidió comenzar su transición paulatina. A eso se sumó que su mamá enfermó de cáncer, hecho que hizo que la mala relación con su padre se profundizara.  “El problema era conmigo siempre. Mi mamá vivía encerrada en una habitación por los tratamientos, y creo que eran los momentos en los que mi papá más aprovechaba para desquitarse conmigo. Un día por una pavada (le había cortado el pelo a su hermano), le agarró una locura y me dijo que me vaya de mi casa”.

“No se puede contar por fuera lo que se vive por dentro. Cuando vos sos un cuerpo, cuando sos andrógino, cuando no se sabe que sos nadie te da trabajo. No existía ley de identidad de género, ni ley de matrimonio igualitario. Lo único que agradezco es la educación que tuve, saber inglés.; pensá que hay chicas que las echan de su casa a los 12 o 13 años”.

Libro atigrado

“El libro Atigrado“(2014) nació de la necesidad de contar su vida, sus problemas, el rechazo de su familia y la sociedad; un factor en común con muchas trans que se vieron y ven forzadas al mundo de la prostitución por la falta de posibilidades. “Yo quería contar lo que me pasó y que no le pase a nadie más”, comenta.

“El tema era contar como la pasábamos nosotras, entonces hice una historia de un gatito que quería transformarse en tigre. Para no caer en el cliché de un ‘el nene que se hace nena’ porque yo también lo quise meter por el lado de la docencia, de la educación sexual o las charlas… Y si yo caigo con un libro de un nene que “se hace nena”, yo siendo trans. Imaginate con todos estos movimientos que hay (dice en referencia a  los movimientos pro vida y por los abolicionistas de la educación sexual en escuelas). Es la excusa perfecta de la derecha de que vos andás queriendo transformar a la gente”, explica.

Barbará comenta que quiso hacer un mensaje camuflado para que lo lea cualquiera y lo entienda. Así, creó un gatito que vivía en un pequeña aldea, en alegoría a San Nicolás, que de pronto ve la aldea de los tigres que encarnan a sus amigas trans de San Nicolás que fueron sus referentes. Así el personaje del gato comienza a relacionarse y a frecuentar la aldea de los tigres – esta especie de lugar prohibido-  hasta que se entera su padre y lo echa del pueblo. 

De esa manera, comienzan los periplos del gatito que deambula por la selva y que se da cuenta que en la isla de los tigres tampoco es tan bien aceptado. Es en esta parte donde Bárbara cuenta: “Existe ese bastardeo y trato medio feroz por la condiciones de belleza y de estatus en las zonas rojas. Esa revalidad entre las mismas trans, es lo que quise reflejar en el libro también”.

“El libro tiene un final feliz, porque lo sentí también yo había vuelto a San Nicolás; termina con un mensaje de aceptación hacia el otro. Aunque muchas veces el final real de la historia (de las trans), no es feliz”.

No todo es color de cuentos

Bárbara explica  que el libro fue auto gestionado en base a sus  ahorros y que solo recibió ayuda de una compañera de Rosario. “Al principio pedí ayuda a organizaciones LGTBIQ y otros espacios, pero algunas no quisieron darme una mano o no pudieron.  Después con el libro ya impreso volví a las organizaciones para pedir la difusión, quiero una foto del libro, una nota, para explicar el libro como una manera didáctica y lúdica de entender a una persona trans. Lamentablemente no  tuve apoyo. La peor decepción fue la respuesta editora de Pagina/12 que dijo que la historia no vendía”, expresa.

Juana, la valiente

La inspiración de ese segundo libro infantil es Pablo, un amigo de Barbie que trabaja en un hogar de chicos huérfanos, muchos de ellos portadores de VIH. Muchos esos chicos mueren cuando tienen que dejar el hogar a los 18 ya que no tienen familias y, están acostumbrados a tener una asistencia en cuanto al seguimiento de la medicación. Esa situación que algún día le sirvió como de inspiración para crear a Juana, una nena promedio, un personaje que Barbara “no quería que sea morocha, ni de barrio, ni pobre, ni trans” por el tema de la problemática del  estigma y para mostrar que las enfermedades no tienen clase social. 

“Juana es una nenita, que va al médico con su mamá, que incentiva a los chicos a cuidarse, que toma sus remedios. Es una historia de prevención, de promoción de la salud, para que toda la gente tome conciencia del cuidado personal”, explica.

Mejor sí hablar de ciertas cosas

Durante la entrevista Bárbara también comentó la realidad sobre la prostitución en las calles, la discriminación,  y los problemas que atraviesan las chicas que la practican. Además abordó anécdotas sobre violencia machista en las calles, sobre los clientes y sobre el flagelo de las operaciones clandestinas.

“Había una chica que se llamaba Araceli que murió por inyectarse siliconas clandestinamente. Fue en la segunda “puesta”. Y sabés lo triste que es que ni siquiera sabía cómo se llamaba la chica (por su nombre real), no había ley de identidad, no sabíamos cómo se llamaba, y ese cuerpo terminó en la Facultad de Medicina para experimentos, ¿entendés? Un NN porque ni siquiera la chica sabía dónde estaba, y tampoco creo que la familia se hubiese interesado en reclamar”.

En la actualidad participa de charlas de ESI en colegios contando su experiencia de vida, lo cual es una prueba de su tenacidad para salir adelante y sus ganas de dejar algo positivo de sus experiencias de vida.