2019-07-16T12:04:39-03:00

Por Mara Resio

Una casa de color verde claro, pero intenso, en la esquina de Robertson y Avenida Asamblea, en el Bajo Flores, llama la atención. En la cochera vacía que da a la calle hay un perro que ladra y salta sobre su dueña. Mueve la cola cada vez que el agua de la manguera cae sobre él. Son las dos de la tarde del sábado 24 de diciembre de 2016. La Nochebuena se aproxima y el calor sofoca. Madre e hija, de origen coreano, caminan por la vereda de enfrente, donde las protege la sombra. Dos jóvenes pasan con una moto. El conductor frena y el acompañante desciende del vehículo con un arma en la mano. Apunta a las mujeres y les exige sus carteras. La vecina de la casa verde ve el forcejeo, abraza a su perro y se esconde detrás de las macetas. Escucha un pedido desesperado:

— ¡Alto, policía!

El grito proviene de un Renault 19. El conductor, Enrique Aguinaco, acompañado por Brian, su nieto, avanza en contramano hacia los ladrones. El chico que había robado las carteras no supera los 16 años.  En cuestión de minutos le dispara al auto y se sube a la moto. Son dos disparos. Uno termina con la vida de Brian Aguinaco.  

La moto se esfuma. La villa 1-11-14 los recibe.   

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A unas cuadras del cementerio de Flores y a otras pocas de la villa 1-11-14 hay una pequeña plaza, ubicada en Santander y Juan del Castillo. Árboles de tronco grueso repletos de hojas rodean las mesas y sillas de cemento, los toboganes y hamacas. En una esquina del parque hay un cartel: “Plaza Brian Aguinaco”. Debajo, una placa que dice: “En memoria de Brian Aguinaco, porque nos hiciste conocer el amor verdadero, hoy y siempre en nuestros corazones. Mamá y Papá. 30-10-2002 – 26-12-2016”. Antes era la Plaza Don Segundo Sombra. Desde la muerte del adolescente de 14 años, todo intenta cambiar en el barrio.

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A casi tres años del asesinato del joven, el caso continúa vigente en los medios de comunicación. Los diarios que dieron mayor repercusión al tema fueron La Nación y Clarín. Sin embargo, la primera noticia no la brindaron dichos medios sino Infobae, al día siguiente de producido el hecho: “Motochorros balearon en la cara a un chico de 14 años en Flores: está grave”.

La posterior muerte del adolescente, el reclamo de los vecinos por mayor seguridad ante la comisaría 38 del Bajo Flores y el debate por la baja de imputabilidad (ya que Brian fue asesinado por un chico de 15 años inimputable) hicieron que el caso tuviese gran repercusión mediática. Dicha repercusión llegó a la política.

En ese entonces, el Ministro de Justicia nacional Germán Garavano dio una conferencia de prensa en donde declaró que los jóvenes de 15 años deben tener la responsabilidad de un adulto en los casos de delitos graves. Y esa misma semana –en su primera conferencia de prensa en 2017–, el Presidente Mauricio Macri manifestó que “merecemos discutir el código penal juvenil”. Ya en marzo de ese mismo año, el titular de la cartera de Justicia expresó que existe la posibilidad de reducir la imputabilidad desde los 14 años para delitos graves, como homicidios y violaciones, y a partir de los 15 para otros delitos como robo con armas.

Por su parte, Fernando Aguinaco contó: “Nosotros estamos peleando por la baja de imputabilidad a 14 años. A esa edad, si agarras la pistola sabés lo que va a pasar. Mi hijo tenía 14 y sabía muy bien las cosas que hacía. Sabía lo que estaba mal y lo que estaba bien”.

“Los medios nos trataron siempre de primera, con respeto. Sin ellos no se podría haber visibilizado el caso”, afirma Aguinaco. Diferencia lo que le pasó a su hijo con el resto de los casos que no fueron tratados por la prensa. Continúa sentenciando: “A muchos padres les pasa que al asesino de sus hijos lo ven caminar por la puerta de sus casas todos los días. Ahora gracias a lo que pasó con Brian y a la gente que se sumó al pedido para que se baje la edad de imputabilidad –de 16 a 14 años–, pudieron mover sus causas y empezaron a aparecer en los canales de televisión”.

Crónica de la muerte de Brian Aguinaco - Imagen 1

— Antes de lo que le sucedió a Brian, ¿se hubiese puesto a pensar en la  modificación del régimen penal juvenil?

— Sinceramente, no. Aunque veía los casos de delincuencia en la televisión, nunca pensé que iba a vivir una situación así y menos con un hijo. Nunca se está preparado para despedir a un hijo.

Fernando solo mira los noticieros mientras desayuna o cena y en su lugar de trabajo lee notas en portales web. Confiesa: “Encontrarme con la noticia de Brian en los medios fue chocante. Ver una foto de él y mía en los diarios, salir yo en la prensa y que me hablaran del tema era muy incómodo”. Las fotografías que tenía en su Facebook fueron publicadas por la prensa, ya que su perfil era público. Por lo tanto, decidió ponerlo privado para que no se viralizaran más las imágenes. No solo sintió el apoyo de los medios argentinos sino también de los extranjeros. Y todavía hoy sabe que dispone de espacios para hablar de su hijo. Cada vez que sucede un caso parecido al de Brian, los periodistas lo llaman, explica.

Robos vs homicidios

Los delitos contra la propiedad son los más comunes entre los jóvenes, según el Centro de Admisión y Derivación de Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal de la Ciudad de Buenos Aires (CAD). Sus registros arrojan que el 53,5% de los ingresos es por robos sin el uso de armas. De ese porcentaje, el 44,6% comete robo en grado de tentativa, es decir no se consuma el delito.

En 2016 entraron al CAD seis adolescentes por homicidio doloso: dos de 16 años, tres de 17 y uno de 15. Este último, inimputable por su edad, es el acusado por el crimen de Brian. Una de las testigos de este caso, Celeste Rixner, dueña de la casa de color verde, dice que los “adolescentes drogados” roban a diario en el Bajo Flores. “No estaciono más el auto en mi cochera porque varias veces intentaron asaltarme. Una vez me puse a correr alrededor del auto mientras el ladrón me perseguía. Por eso tenemos un grupo de Whatsapp entre los vecinos para avisarnos si estamos llegando a nuestras casas o coordinar para lavar los autos en el mismo momento. Ese día tomamos las calles. Implícitamente les decimos a los que nos intentan robar que las calles son nuestras en ese rato”.

Los residentes del barrio fueron los que llamaron a los medios para que cubrieran el caso de Brian. Según sus testimonios: “La prensa hizo una buena cobertura porque apenas les avisamos vinieron”. En diciembre de 2016, a través de las cámaras de televisión, el resto de la sociedad se enteraba de que la comisaría 38 había sido tomada por los vecinos que pedían justicia por el adolescente fallecido. Su padre, Fernando Aguinaco, confirma que siempre hubo arreglo entre los policías y los ladrones: “Me llegaron audios de policías, con nombres y rangos, que liberaban la zona”. La cúpula policial fue destituida.  

Crónica de la muerte de Brian Aguinaco - Imagen 2

Desde la “pueblada” –así lo llama Fernando– que hicieron los vecinos en la comisaría, se reúnen una vez por mes allí para plantear las necesidades que tienen. Siempre piden por más efectivos que patrullen. “Pusieron más policías en las calles después de lo que le pasó a mi nene, pero igual siguen robando”, afirma Fernando.

Ellos y nosotros

La sociedad no se cuestiona qué le pasó a una persona para llegar a delinquir. Aunque al momento de tomar esa decisión, aquel sabe que tiene tres finales posibles: morir, ser detenido o volver a su casa. En esto concuerdan Fernando Aguinaco y Martín Bustamante, preso con irrupciones desde los 19 años –en ese entonces era menor de edad, ya que la mayoría corría desde los 21–.

Al igual que Aguinaco, Bustamante considera que no existe el supuesto fin resociabiliazador que en teoría ofrece la cárcel. “Me parece que aquel ‘re’ que se le pone a la palabra ‘sociabilizar’ es un agregado del statuo quo. De qué sociedad me hablan si yo nunca estuve en otra sociedad que no fuera el mundo carcelario. En la sociedad en donde nací no me dieron herramientas para vivir de otra manera”. Bustamante se crió en José León Suárez, Provincia de Buenos Aires. En esa misma localidad bonaerense se encuentra la Unidad Penitenciaria N°48; allí cumple su condena de 16 años por robos reiterados, le faltan dos años para cumplirla. El poeta, que hasta dio una charla TED, es docente principal del Taller de Poesía del Penal y está terminando su tercer libro.

“El Estado no tiene los medios para reinsertar a un adulto que delinque, menos capacidad tiene para reinsertar a un menor de edad”, dice Aguinaco. A quince cuadras de donde balearon a su hijo se encuentra el Instituto de Menores San Martín. Según Aguinaco, “se viven escapando” y “salen peor que cuando ingresaron”.