2019-06-06T11:34:13-03:00

Por: Bárbara Simeoni

Los cuentos de terror, las películas y los medios configuran la figura de un pedófilo o pederasta como alguien que aparece allá afuera, de noche, tras un largo día de estar frente a la computadora, operando en la oscuridad de su casa.

Sin embargo, la evidencia demuestra todo lo contrario. Según el licenciado en Psicología Guillermo Lencioni, el 80% de los casos de abuso infantil se da en el interior de la familia, siendo los principales perpetradores los padres o padrastros. Esto significa que, contrario al miedo que se genera de la puerta para afuera, estos se encuentran, en su mayoría, en la propia casa.

Radiografía de la mente de un pedófilo: “Ser pediatra fue su mejor máscara” - Imagen

“Los que suelen perpetuar un acto de violación a un menor son señores a pie, en su mayoría varones, gente que la sociedad llamaría ‘de bien’. Van a misa, se confiesan, son atentos y cuidadosos con los niños”, describe el psicólogo. “Uno siempre piensa en el pedófilo como alguien malo, feo, que se le nota, pero en realidad son gente respetada, con cierta fama o poder y que ese poder mismo lo encubre”.

De todas formas, hay que comprender que pederasta y pedófilo no son lo mismo: “Pedófilos son los adultos que se sienten atraídos eróticamente por un niño. Pederasta es quien viola a un menor”, define.

En el caso de Ricardo Russo, el médico del Garrahan, ser reconocido, una persona de renombre y una eminencia en la medicina le dio la soltura necesaria para terminar haciendo lo que quería hacer: abusar de la relación de poder desigual de médico-paciente para seguir conformando una red de pedofilia. Según la Justicia, descargó más de 270 videos pornográficos infantiles.

Radiografía de la mente de un pedófilo: “Ser pediatra fue su mejor máscara” - Imagen 1

Para Lencioni, esto es claro: “Ser un pediatra del Garrahan fue la mejor máscara que pudo tener un pedófilo o pederasta. Usan el lugar de poder porque nadie va a sospechar de ellos”.

Por ello, cree que lo primero que hay que erradicar es la manera en que nos referimos a ellos: “Tenemos que dejar de llamarlos monstruos. No tienen esa fachada: son profesionales, gente bien vestida y simpática”.

Si bien todavía falta por esclarecer si Russo consumía, producía o generaba contenido -una última investigación arroja que dos fotografías fueron sacadas en las inmediaciones del Garrahan- existen rasgos psicológicos en común entre los pederastas y pedófilos.

Rasgos psicológicos de los pedófilos y pederastas

En el caso del médico, encontraron una gran cantidad de fotos y videos con imágenes que muestran desde bebés de seis meses a varones adolescentes. Para Lencioni, tanto los que consumen como los que producen estos contenidos tienen rasgos en común:

“Si bien algunos hablan de infancias traumáticas, no todos los que tuvieron una infancia traumática se transforman en pedófilos, pederastas o agresivos”, afirma. Y continúa: “Te tienen que gustar los menores, importar poco lo que siente un menor y generar esta idea de que vos hacés algún bien. Casi todos tienen esta cosa de ‘él se lo buscó’”.

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También existen perfiles individuales que pueden responder a maneras de actuar diferentes: “Están los que lo hacen por placer propio o los que forman una red, como parece ser este médico. Puede hacerlo por placer o porque vio el negocio, donde lo usa como una herramienta para algo”.

El placer sin importar lo que siente el menor es la pieza clave para comprender si se trata o no de una enfermedad psicológica. Lencioni reconoce diferencias entre los pedófilos y los pederastas: “Desde afuera ambos son gente común y corriente, pero existen ciertos grados de psicopatía. En el caso del pederasta viven con poca culpa, son poco empáticos. En cambio, el pedófilo puede sentir algo de angustia, esta cosa de angustiarse al sentirse atraído por alguien menor”.

En este caso, es importante entender que estamos hablando de un delito y que, por ende, no son tomados como enfermos desde el aspecto legal: “Ellos tienen conciencia de que es un delito. En el derecho penal, alguien se puede declarar inimputable porque no tiene conciencia de que lo que se está haciendo está mal, pero en este caso y por mi experiencia, saben muy bien qué es lo que hacen”, define.

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Lencioni ha estado en contacto con pedófilos y pederastas en su clínica. Conoce en primera persona los argumentos que otorgan y que los alejan de sentir culpa: “Tienen consciencia de que está mal, pero se las ingenian de alguna manera para justificar sus actos”. Le decían: ‘Bueno, pero no tenía 10 años, era más grande’, ‘Está bien, lo hice, pero me seducían’”, cuenta. Una vez más, son los otros – en este caso, los más chicos- los propios culpables de sus actos delictivos, actos que reconocen como impropios.

Tienen consciencia de que está mal, pero se las ingenian de alguna manera para justificar sus actos

Para el profesional, es clave brindarles herramientas a los más pequeños y, en ese camino, es importante que se cumpla la ley de Educación Sexual Integral, vigente desde el 2006: “Hay que hacer hincapié ahí. Los niños y niñas tienen que tener herramientas para desenmascarar y desocultar a un pedófilo, porque lo que hacen estos hombres es hacerles creer a los niños que ellos tienen algo especial, algo en común y que a partir del momento de ejecutar el acto forman parte de un secreto que no debe ser contado a los otros”.

Pedofilia en Argentina: los números que alarman

Argentina se encuentra en el top ten mundial de países que consumen pornografía infantil. En primer lugar se encuentra Estados Unidos y Brasil, según reveló Enrique del Carril, director del Centro de Información Judicial (CIJ).

En el año 2018, Diputados aprobó una ley para elevar las penas en caso de tenencia de pornografía infantil: se prevé una pena de 3 a 6 años de prisión, puede llegar a 9 años si se trata de menores de 13 años. En dicho marco, Graciela Burgos, presidenta de la Comisión de Legislación Penal e informante del proyecto reveló que el material pornográfico de menores deja en Argentina una ganancia aproximada de “250 millones de pesos anuales”.

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No es un detalle menor, teniendo en cuenta que la Justicia porteña firmó en el año 2013 un convenio con el National Center of Missing and Exploited Children (NCMEC) para enviar reportes a través de información recaudada en Facebook, Twitter o Gmail. Solo tres años después de ese convenio, se encontró que en Argentina hubo más de 19 mil casos reportados, de los cuales un 45% se concentraba en la provincia de Buenos Aires.

A partir de 2018 WhatsApp fue incluido dentro de sus estudios, ya que parece ser ahora la vía más práctica para seguir cumpliendo estos tipos de delitos.