2019-04-26T18:04:48-03:00

Por: Eduardo Velázquez Vaz

Situado en el primer piso de un edificio antiguo de la Avenida Scalabrini Ortiz en el barrio de Palermo, funciona el Archivo de la Memoria Trans como un espacio donde se cristaliza el proyecto que nació de un grupo privado de Facebook. En ese grupo, personas trans argentinas compartían vivencias y recuerdos de varias décadas atrás. Son recuerdos de un pasado de clandestinidad y violencia, pero también de compañerismo, lucha y supervivencia. Allí, de la mano de Belén Correa surgió la idea de materializar el Archivo de la Memoria Trans.

En la actualidad y desde hace más de 5 años, el Archivo de la Memoria Trans restaura, conserva y digitaliza imágenes fotográficas para visibilizar y recordar a las compañeras que se fueron y también a las que están. En un amplio departamento que comparte con una asociación, se aloja el archivo que cuenta con más de 10 mil imágenes. Las temáticas son varias: épocas de carnavales, reuniones, fotos de las que militaban por sus derechos, imágenes de marchas, de activistas LGTBIQ y de momentos personales.
Uno de los objetivos del archivo es la inclusión laboral del colectivo, y que las personas trans que se acerquen aprendan el oficio de la conservación y digitalización de imágenes. Además, emprenden el armado de muestras de fotografía que ya recorren distintas partes de nuestro país, como “Retratos y Carnavales” que se inauguró el pasado 16 de abril, y que se encuentra en exposición en el Cultural San Martín con entrada gratuita.
El equipo de trabajo está conformado por María Belén Correa, Magalí Muñiz, Carla Pericles, Ornella Vega, Carlos Ibarra, Cecilia Estalles, Florencia Aletta, y Cecilia Saurí. Usan guantes por la suciedad (hongos, tierra) que tienen las fotos, y además para no manchar con huellas las fotos ya tratadas. Profesionalmente realizan un trabajo de restauración, conservación y archivo del material fotográfico.
“Estamos tratando de organizarnos y con el asunto del archivo estamos aprendiendo un montón porque nosotras no sabíamos de computación. Eso nos facilitó que nosotras accediéramos a la computación (y otras cosas), y estamos trabajando en la memoria para dejar también nuestras vivencias”, comenta Carla María Pericles, miembro del colectivo y una de las grandes donantes del archivo.

Años de lucha inmortalizados

“Yo tengo 66 años y pasé todas, todas. Entonces se van guardando nuestras cosas y eso se queda en el archivo y también para que sepan que lo que se ganó hasta ahora no fue fácil”, agrega.
En el 2018, el archivo ganó el premio Ibermemoria del “Programa Ibermemoria Sonora y Audiovisual “, que depende de la Secretaria General Iberoamericana y es patrocinado por la Secretaria de Cultura de México. “Con ese dinero pudimos comprar equipamiento, pero no va para el sueldo de las compañeras”, comenta Cecilia Estalles, una de los miembros fundadores del archivo y fotógrafa del colectivo.
“Le pagamos el sueldo a las conservadoras que nos capacitan a nosotras, pudimos comprar los materiales para las guardas, los escáneres, las computadoras, las cámaras de fotos”, comenta otra de las mujeres que trabaja poniendo en condiciones las imágenes.
En ese sentido, el premio solucionó en parte la provisión de equipamientos específicos para el trabajo de conservación y preservación documental, además de la formación que el programa les proveyó. “Respondemos a las normas de catalogación mexicana que tiene que ver con Fernando Osorio”. Él nos enseñó el sistema de archivístico, pero hay cosas (materiales) lógicas y propias de cada archivo”.

Archivo de la Memoria Trans: un espacio para visibilizar el presente y recordar las luchas - Imagen 1

Financiación del Archivo

Uno de los grandes problemas que tiene el Archivo de la Memoria Trans es la financiación para los sueldos y las cuentas corrientes. Es por eso que las personas que trabajan en el archivo, venden pines y bolsas de tela pintadas con diseños originales del Archivo.
“Nosotras somos independientes, no tenemos ningún donante, hacemos pines, vendemos esto o aquello, o si hacemos charlas; también para sobrevivir nosotras. Tenemos unos sueldo. Yo soy jubilada domestica así que no llego a diez mil pesos por mes, Magalí tiene una pensión no contributiva y gana menos que yo; así que tratamos de sobrevivir con eso”, explica Carla María.

Archivo de la Memoria Trans: un espacio para visibilizar el presente y recordar las luchas - Imagen 2

Sobre los avances en los derechos de la comunidad trans, Teté, una de las recientes incorporaciones del Archivo nos cuenta: “En mi caso, una no se imaginaba que podíamos llegar hasta esta instancia o ver las cosas que ve (refiriéndose al avance en los derechos de las personas transgénero). Si yo miro para atrás digo: ‘Uy cuanto terreno hemos ganado’. Faltan muchas cosas por hacer seguramente, pero dentro de todo, hacemos todos los días; cada una de nosotras va haciendo el camino”.
“Yo veo que las chicas de ahora están más despreocupadas. Antes tenías que cuidar mucho el detalle, cuidar de pasar lo más femenina que pudieras, porque realmente la policía y si no la misma sociedad te señalaba y decía ‘allá hay una’, te agarraban de los pelos y te encerraban 30 días. Ahora no, la diferencia es que ahora son libres.
Por otra parte Magalí Muñiz cuenta que lo que ve sobre las nuevas generaciones es que estas tienen mayores posibilidades. “Aunque (…) falta mucho, avanzamos un montón; a comparación de lo que pasé yo y otras compañeras”.
Algunas de las mujeres que trabajan en el Archivo de la Memoria Trans se denominan sobrevivientes. La razón: un largo camino de lucha, en el que la marginalidad y la violencia social e institucional con el colectivo trans se llevó cientos de vidas. En ése sentido, el Archivo de la Memoria Trans es un arma de visibilización, de crecimiento y de proyección hacia el futuro para todas las personas que sufren o sufrieron la violencia y la discriminación.