2019-01-23T10:36:49-03:00

Por: Bárbara Simeoni

Poco se habla de los métodos anticonceptivos en los hombres. Poco se habla de la responsabilidad de los hombres en un embarazo no deseado. Menos que menos se menciona la palabra vasectomía como una posibilidad remota para evitar la concepción.

En cambio sí sabemos lo que son las pastillas anticonceptivas, los DIU y los chips hormonales. Se las empuja a las niñas a una primera cita con el ginecólogo en pos de recibir información de esta índole. Parecería que existe un solo camino para ellas: las de regular su propio goce y, por ende, su cuerpo.

Decidió realizarse una vasectomía y compartir su historia - Imagen

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Se baraja la posibilidad de lanzar pastillas anticonceptivas masculinas, pero poco se habla de ello. No es anormal, teniendo en cuenta que el 66% de los hombres afirma que definitivamente no probaría ningún método anticonceptivo, contra un 36% que sí, según un estudio de Heath Line. A los laboratorios no les sirve promocionarlas, porque nadie las compraría ni las consumiría. A los hombres no les conviene ingerirlas, porque eso significaría alterar su cuerpo y someterlo a cambios hormonales.

Sin embargo, existe la vasectomía. Este procedimiento es de acceso gratuito en Argentina y se realiza a través de una cirugía sencilla en los conductos deferentes que transportan los espermatozoides del testículo al pene. Es, por supuesto, para todo aquel que no quiera ser padre o volver a serlo, pero no previene de enfermedades de transmisión sexual.

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Joan Manuel Gorga es arquitecto y tiene 40 años. Desafió los prejuicios y decidió, contra todo pronóstico -y círculo social también- realizarse una vasectomía: “Tengo una convicción sólida de que no deseo tener más hijos”, explica por enésima vez. No es la primera vez que lo hace: desde que con su novia hablaron de la posibilidad de someterse a este procedimiento se enfrenta al dedo inquisidor de una sociedad que rechaza la intervención del cuerpo masculino.

Sin embargo, él no estuvo exento de esos mismos pensamientos: “En el momento en que lo decidimos, lo primero que hice fue averiguar sobre métodos anticonceptivos para ella porque era lo habitual y lo que venimos mamando de la sociedad patriarcal”, explica. “Pero cuando vi los números de la cantidad de ligaduras de trompas comparadas con la vasectomía me asombré y decidí actuar en consecuencia a mis convicciones”.

Los números de los que habla son claros: de cada 20 ligaduras de trompa que se realiza una mujer en Argentina, hay 1 solo hombre que se somete a una vasectomía. ¿Las razones? Prejuicios y desinformación.

Joan todavía se acuerda de la primera vez que escuchó la palabra vasectomía en su casa. Tenía alrededor de 20 años y todo lo que giraba alrededor de esa palabra era algo horrible y necesario de evitar: “Recuerdo que el único caso que conocí fue hace como 20 años o más, un familiar lejano lo había hecho y los comentarios que oía de los adultos que me rodeaban eran todos negativos, lamentaban que lo hubiera hecho”, detalla. Todo lo que sabía y la imagen que tenía del procedimiento en su cabeza era terrorífica y de arrepentimiento. Como él mismo define: “Se desconoce el tema, pero también hay pocas ganas de conocer más”.

Cómo se realiza una vasectomía

Tras meses de buscar información, Joan finalmente se decidió: “Tanto en las prepagas como en la salud pública el procedimiento es gratuito. Se consulta con un urólogo, en donde te realizan una serie de preguntas -si tenés hijos, tu edad y por qué tomás esa decisión- y luego te hacen exámenes prequirúrgicos”, explica.

La operación en sí consta de dos incisiones pequeñas en el escroto, a través de las cuales se cortan los conductos deferentes que transportan los espermatozoides del testículo al pene. No es necesaria una intervención en el quirófano, tal como lo especifica la doctora Sol Ferreyra en su cuenta oficial:

“La técnica de LI -como se la llama el procedimiento- se puede hacer en un consultorio sin bisturí, sin hospitalización ni internación, dura aproximadamente 10 minutos, lleva anestesia local y el paciente retoma su rutina en 48 horas”, explica.

Decidió realizarse una vasectomía y compartir su historia - Imagen 1

Joan da fe de ello. Para él, fue un procedimiento sencillo: “Se hace con anestesia local y una leve sedación, en unas horas ya salís caminando y en unos días hacés vida normal, no duele, molesta un poco, pero nada que no pueda soportarse”.

“¿Y si te arrepentís?”

Joan recibió todo tipo de comentarios desde que decidió realizarse una vasectomía. Los hombres juzgan su decisión con la misma fuerza con la que se reproducen mitos sobre este procedimiento: “Cuando decidí hacerlo se lo conté a cuanto hombre pude. La respuesta más oída fue: ‘Vos estás loco, a mí no me tocan nada ahí’, ‘¿Y si te arrepentís?, ‘¿Y si más adelante te separás y conocés a otra mujer más que quiere? También los chistes fáciles: que me voy a ‘volver’ medio homosexual (como si eso fuera algo malo), que voy a cantar como Farinell…”, enumera.

De ese modo, se configura la idea de que se es “menos macho” por someterse a este procedimiento y, con él, “menos viril o masculino” y que, por ende, se pierde el apetito sexual. Joan cree que es importante desmitificar estas etiquetas: “Llevo una sola semana de operación y no me ha cambiado en nada mi apetito sexual. De hecho, todo lo contrario: mejora los encuentros sexuales porque relaja, además de que no hay que pausar para colocarse el preservativo o frenar la eyaculación, dependiendo el método de anticoncepción que utilices”.

Para Joan, se trata de ver más allá: “No solo no me sentí menos viril, sino que me siento más humano al realizar una decisión basada en mis convicciones”.

Ellas sí, ellos no

Joan cree que es importante acercar información a otros hombres para no dejarse enceguecer por los prejuicios ni lo impuesto. En esto, la ley de Educación Sexual Integral -vigente desde el año 2006-, es una pieza crucial para brindar conocimientos y despojar mitos que se traspasan de generación en generación.

“Me han comentado que algunos médicos han llegado a sugerir a otros hombres que sean las mujeres las que se practiquen la ligadura”, cuenta Joan, no muy sorprendido. “Es el machismo del que hablaba: la responsabilidad la cargamos a las mujeres. Y necesitamos una ley urgente: para desmitificar, pero también para concientizar a los hombres de que tenemos unos privilegios que no pedimos”, sentencia.

Por eso decidió compartir su historia. Sabía que si contaba su propia experiencia, otros hombres recibirían el último impulso para desprenderse del rol que la sociedad configuró en ellos: “Con el tuit noté como muchos hombres están tomando conciencia, consultando sinceramente, sin la necesidad de hacer un chiste fácil. También noté un cambio desde que efectivamente lo hice: quienes se agarraban la cabeza o me hacían bromas por mi decisión dejaron de hacerlo”.

Y finaliza, con un mensaje para todos los hombres que siguen sujetos a una idea arcaica de la masculinidad: “Háganse cargo. La anticoncepción es responsabilidad de ambos y no podemos seguir obligándolas a que sean ellas las que tienen que introducir medicamentos en sus cuerpos. Y entendamos que son ellas también las que deben llevar en el vientre un hijo 9 meses y en algunos casos criarlos solas. Seamos más empáticos”.

La anticoncepción quirúrgica es un derecho de todas las personas. La ley 26.130 reconoce la anticoncepción quirúrgica como un método anticonceptivo. Se debe: recibir información clara y completa en un espacio de consulta adecuado, ser mayor de edad (en materia de salud es a partir de los 16 años) y firmar un consentimiento escrito. No hace falta: haber tenido hijos previamente, llevar una autorización judicial, tener el consentimiento de tu pareja o un examen psicológico.