2018-07-24T18:47:21-03:00

Por: Patricio Zunini

Si hiciéramos un experimento y cerráramos los ojos tratando de recuperar la figura del científico que guardamos en la memoria, seguramente la mayoría de nosotros pensaría en el hombre de guardapolvos blanco, un poco despistado, completamente despeinado —o al revés: peinado con raya al costado y gomina—, con anteojos de marco oscuro y el apellido bordado en el bolsillo izquierdo donde lleva una calculadora y biromes de distintos colores. Pero: ¿y si ahora pensáramos en la figura de una científica?

Les propongo otro experimento. Hagamos una lista de los grandes científicos de la historia. Con toda justicia podremos mencionar a Newton, Einstein, Niels Bohr, Planck, Tesla, Stephen Hawking. Y si fuéramos más atrás en el tiempo podríamos incluir a Galileo, Copérnico, Kepler… Pero: ¿podríamos hacer una lista de las grandes científicas de la historia? ¿Podríamos nombrar al menos a una que no fuera Marie Curie?

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Gabriela González, líder en Física: “La historia de la mujer en la ciencia tiene muchísima discriminación” - Imagen

Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana

Gabriela González es una física cordobesa que desde hace años se dedica al estudio de las ondas gravitacionales. Es investigadora en la Universidad de Luisiana (EE.UU.) y participa en el proyecto de colaboración científica llamado LIGO (acrónimo de “Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory”), del que fue líder hasta el año pasado —el cargo se renueva cada dos años con el voto de sus integrantes— y dirigió de las tareas de más de 1000 científicos de 100 instituciones en 20 países. En 2016, la revista Nature la destacó como una de las científicas más influyentes de la actualidad.

Con un presente brillante, el camino, sin embargo, no siempre fue fácil. Y no particularmente por la dificultad del objeto de estudio. “La historia de la mujer en la ciencia tiene muchísima discriminación, muy explícita”, dice González en diálogo con TKM. “A veces, o no se les pagaba o directamente no se las admitía en las Academias de Ciencia. Se pensaba que era posible demostrar científicamente que las mujeres no podían hacer ciencia. Esto parece muy retrógrado y muy antiguo, pero yo, estudiando en la universidad, escuché a profesores diciendo que las mujeres no servían para hacer Física”.

Una vez un profesor, cuando se enteró que no tenía hijos, le dijo “Vaya y préñese”. Qué pensará ahora ese hombre, al saber que González integra el equipo que ganó el Premio Nobel de Física en 2017. Los descubrimientos que ha hecho LIGO son cruciales, porque gracias a ellos se pudo verificar que la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, expresada un siglo antes, eran correctos. Hasta entonces, los postulados de Einstein estaban en la dimensión de lo posible; ahora se los ha comprobado. Si el objetivo de la ciencia es ampliar el conocimiento del mundo, es indudable que LIGO ha agregado una capa más de saberes.
“Es el producto de un trabajo en equipo que ha tomado muchísimo tiempo, muchísima paciencia y muchísimo apoyo financiero también”, dice González con entusiasmo que por momentos la desborda. “Es una combinación increíble de tecnología súper precisa que ha tomado años diseñar —dos décadas para alcanzar la sensibilidad que tenemos y nos faltan otras varias más para mejorarla—, todo para medir una señal minúscula aquí en la Tierra que se produjo hace mil millones de años en una galaxia muy lejana por agujeros negros chocando.”

—En tus presentaciones públicas, solés explicar las ondas gravitacionales a partir del tango.

—Es cierto, porque las ondas gravitacionales más fuertes que detectamos, en general, son producidas por estrellas que están girando una alrededor de la otra. Me gusta asociarlo al tango, pero no sólo porque están girando entre sí, sino porque, de acuerdo a la teoría de Einstein, se van acercando y me encanta pensar en una danza que termina en un abrazo.

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Para qué sirve la ciencia

El desarrollo de la ciencia básica —la Matemática, la Física y la Química— muchas veces se da a través de largos proyectos de muchos que no tienen un retorno económico definido, uno no sabe cuál va a ser el rumbo de los estudios. Sin embargo”, dice González, “cuando uno analiza tecnologías como el láser o el GPS, todas usan algo que, en su momento, fue ciencia súper básica, que no se sabía para qué iba a servir”.

La clave, entonces, pasa por la paciencia, la constancia y el tiempo. Pero, entonces, la Argentina, con esa habitual sensación de inestabilidad política y económica, ¿es un país viable para hacer desarrollos científicos?

Sí, definitivamente. Muchos desarrollos científicos se hacen en la Argentina. Argentina lidera proyectos internacionales muy relevantes, como el Proyecto Auger, que es una instalación en Malargüe, en la provincia de Mendoza, donde se detectan rayos cósmicos de ultra alta energía. Es único en el mundo.

—Te lo pregunto porque la mayoría de los científicos argentinos que hacen descubrimientos relevantes son aquellos que terminaron yéndose del país.

Es cierto, pero eso es en parte porque se asocian los descubrimientos con unas pocas personas, que son las visibles en ese momento. Todos los descubrimientos están hechos por cientos de personas, a veces muchos cientos de personas. Y en esos cientos de personas hay muchos argentinos.

—Hablábamos antes del rol de la mujer en la ciencia. ¿Cómo es la situación actual?

Ha estado mejorando, porque se reconoce que la mujer tiene tanta capacidad como los hombres. Así se ve que, por ejemplo, que en Estados Unidos —donde se mide todo—, hace cincuenta años la fracción de mujeres con título universitario en distintas ciencias era de entre el 10 y el 30%, y en esta década ya hay muchas ciencias que tienen entre el 40 y el 60%.

—¿Por ejemplo cuál?

En Biología hay más mujeres que reciben el título universitario que varones. Y no solo en los Estados Unidos: en la mayoría de los países. En Física, sin embargo, no. En Física, Ingeniería y Ciencias de Computación, el porcentaje es nada más que del 20%.

—¿Sentís una responsabilidad extra por ser una científica mujer? Quiero decir: una responsabilidad de género.

—Definitivamente. La imagen que se forma la gente de quiénes son y qué hacen los científicos es a través de las figuras que aparecen en los medios. Por muchas circunstancias, yo he estado en el momento y el lugar adecuado para representar este descubrimiento. Siento que es una responsabilidad porque, al ser mujer, estoy demostrando que todos podemos estar ahí.

—Hoy en la Argentina hay una discusión muy grande con respecto a una iniciativa de aborto legal. ¿Cuál es tu posición?

—El gran problema es que uno crece —y cuando digo uno es uno y una, todos— en una cultura que es todavía muy sexista. Es muy difícil, sobre todo para hombres, pero, a veces, también para muchas mujeres, ponerse en la situación del prójimo, ponerse en la otra situación. Sobre todo, para la gente que está acostumbrada a estar en el poder. Las decisiones con respecto a la natalidad son muy personales, pero, precisamente porque son muy personales, hay que tener las opciones. Esa es mi posición; no pretendo que mi posición se imponga de ninguna manera. Pero esta conversación es muy importante y estoy muy orgullosa de que se esté dando en el Congreso Nacional en un Estado democrático. Cuando estuve en la escuela primaria y secundaria no había democracia. Entré en la universidad en el primer año de democracia y todavía me acuerdo cuán grande fue el contraste. Realmente me da muchísima felicidad y muchísimo orgullo ver el proceso democrático en que se hacen estas discusiones.

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Gabriela González visita Buenos Aires invitada por el programa “Ideas” del Ministerio de Cultura de la Nación. Este miércoles, 25 de julio, a las 19, dará en el Planetario la conferencia “La música del universo: Einstein, agujeros negros y ondas gravitacionales”. Con entrada libre y gratuita, las entradas se retiran allí mismo con una hora de antelación.