2018-07-03T18:42:10-03:00

Por: Bárbara Simeoni

A Nahir le gusta que la mamá le lleve comida a la cárcel. Pidió un personal trainer para mantener su hermosa figura. Es atractiva, fría y calculadora. Tuvo muchos amoríos. Estudia Derecho y es chica 10. Defiende lo que piensa con una inmutabilidad que perturba. Ama usar las redes sociales y mostrar su estilo de vida.

¿Por qué hablamos de Nahir Galarza y no de Fernando Pastorizzo? - Imagen

Ángeles amaba el animé. Era abanderada en el colegio, con uno de los mejores promedios de la clase. Tenía una personalidad más bien retraída y tímida. Soñaba con ser médica. No había tenido muchos novios en el pasado, pese a que en primera instancia todas las sospechas fueron a su historial amoroso.

A Melina le gustaba mucho el boliche. No le iba bien en el colegio, le gustaba mucho festejar y divertirse. Tenía relaciones con muchos hombres al mismo tiempo. Había “dejado” que un par de ellos la buscara por su casa para ir a bailar. Era mala alumna y un poco alborotada.

¿Qué tienen en común estos casos? Que en todos ellos el ojo está puesto en la mujer y su vida personal. Su historia. Su pasado. Lo que hicieron para vivir lo que están viviendo. Incluso cuando eso sea justificar, implícitamente, su propio femicidio. “Se lo buscó”, se lee entre líneas. “Es violencia de género a la inversa”, se dice de Nahir.

La cobertura del “caso de Nahir Galarza” recibió un trato especial. No solo por la velocidad con la que le dieron una sentencia, debido a la presión mediática. Responde a un trato que no se vivenció en ninguna otra oportunidad, cuando quienes pasan al estrado son hombres. Poco se sabe de los violadores, golpeadores y femicidas que atentan y terminan con la vida de una mujer solo por ser mujer. A ellos se les tapa el rostro, en un intento de protección. Se les esconde el nombre. Quienes pasan a un primer plano son sus víctimas, de las cuales se teoriza todo su pasado: quiénes eran, qué hacían, qué generó que sean asesinadas.

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Pero, ¿por qué no sucede lo mismo cuando el hombre es la víctima? ¿Por qué casi nadie habla del estilo de vida de Fernando Pastorizzo previo a ser asesinado? Justamente, porque lo que importa es dirigir una atención perversa hacia la mujer. Esta vez la mujer es la violenta. O como lo explica Estefanía Pozzo, periodista: “Creo que se conoce así porque está anclado en una frase que los medios de comunicación han repetido hasta el hartazgo que es que también puede haber violencia de género al revés. La violencia sistemática que se ejerce contra las mujeres y cobró la vida de casi 300 mujeres en el 2017 está negada. Focalizar en este caso en particular, es cuestionar la idea de sistematicidad de la violencia contra todas las mujeres. Es peligroso, es una operación que los medios han tomado, muy perversa y peligrosa”, cuenta, en conversación exclusiva con TKM.

Y lo relaciona con un término que Luciana Peker introdujo en los medios de comunicación: el backlash. “La revancha machista se llama backlash”, explica Peker, previo a definir que se trata de una reacción frente a las denuncias y a la visibilización que la lucha de mujeres está logrando. Pozzo lo retoma para especificar qué sucede en el caso de Nahir: “Es el nivel de reacción cada vez más violenta y peligrosa respecto de los contenidos y las reivindicaciones que el feminismo va tomando en la sociedad. Frente a un avance de la sociedad, surgen casos que permiten cuestionar algunas de estas ideas. Por eso le han dado ese lugar: el de ‘las mujeres son violentas'”.

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Pero no solo ello: a Nahir la sexualizaron, la llaman atractiva “para la mayoría”, publican fotos de ella en diferentes poses. “Hagan lo que hagan las mujeres, la construcción está en función de cuán sexualmente atractiva sos. Cualquier tipo de trayectoria que una mujer tenga, lo que la sociedad y los medios van a resaltar es el atractivo físico o la potencialidad de atraer sexualmente a los varones”, cuenta. Y define: “Creo que tiene que ver con los medios de comunicación y de qué manera validan o circulan ciertas valoraciones sociales respecto de los valores positivos que tiene que tener una mujer porque finalmente Nahir Galarza, sea lo que sea, es una mujer atractiva”.

¿Por qué el asesinato de Fernando Pastorizzo no es violencia de género?

Cuando hablamos de violencia de género, nos referimos a la agresión que una persona ejerció sobre otra simplemente por su condición de género. Esto implica que quien ejerció esa violencia se aprovechó de su superioridad y dominación para llevarlo a cabo. En una sociedad patriarcal, quien ejerce la dominación de manera social y cultural es el hombre. No solo por su aspecto físico, sino por un sistema que avala y reproduce su poder, un dato no menor en un país en el que matan a una mujer cada 35 horas, según un nuevo estudio realizado en el 2018.

Nahir Galarza asesinó a Fernando Pastorizzo no porque es hombre. Tampoco se aprovechó de su condición de “ser mujer”. Su caso no sucede por día, como sí pasa en el caso de las mujeres. Estefanía Pozzo lo explica de manera clara: “La violencia de género está relacionado con la jerarquización de los sexos y cómo eso genera múltiples relaciones de poder. Quienes definen cómo son las relaciones son los varones. No puede haber violencia de género al revés, porque no existe. Decir que lo es es avalar la invisibilidad de la violencia contra las mujeres, es negar la sistematicidad con la que las mujeres son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres”, explica. “El femicidio es el último eslabón de una cadena previa de violencias. No se llega al femicidio sin nada, sin ningún recorrido. Por eso cuestionar la violencia de género y atarla a que es posible que los hombres sufran violencia de género es esconder una realidad, esconder una tragedia que es sistemática y que tiene que ver con la vulneración de las mujeres”. Es negar el acoso callejero, la disparidad salarial, las violencias sexuales y todos los derechos que aún faltan por conquistar y que no los tenemos por ser mujeres.

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“El caso de Nahir Galarza” debería ser “el caso de Fernando Pastorizzo”, como lo fueron otros “casos”: Ángeles Rawson, Melina Romero, Micaela García. La acción está depositada en la mujer cuando es sujeta de un asesinato y también cuando es la víctima de él. Por eso Nahir importa hoy, más que nunca.