2018-07-02T13:28:48-03:00

Mientras Argentina analiza su paso por el Mundial -y cómo el partido de Nigeria nos dio una cuota de esperanza-, existe una realidad que sucede a diario y que muchos niegan: la que viven los afrodescendientes en nuestro país. Sucede en las calles cuando las caminan, atraviesa la televisión con discursos implícitos y otros tantos explícitos -esos que el fútbol parece desplazar y legitimar sin ninguna culpa- y se perpetúa desde el Estado. Un Estado que pide desde los carteles de su calle “¡vamos Nigeria!”, solo porque le conviene para el Mundial, pero que los margina en la práctica haciéndolos invisibles.

Discriminación a los afrodescendientes: en las calles, en la televisión y desde el Estado - Imagen

Sí, Argentina tiene educación y salud pública. Sí, Argentina no impide el ingreso de extranjeros. Pero no por nada en el Día Mundial de los Refugiados, Amnistía Internacional, el CELS y organismos migrantes y de DDHH manifestaron su preocupación por los actos violentos de la policía de la Ciudad contra vendedores ambulantes africanos.

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El Estado

“No quisiéramos estar en la calle, pero no tenemos otra forma, para poder dejar la calle necesitamos estar en un lugar mejor. Si algún compañero consigue un trabajo nuevo, claro que va a dejar la calle para estar ahí. Nadie quiere estar abajo de la lluvia, del sol, para ayudar a su familia”, explica Jackson Gueye en un encuentro que se realizó en la Legislatura Porteña en apoyo a los trabajadores senegaleses. Todos reproducen un discurso similar: sufren discriminación en las calles, pero también desde el aparato policial.

Discriminación a los afrodescendientes: en las calles, en la televisión y desde el Estado - Imagen 1

El ejemplo más reciente fue el episodio que tuvo lugar en Flores, en el que la Policía de la Ciudad llevó adelante un operativo brutal en el que hirió gravemente a un vendedor ambulante senegalés. Sin embargo, no todo quedó allí: a las 5 de la mañana rompieron las puertas e invadieron casas que se sabían que eran habitadas por senegaleses, sacándoles todas sus pertenencias.

“Ahora la Policía también entra mientras dormimos para llevarnos detenidos y sacarnos lo poco que tenemos”, explicó uno de los senegaleses desde la reunión en la Legislatura. “Se llevaron mercadería, celulares, ropa y dinero”, cuenta otro. Quitarles sus pertenencias significa despojar de lo que utilizan como supervivencia, y, muchas veces, los bienes materiales que suelen ser enviados a sus familiares en Senegal.

No por nada la Amnistía Internacional, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Abogados y Abogadas del NOA en Derechos Humanos y Estudios Sociales (Andhes), 100% Diversidad y Derechos y la Agrupación Afro XANGO determinaron en un comunicado que tanto la policía como la fiscalía “utilizan un perfil racial para la criminalización de los trabajadores senegaleses”. En junio de 2017, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Discriminación Racial ya había expresado su preocupación por la escalada de violencia contra los migrantes africanos en Argentina, expuestos al acoso y la extorsión por la policía, y la ausencia total de mecanismos de protección a los que puedan acceder”.

Para los organismos, es el Estado el que debe brindar soluciones integrales, relacionadas con una mejor regularización de sus documentos y el otorgamiento de alternativas laborales. La represión y los discursos estigmatizantes no crean mejores condiciones para una comunidad que, por más que intente ser invisibilizada, existe. Desde la Asociación de Residentes Senegaleses, comunidad sin fines de lucro, intentan estudiar y acompañar cada caso de violencia: “Nuestros objetivos se basan en la promoción de la cultura, la hermandad y la solidaridad. Y, por sobre todas las cosas, defender nuestros derechos: el acceso a la educación, a la salud, a la justicia, al empleo. Y a la no discriminación”, cuentan, en conversación con TKM.

En la sociedad

Mientras las calles porteñas gritaban, desde sus carteles, que gane Nigeria -algo impulsado por el Gobierno de la Ciudad-, el panorama cambiaba a unos pocos días de diferencia cuando Argentina se tenía que enfrentar al país africano. Súbitamente, comenzó a existir casi una nula importancia hacia los nigerianos, ni siquiera futbolísticamente. Y la violencia contra ellos se acrecentó.

Durante el partido Argentina-Nigeria, que se transmitió en el Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires, Miguel Mbumbele vivió una pesadilla. Fue agraviado violentamente solo por su color de piel: creían que era nigeriano, como si serlo te garantizara la posibilidad de descargar tu violencia contra él. Miguel es uruguayo, afrodescendiente y vive en nuestro país hace años. La policía que se encontraba allí, lejos de defender su bienestar, le pidió que se retirara.

Fue Omer Freixa, vecino de Miguel, el que se encargó de denunciar el hecho en las redes sociales. Ningún medio lo cubrió: todos estaban contentos de que Argentina pasara a octavos. “Este hecho no está aislado. Hace poco hemos asistido a violentos embates contra vendedores ambulantes senegaleses en el barrio porteño de Flores, perpretados por la misma policía. De una vez debemos entender que este tipo de secuencias son las que germinan el odio racial con sus tremendas consecuencias. Argentina es un país que se ha constituido con inmigrantes de todo el mundo, y lo seguirá haciendo. De nosotros depende que el “ser nacional” tenga un carácter receptivo y transformador, distinto al plan conservador y netamente racista que se plantea en estos tiempos”, pidió, desde sus redes sociales. “Desterremos la discriminación y violencia racial”, finalizó.

Distintos colectivos salieron en apoyo a Miguel: “Compañero de Activismo Miguel Mbumbele el Grupo Matamba de Mujeres afrodescendientes nos solidarizamos con la situación de discriminación xenófoba y racista sufrida. Y esperamos una mayor celeridad a las fuerzas policiales a cursos de estudio de Derechos Humanos y antirracismo. Por el bien de todxs las comunidades y el bien comun de todes!”, escribió Sandra Chagas en su Facebook.

En la televisión

“Los jugadores nigerianos tienen muy buena técnica y genéticamente muy buena resistencia. Los antepasados de estos jugadores, si querían comer carne tenían que correr a un león, y si querían que no los comiera nadie también tenían que correr porque se los comía el león. Siempre estaban corriendo, y se hacían fuertes en ese sentido”, dijo el reconocido periodista deportivo Macaya Marquez, dejando entrever su racismo, reforzando un estigma en torno a los ciudadanos de África.

Sin embargo, su comentario no es pura casualidad. Fue durante el partido de Senegal y Japón que Gustavo Lombardi, ex futbolista de River, deslizó otro comentario, en tono jocoso: “Estos ya estaban así, no se si se bañaron en el medio, se volvieron a pintar o si quedaron pintados del primer partido”, en referencia a los hinchas senegaleses que lucían su cuerpo pintado de blanco.

La respuesta no tardó en llegar y vino justamente de la comunidad senegalesa, que vive en Argentina: visiblemente enojados, pidieron mirando a cámara que la discriminación se termine: “Esos comentarios están fuera de lugar. Se pueden tomar como racistas, nosotros estamos orgullosos de pintarnos nuestro cuerpo y alentar a nuestro país para que salga adelante”.

Desde la televisión, que educa e instruye, pero al mismo tiempo reproduce discursos que circulan a diario, pasando por la sociedad, que reproduce la violencia y el odio desde las calles y todo lugar público en el que algún afrodescendiente intenta hacerse lugar, culminando en un Estado que mira pero no ve: el racismo en Argentina existe. Simplemente está naturalizado.