2018-06-14T17:35:34-03:00

Por: Bárbara Simeoni

El 14 de junio quedó marcado en la historia: se consiguió la media sanción en Diputados, para que el proyecto pueda ser tratado en Senadores, tras años de lucha de las mujeres. En ese contexto, muchas voces se levantaron para definir una u otra postura, siempre hablando bajo sus propias vivencias y fundamentos.

La médica católica que recibía casos de mujeres post aborto clandestino: “Pido perdón a ellas por mi trato deshumanizante” - Imagen

Un ejemplo de ello es el de Cecilia Ousset, médica ginecóloga de la provincia de Tucumán, con una basta experiencia en el ámbito de salud tanto privado, como público. Católica y creyente, Cecilia se define en contra del aborto, pero a favor de la legalización del mismo. Es que, como ella misma determina: “No pueden seguir siendo tan hipócritas”.

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La médica católica que recibía casos de mujeres post aborto clandestino: “Pido perdón a ellas por mi trato deshumanizante” - Imagen 1

Publicó una carta llamada “No soy neutral” que atravesó todas las provincias: reconociéndose religiosa, Ousset pide a los diputados y senadores que voten a favor. Y lo dice con conocimiento de causa: llegó a culminar 18 abortos clandestinos en una sola guardia. Y todo porque eran realizados en pésimas condiciones y debían acceder a hospitales públicos.

No estás de acuerdo con el aborto, sos católica, pero, sin embargo, crees que debe ser legalizado. ¿Por qué pensás así?

Yo estoy en contra del aborto, por eso nunca me hice uno ni se lo hice a nadie. Hace 14 años trabajo en la parte privada, y lo podría haber hecho con total impunidad porque tengo una clínica capacitada, pero soy católica y no estoy a favor del aborto. Sin embargo, no puedo seguir siendo tan hipócrita y decir que los abortos no se realizan, los abortos clandestinos se realizan y son casi siempre las mismas causas las que llevan a las mujeres a hacerse los abortos clandestinos: la desesperación de quedarse sin trabajo, o que las dejó su pareja, o que quieren seguir estudiando. La diferencia es que según las posibilidades económicas, las mujeres ricas se lo hacen en condiciones sanitarias seguras y las mujeres pobres se mueren. Por más que sea católica y esté en contra del aborto, no puedo ponerme en contra de la legalización: hay que darle un poco más de coherencia y de equidad social a esta situación, ya que la realidad es que se mueren por pobres, no por otra cosa.

En tu carta contás que realizaste innumerables legrados. ¿Qué es un legrado?

El legrado es la limpieza uterina. Porque los fetos ya vienen muertos, se deben sacar todos los restos embrionarios o fetales para que la mujer no se infecte. A veces se puede salvar el útero para que se puedan seguir teniendo bebés, y otras veces no se puede salvar el útero, muchas otras tampoco se puede salvar a la persona.

¿Cuántos legrados realizaste en tu carrera aproximadamente?

No tengo ni la más remota idea. Imaginate que nosotros hacíamos por mes 8 guardias de 24 horas y que en una guardia podía hacer 18. No tengo idea de cuántos hice. Lo que sí te puedo decir es que los hacía de una manera muy experimentada, rápida y más segura para la paciente, con el menor tiempo y riesgo anestésico. Esto es lo que diferencia también a una persona que accede con pericia para hacerlo porque tiene la plata, de una mujer que accede a un inexperto que lo hace con agujas de tejer, perejil o con lo que ha visto por ahí.

¿En qué estado llegaban al hospital las mujeres que se habían realizado un aborto clandestino?

Las mujeres que morían generalmente, porque era un hospital muy bueno de tercer nivel, uno de los hospitales más grandes de Cuyo, era porque llegaban en mal estado general, ya sea por hemorragia o por infección. Hay una infección con hemorragia que se llama síndrome de Mondor donde ya no hay nada para hacer porque la mujer empieza a anticoagularse sola, se gastan todos los factores de la coagulación y empieza con falla orgánica. Esta es la forma en la que mueren las mujeres sépticas por cualquier otra causa, con el aborto las mujeres se morían así. Las mujeres llegaban en muy mal estado general, con hemorragias, con toda la piel amarilla, fiebre, hipotérmicas, en un estado muy grave.

¿Qué te decían estas mujeres?

Morían mudas, por eso te digo que esto no tiene sentido, es una locura, es insano para toda la sociedad continuar revictimizando a la paciente. No me quiero imaginar qué les meten, si algún instrumental por la vagina y hasta dentro del útero sin anestesia… Después encima llegan al hospital y las agarra un médico, como las agarraba yo, con la mujer policía preguntándole quién le había hecho eso porque era un delito. Lo explico en mi carta y ahora después de varias entrevistas te lo puedo decir sin llorar. Mi carta es un pedido de perdón a estas mujeres, tanto por las que siguen vivas como a los familiares de las muertas, por mi inhumanidad y por mi falta de amor, por poner por encima de toda humanidad mis creencias. Ni siquiera te puedo decir mis creencias religiosas porque Jesús nunca hubiera hecho una cosa semejante, Jesús siempre trató con amor, te diría eso de poner lo que es legal o ilegal por encima de la humanidad, es una cosa de locos, es una cosa deshumanizante. Eso no solo le hizo daño a esa persona sino que también me hizo daño a mí.

¿Qué cambiarías hoy en tu trato si estuvieras en el mismo lugar, viviendo las mismas situaciones?

Me he preguntado eso y no lo puedo contestar porque esa situación ya pasó, yo con el diario del lunes es muy fácil decir: “Eso no lo haría”. Es muy fácil juzgar a las personas que están haciendo eso en este momento. En parte es un mecanismo de defensa para poder continuar, porque si yo hubiera sido en este momento tan dulce y tan comprensiva con todas las mujeres, si me hubiera dolido tanto como me duele ahora, no resistiría ni una guardia. Lo que sucedió tenía que suceder en ese momento. Yo le pido a los diputados que legalicen para que disminuya la violencia obstétrica. A las mujeres no les gusta abortar, a las mujeres les gusta no quedar embarazadas, y si quedan embarazadas decidir tener el hijo y tener los medios para tener ese hijo, y si no quieren tener el hijo, no es justo que tengan que pasar todas esas masacres. No te puedo decir lo que cambiaría si volviera el tiempo atrás, te digo lo que cambié. Cambié ahora al exponer lo que pienso de una sociedad tan pequeña como la sociedad tucumana, poniendo en riesgo mi carrera profesional, mi carrera privada, porque yo no trabajo en el hospital público hoy en día, yo trabajo en la parte privada en una sociedad ultracatólica donde la mayoría está en contra de esto. Esto es lo que yo puedo hacer en este momento por la sociedad, es poner blanco sobre negro, decir: “Esto es lo que me pasó, lo que sigue pasando, es mi pensamiento y mi manera de pedir perdón”.

Contás que intentabas ser lo más objetiva posible, pero que esa objetividad sobrepasaba al final del día. ¿Qué sentías cuando tenías que hacer estos procedimientos?

Estando en la guardia hay mucha adrenalina. Tenés el aborto, tenés que atender un parto, tenés una persona que llegó con un tumor de ovario, un embarazo ectópico, estás con una adrenalina que no te lo puedo explicar, pero cuando llegás al final del día pensás: “Dios mío, armar el bebé en la mesa” (en referencia a los restos del feto). Esto del bebé en la mesa que lo cuento en esta carta “No soy neutral”, ahí lo digo, no por amarillismo. Lo digo porque cuando querés acabar con un embarazo avanzado es muy, muy peligroso para la mamá, ni hablar de lo que es la masacre para el feto. Por eso es importante que se legalice y se de un tiempo gestacional de terminación del embarazo.

¿Cuán avanzados estaban los embarazos que estas mujeres habían decidido terminar?

De todas las posibilidades. Incluso había mujeres que no estaban embarazadas y como tenían una falta se habían hecho un aborto de algo que no existía. Eso es la falta de información, es la marginalidad, el temor, la culpa. Se ve de todo y eso sigue sucediendo hoy. Los diputados y senadores no pueden hacer la cara a un costado y decir “mis principios, mis valores”, es una cuestión de salud pública. Esto se tiene que arreglar inmediatamente. No quiero banalizarlo. Me considero una feminista, pero no es que esté en todo a favor, sino que creo que es muy necesario una educación sexual integral, una formación más intensiva con la posibilidad el aborto legal y gratuito, pero no banalizar la otra vida. Lo que yo no quiero es que se nos sigan muriendo mujeres, que se sigan muriendo por pobres, y que las ricas sigan vivas por tener otro acceso. Esa inequidad, esa situación de desamparo, esa diferencia social es la que a mí me hace hervir la sangre.

¿Muchos de esos abortos eran realizados de forma “casera”? ¿Qué métodos utilizaban?

Hay métodos que nunca te enterás. Agujas de tejer, ramitas de perejil… Pero no es una hojita, no es que se ponen una hojita, es el tallo del perejil. También hay instrumental que a veces se llevaban las mismas personas que son prestadoras de salud que también son parteras, camilleros. Los llevan al piso a ver cómo hacer un legrado y creen que lo pueden hacer en la práctica ilícita. Realmente es personal que tiene cero experiencia porque hacer un aborto o hacer un legrado tiene una curva de aprendizaje, donde primero lo hacés con un tutor y después ya vas aprendiendo cómo hacerlo en el menor tiempo posible, con el menor tiempo anestésico posible y con mayor pericia.

En tu carta, contás que la mujer era tratada como un objeto. ¿Cómo eran tratadas específicamente cuando llegaban en esas condiciones?

Imaginate que habían cometido un delito. La atendía una mujer policía que le iba labrando una denuncia. Era el haberse hecho un procedimiento sin anestesia, aberrante, y después entrar a un hospital y que la atendiera una persona como yo, y como mis compañeros, pero aquí hablo por lo que yo hacía en un mea culpa. Imaginate el temor, con los familiares afuera, el familiar no entraba, se lo bancaba todo solita. Realmente es un infierno, eso es un infierno en Argentina. Esto te lo digo siendo católica. Imaginate armar un centro en donde en cada lugar haya centros de interrupción legal del embarazo, en donde haya un trabajador social, un psicólogo, médico, enfermero, te asesoren, te expliquen lo que puede pasar, cuáles son las secuelas que puedes tener, te hagan firmar un consentimiento informado, después te den 3 o 5 días para pensar, te ayuda el psicólogo a ver qué otra opción podrías tener. Obviamente ahí estamos hablando de las dos vidas. Pero si nosotras estamos diciendo salvemos las dos vidas como un eslogan vacío, sin una solución fáctica, real, es una estupidez. Si esa mujer se continúa su petitura de interrupción del embarazo, con personal que la asiste, se continúa con su vida. No se la asesina. Si las religiones pararan con la culpa sobre lo que cometió esa mujer… La que muere es pobre, porque la rica después va y se confiesa y el cura supuestamente luego la perdona a través del sacerdote. Jesús le da el perdón y después puede llamar a su familia. Las pobres mueren por pobres, esto nada tiene que ver con religión, tiene que ver con salud pública.

Teniendo en cuenta que el aborto es legal bajo ciertas causales. Trabajando en el hospital público, ¿tuviste casos de chicas que querían acceder a uno por violación o peligro de salud para la mujer o el embrión? ¿Cómo se actúa en esos casos?

Cuando yo trabajaba en el hospital público, no existía esa ley, pero sí había recursos de amparo que el juez mandaba a los hospitales cuando la mamá tenía peligro de muerte, o cuando había malformación incompatible con la vida. Nosotras como católicas firmamos la carpeta con objeción de conciencia. Y otro compañero que no tenía objeción de conciencia terminaba un embarazo. Y después nos íbamos a comer a la hora de la cena. Se terminó la situación. El catolicismo lo ejercía para mí, no para el resto de la gente: no puedo obligar a una mujer que muera porque quedó embarazada. Pero había veces que las mujeres no morían porque no querían interrumpir un embarazo. Se las respeta.
La religión es una cosa y la salud pública es otra. Diferenciemos, dejemos de meter al clero en cuestiones de salud, en políticas de estado. Esto es lo correcto, esto es un acto de amor, esto es lo que me lleva a seguir confiando en la fe y en el cristianismo; y no en una institución que lleva a que personas cometan crímenes.

¿Qué opinión te merece la objeción de la conciencia?

Me parece respetable. Yo tengo objeción de conciencia, voy a estar en el listado de objetores de conciencia nacional: que no pueda hacer un aborto en la práctica pública ni privada. Porque sino está la otra hipocresía: declararse objetores de conciencia en lo público que es gratuito, es fácil. Pero después hacerlo en lo privado, eso sí es asesinato. Tiene que ser algo muy serio, hecho con amor, llegando sin gritos y hablando con mayor verdad, sacándonos las caretas.

Has trabajado en el ámbito público y privado. ¿Qué diferencias notaste en torno al aborto?

Las causales son las mismas: temor, “mi mamá me va a matar”, “no sé cómo criar a este chico”, “no estoy preparada para ser madre”. Las causales son similares, algunas causales que diferenciaría son los recursos económicos. El resto, somos todas mujeres con más o menos posibilidad económica y tenemos todas las razones para tener las mismas condiciones.
Pero lo que sí es diferente y es importante es justamente eso: en qué condiciones se los hacen.

Como médica, ¿qué le dirías a los que están en contra de la legalización del aborto?

Me gustaría que profundicen un poco más, que estudien un poco más, que se pongan en los zapatos de la otra persona, que su opinión también es valorada, pero que no pueden decidir sobre el resto. A los señores y señoras Senadores de la Nación: deben votar a favor de la legalización del aborto independientemente de sus convenciones religiosas y morales, porque sino lo que están haciendo es bijouterie, es asesinar a mujeres si no se legaliza el aborto y si no dan los recursos que se merece la población argentina.

¿Qué sentiste ayer que se consiguió la media sanción en Diputados?

¿Qué te puedo decir? Estoy sorprendida y emocionada. Ahora deben escuchar nuestras voces en el Senado. Por nosotras, por nuestras hijas y nuestras nietas.