2018-03-04T22:00:13-03:00

Por: Bárbara Simeoni y Nuria Pacheco

De cara al debate sobre el aborto en el Congreso, la educación sexual surgió como una temática que está estrictamente ligada a la interrupción del embarazo. Así, bajo el lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, se busca concientizar sobre la importancia de educar en materia sexual en las escuelas, para evitar embarazos no deseados a futuro.

Lo que muchos no saben es que desde el año 2006, en nuestro país está vigente una Ley de Educación Sexual Integral. Desde su primer párrafo, plantea que todos los alumnos tienen el derecho a “recibir educación sexual en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada” desde el nivel inicial hasta el terciario. Y pese a que asegure que contempla una formación para prevenir enfermedades de transmisión sexual y de métodos anticonceptivos para evitar embarazos -entre otras temáticas-, pareciera que en la práctica su implementación es casi nula.

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Tenemos una Ley de Educación Sexual: ¿por qué no se cumple? - Imagen

TKM se comunicó con Cecilia Valeriano, que, como Coordinadora del Programa de Movilización y Redes de la Fundación Huésped, nos contó sobre esta ley y la falta de implementación en las aulas: “La ley es muy interesante, ya tiene 12 años, pero presenta dificultades. Si bien en estos años se trabajó brindando capacitaciones a docentes, los docentes capacitados son un porcentaje muy chiquito, de un 20% a nivel país. Al no estar la mayoría de los docentes formados, les resulta muy incómodo trabajar los contenidos porque no los conocen, no saben cómo encararlos. Y termina siendo un docente capacitado que lo hace en su materia, no como lo que plantea la ley, que es en todas las materias, con un proyecto más integrador”, cuenta, sobre la docencia. Y cree que falta fomentar espacios de encuentro: “Los profesores muchas veces van dos veces por semana, se van corriendo a otra escuela… No hay espacio de encuentro, de trabajo colectivo, de pensar la institución y cómo organizarla. Pero todo eso sería un paso más adelante, antes debería ponerse en funcionamiento las leyes a nivel país”, sentencia.

Es que el problema principal radica en las provincias que no implementan aquella ley, a pesar de que rige a nivel nacional: “Tenemos un sistema educativo muy complejo, porque si bien es una ley nacional y se debe cumplir en todo el territorio, es necesario que cada provincia se adhiera a la ley. Y es una ley que genera bastante polémica, porque plantea una visión de la sexualidad que no siempre es la hegemónica, la instalada, la bien vista. Empieza a ver pujas”, sentencia. En la práctica, las provincias se manejan bajo sus propias leyes: “Si bien la ley es un gran logro, tampoco hay suficiente decisión política para imponer que las diferentes provincias se adhieran. Hay provincias que tienen sus propias leyes, que está bien, pero no pueden contradecir a la ley nacional. Como por ejemplo Salta que tuvo que enfrentar un fallo por eso”, aclara.

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Pero también, para Cecilia, hay un atraso cultural que atraviesa las escuelas y hace que, de alguna manera, se dificulte aún más implementar esta ley: “Parte de las dificultades que presenta surge del no modificar conductas culturales muy arraigadas en las escuelas. El simple hecho de pensar que no existan baños de hombres y mujeres, o que existan listas que separen a los varones de las mujeres -que por más que pareciera una pavada administrativa, significa mucho culturalmente-, dispara un montón de cosas en la escuela. Entonces, aparecen los prejuicios: ‘qué van a hacer los chicos en el baño y por qué’, ‘mejor tenerlos separados porque los varones se portan mal’. Todo esto hace que la ley requiera que se acompañe y se trabaje mucho en ese cambio cultural”, dictamina.

Pero, ¿qué significa que esta ley sea integral? Para Valeriano, tiene que ver con el programa educativo: “La ley plantea que se pueda trabajar en educación sexual, no en un solo módulo o materia, como sería matemática o lengua; sino que se pueda trabajar desde todas las áreas, desde todas las materias y en todos los niveles educativos: desde el jardín de infantes hasta el nivel superior, haciendo adaptaciones de los contenidos específicos a cada momento evolutivo“, detalla. Y especifica: “Por ejemplo, que en el jardín de infantes se trabaje sobre las partes del cuerpo. En el secundario contenidos apropiados para ellos, como la genitalidad, las relaciones sexuales, la orientación sexual. Y no solo dentro del aula, sino también que se trabaje integralmente la visión de la ley, el enfoque. Que si trabajás sobre diversidad adentro del aula, que también en la escuela tengas ese enfoque. Si va una persona trans, que se la llame por su nombre”.

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Muchas veces, la ley se encuentra atravesada por enfoques religiosos que cada colegio particular posee. Los colegios católicos, que abundan en Argentina, son el gran ejemplo: educan sexualmente, pero en base a su corriente moralista. Para Cecilia, esto es totalmente ilegal: “La ley es nacional, es de cumplimiento para todas las escuelas del país. No pueden elegir cumplirla o no. Sí es cierto que muchas veces se brinda información que no es la adecuada. Sin embargo, la ley dice que no es que no pueden trabajar esos contenidos en los que cree la Iglesia, sino que no pueden dejar de trabajar los otros contenidos que son los que dice la ley en sus currículas“, define.

Y cree que todo sucede por una falta de supervisión: “Uno puede dar la versión de una escuela católica, esto de que las relaciones sexuales son solo con fines reproductivos… Pero no podés dejar de explicar toda la otra información que existe. Eso claramente pasa y habla de fallas que muchas veces tienen que ver con el seguimiento, la implementacion y el monitoreo de como se va implementando la ley“, cuenta a TKM.

Y para la coordinadora es crucial empezar a comprender bien qué es lo que dictamina la ley: “Siempre hay una educación sexual, siempre estamos enseñando desde todas las materias y todos los espacios escolares, podemos educar y debemos educar en sexualidad. Pero, siempre que se tenga una perspectiva. No desde el mito o el ocultamiento, que es lo que está instalado, sino desde el respeto y la promoción de derechos”, concluye.