Yo y mi primer recital de La Renga

"Y me gusta el rock, el maldito rock"

Yo y mi primer recital de La Renga

agosto 3rd, 2017
Fernanda Garcia Arroyo

Pocas veces sentí lo de anoche. Parque Patricios se convirtió en el escenario de lo que iba a ser un día inolvidable. Miles de personas, todas juntas para compartir un fanatismo en común: rock.

Yo y mi primer recital de La Renga - Imagen 1

Cuando estaba en la facultad descubrí a La Renga. Para verlos, había que ir a lugares como Tandil o Pergamino. Pero nadie me podía acompañar, lo cual era otra barrera en mi caso. Y siendo “mina”, es un peligro ir a lugares así, a tanta distancia de casa. Un lugar lleno de hombres que nada tienen que ver conmigo. ¿Y qué? Me gusta igual. Me gusta el rock.

Todo cambió hace unos días. “Fer, tomá“. Ahí estaba. Tenía la entrada en mis manos. El 2 de agosto, finalmente iba a ir a ver a La Renga en la cancha de Huracán. Ansiedad pura. La espera se me hacía eterna, puede que haya sido algo exagerado. Pero llegó el día.

El barrio parecía el campamento oficial de La Renga. Centenares de grupitos esperaban desde la mañana a que se hicieran las 9 de la noche y empezara la fiesta. Canciones a capela, aplausos, risas, humo de parrillitas, latas de cerveza y alegría. Mucha alegría. Todos muy efusivos, alguno que otro un poco de más. Pero nadie se mete con nadie. Solo quieren disfrutar de una noche con la banda que más aman.

Caminamos unas seis cuadras hasta llegar al estadio. Los puestos de comida y venta de remeras acechaban a cada paso. A algunos había que esquivarlos; aparecían de la nada en el medio de la calle. Los cantos eran cada vez más fuertes. La gente estaba más y más emocionada. Saltos, mini pogos, amontonamiento. Pasamos los controles y finalmente entramos a la cancha. Subimos unas escaleras hasta llegar a la platea.

Yo y mi primer recital de La Renga - Imagen 2

En ese momento me sentí igual que una niña que va a un parque de diversiones. No dejaba de mirar todo maravillada. No había nada extraño. No variaba mucho respecto a otros recitales a los que fui, pero lo sentí todo nuevo.

Yo y mi primer recital de La Renga - Imagen 3

Pasaban los minutos y no empezaba. Teóricamente el recital arrancaba a las 9. Hasta las 10, no sonaron los primeros acordes.

En las primeras 10 canciones me sentí anestesiada. Apenas si balbuceaba algunas letras. Me distraje con el campo. Ver saltar a toda esa gente al mismo tiempo, ver sus manos levantadas, ver los aplausos sincronizados. De pronto escuché “En el baldío“. Esa canción que estaba esperando y que no sabía que tan normal era que la tocaran.

La canté con el alma, hasta que se hizo un silencio abismal. Se apagaron las pantallas y la música dejó de escucharse. Durante 10 minutos no supimos que pasaba. Hasta que primero volvieron a prenderse las pantallas y después probaron los instrumentos. “Uno de los muchachos pateó un cable“, explicó Chizzo. Entonces, cuando creí que iban a seguir con la próxima canción, dijo: “Vamos de nuevo“. Y me volvió el alma al cuerpo.

Entonces desperté. Seguía anonadada con todo lo que sucedía a mi al rededor. A tal punto, que no sentí el frío invernal que corría por allá arriba. Entonces llegaron las últimas canciones. Dos de sus hits a minutos de que termine la noche.

El final es en donde partí” generó el climax perfecto para un final perfecto. “Como ustedes ya saben, nos vamos ‘Hablando de la libertad“. Claro, yo no lo sabía y para mí fue toda una sorpresa.

 

La salida fue más tranquila que el ingreso. Pronto ya estaba arriba del auto volviendo. Cuando llegué a mi casa, tuve que contener mi emoción. Eran casi las 3 de la mañana y todos dormían.

Sólo mi almohada y yo compartimos mi sonrisa y sueño realizado.

Y hoy, definitivamente estoy convencida que lo que más me gusta es el rock, el maldito rock.

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