En este orfanato los bebés NO lloraban. La respuesta es TERRIBLE.

Las casas de crianzas u orfanatos (unos agradables, otros horribles) es el lugar donde crecen los niños sin hogar. Generalmente, saltan de un lugar a otro, simplemente exigiendo un poco de amor y atención.

En este orfanato los bebés NO lloraban. La respuesta es TERRIBLE.

mayo 6th, 2016

Las casas de crianzas u orfanatos (unos agradables, otros horribles) es el lugar donde crecen los niños sin hogar. Generalmente, saltan de un lugar a otro, simplemente exigiendo un poco de amor y atención. Alrededor del mundo, los orfanatos varían enormemente pues dependen de factores como: donde están ubicados y el estado económico del país donde se encuentran. Esta es la historia de una mujer que descubrió lo insoportablemente triste que algunos orfanatos pueden llegar a ser.

En este orfanato los bebés NO lloraban. La respuesta es TERRIBLE. - Imagen 1

Mientras asistía a una conferencia religiosa, Dayna Mager y su esposo tuvieron la asombrosa oportunidad de escuchar a un misionero hablar acerca de su experiencia en Uganda; el misionero visitó un orfanato con un cuarto lleno de bebés, no obstante, faltaba algo en esa habitación, el mismo continuó y describió a detalle el relato. Más tarde Dayna compartió la experiencia en Facebook.

“Aquel misionero estuvo en un orfanato en Uganda, él ha estado un muchos otros anteriormente, pero este era diferente. Él se adentró a un cuarto de cuidados con más de 100 cunas con sus respectivos bebes. Descubrió para su asombro que el único que lo único que se escuchaba en esa habitación era el silencio; un sonido completamente ajeno a cualquier cuarto de cuidado de bebés sin supervisión con más de 100 bebés”.

En este orfanato los bebés NO lloraban. La respuesta es TERRIBLE. - Imagen 2

“Y al hablar con su anfitriona del porqué el cuarto de cuidados estaba en silencio, la respuesta que recibí es algo que jamás pero JAMÁS olvidaré. Este fue el momento en el que me pregunté a mi misma ¿por qué”.

Ella lo miro y dijo “Después de más o menos una semana de estar aquí y llorar sin control por incontables horas, eventualmente, ellos dejan de llorar al darse cuenta que nadie viene a atenderlos…

“Ellos dejan de llorar al darse cuenta que nadie viene a atenderlos, ni en 10 minutos, tampoco en 4 horas, y quizás, nunca jamás…”

Luego de escuchar la historia del misionero, la pareja fue a casa, a brazos de su propio hijo. Dayna expresa como se sintió abrazar a su hija luego de haber escuchado semejante historia que rompió su corazón.

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“Llegamos a casa, y esa noche mientras que Luella dejaba descansar su pequeño cuerpo de 4 kg contra el mío y estábamos unidas, le hice un promesa. Le prometí que siempre que me necesitara iría por ella”.

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