El machismo que no se ve: síntomas de una relación peligrosa

El machismo -para muchas- resulta invisible cuando están enamoradas. Por eso acá te dejamos una lista de las alertas que no debes ignorar.

El machismo que no se ve: síntomas de una relación peligrosa

agosto 8th, 2017

Cuando comenzamos una relación con un hombre, pocas veces pensamos en palabras como machismo, patriarcado, agresión.

Esas palabras nos suenan más próximas a noticiero central, cuando hay mesas de debate por algún caso de femicidio o reaparece el Trending Topic #NiUnaMenos.

Sin embargo, esas noticias-historias comienzan, generalmente, con la idea del príncipe azul, mensajes tiernos, invitaciones a comer, peluches, flores, chocolates y corazones.

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Cuando una historia de amor comienza, no tenemos idea de si vamos a terminar con el “y vivieron felices por siempre” o si vamos a terminar con las cuencas vaciadas de los ojos, reconstrucciones faciales o angustiadas, poniendo una denuncia en carabineros y con órdenes de alejamiento, que nadie se encarga de velar por que se cumplan.

Sin embargo, tenemos la posibilidad de estar atentas y de alejarnos cuando la cosa comienza a ponerse color de hormiga.

Si bien el machismo, cada vez es más condenado socialmente; en la intimidad siguen ocurriendo situaciones que, por romanticismo o falta de autoestima, las mujeres vamos permitiendo, muchas veces suponiendo que no tenemos otra salida.

Por eso, creemos necesario dejarte esta lista de “alertas” que deberían sonar en tu cabeza como una señal de advertencia.

Por favor, no la tomes a la ligera y, si tienes una amiga o una familiar que creas que se encuentra en alguno de estos casos, te invitamos a que le compartas esta nota.

Cuando las críticas vienen de cerca, creemos que nos dicen las cosas porque nos quieren influenciar o porque nuestra pareja “le cae mal” a quien nos lo dice. Pero esta información se ha desarrollado en base a múltiples estudios y recopilación de casos.

“Mi ex polola era infinitamente tonta”

La forma de referirse a novias o pololas anteriores es una forma de comprender cómo te va a denostar en el futuro, cuando exista más confianza y se enfrenten a los problemas cotidianos que enfrentan las parejas normalmente.

Si se refiere de mala forma sobre una pareja anterior, nada indica que contigo va a ser diferente si es que la historia se acaba.

Si es que la historia sigue, en situaciones de conflicto, ya te puedes ir haciendo una idea de cómo te va a tratar.

“A las mujeres les gusta…”

Los hombres que hacen este tipo de afirmaciones y les gusta compartir su “filosofía sobre las mujeres”, suelen creer que todas las mujeres somos iguales, y que tenemos las mismas aspiraciones, intereses y problemáticas.

Lo complicado de esto es que no nos están considerando como individuos, sino como una suerte de “especie” diferente, sin las complejidades naturales y lógicas de un individuo.

“Mi princesita”

Aunque no lo interpretemos de esta forma de buenas a primeras y lo veamos como un gesto de cariño y confianza, la identidad femenina se niega a través de apodos como “cariño”, “tesoro”, “preciosa” y otros epítetos que hacen alusión a cómo lucimos o a lo que ellos sienten por nosotras.

Peor es cuando nos dicen “nena”, “bebita”, “mi niña”, “guagua”, etc. ya que inmediatamente se ponen en una posición de autoridad y superioridad. 

Eso, a la larga se va perpetuando en otros espacios que van más lejos que un apodo y puedes terminar lamentándolo.

“¿Por qué no te cambias de ropa?”

Una cosa es que te recomiende una prenda porque la que estás usando está sucia o arrugada; porque se te descosió y no te diste cuenta o porque te verías mejor con otra cosa.

Eso puede pasar y se agradece.

Otra muy distinta es que te mande a cambiar de ropa porque lo que llevas puesto le parece provocativo, o porque le parece que te ves mal.

Si cree que te tienes que vestir como él quiere, es porque siente que eres de su propiedad y que puede disponer de tu cuerpo, de tu tiempo y de quien eres, de la forma que le da la gana.

Puede disfrazarlo de “buena onda” y quizás sea cierto en una primera instancia, pero es un juego muy peligroso.

Si esto se perpetua puede ser muy nocivo.

La ropa que eliges, está directamente vinculada con tu identidad.

La ropa es la forma que eliges para desplazarte públicamente y para presentarte frente a otros. Cuando te vistes con la ropa que te gusta, es una forma de comunicar quien y cómo eres.

Si no le gusta tu ropa (bajo el pretexto de que tienes mal gusto; que te estás exponiendo o que estás provocando) no le gusta quien eres ni respeta tus decisiones.

“Vamos a comer…”

Está re lindo que te conozcan los gustos y que la persona que te acompaña sepa cómo satisfacer tus necesidades.

Es genial que te regalen justo lo que querías y que, si te preparan la cena, sea justo tu comida favorita.

Pero otra cosa muy diferente ocurre cuando, cada vez que salen, deciden por ti.

El lugar donde van a ir, lo que van a comer, la ropa que quieres, son decisiones en las que tienes todo el derecho de participar.

Los hombres no pueden ni deben negar tu posibilidad de elegir y decidir.

“¿Me ayudas a cocinar?”

En este ítem, pecamos las mujeres.

Los hombres no tienen que “ayudar”.

Tienen la obligación de hacerse parte de las tareas domésticas, si comparten hogar.

No es justo que tú termines poniendo en orden y aseando todo.

Es importante que comprendas que no te está haciendo ningún favor, sino que se está haciendo cargo de su propio desastre.

En el momento en el que reconoces que te está “ayudando”, estás dando por sentado que la responsabilidad es exclusivamente tuya y no compartida, como debe ser.

“Cuando tengamos hijos…”

Cuando esto ocurre, y siempre los diálogos giran en torno a lo que van a hacer en el futuro, la familia, las vacaciones, los hijos, pero en ningún momento surge la idea de si quieres estudiar, crecer en tu carrera, viajar, etc. ten cuidado, porque se está asumiendo que tus intereses y necesidades no existen.

“Hice esto porque estoy deprimido / Me duele…”

La amenaza de la depresión es una constante en nuestro vertiginoso día a día.

Es cierto que estamos demasiado presionados por las deudas, la vida y el trabajo y que eso, a la larga, puede derivar en una depresión.

Sin embargo, hay hombres que disfrazan su agresividad de enfermedad.

Muchos hombres muestran desinterés, desconsideración e incluso agresividad hacia sus parejas y no están dispuestos a pedir disculpas (aunque las disculpas no sirven de nada).

Para excusar dicho comportamiento -porque es obvio que está mal- disfrazan su comportamiento de depresión, cansancio o dolor.

Si fuera el caso, la depresión, el dolor o el cansancio no tienen nada que ver con la forma en que te tratan.

Definitivamente es una mala es excusa. Que no te engañen.

“Otra vez comenzaste con la cantaleta”

Las mujeres somos de hablar. Es cierto.

Pero una cosa es el alegato recurrente y repetitivo y otra cosa es que, cada vez que intentas exponer un punto -de lo que sea- te acusen de que “otra vez estás hinchando las pelotas”.

Esta afirmación es un gran ¡CÁLLATE! y frente a esta situación, hay dos tipos de mujeres:

1.- Las que siguen y la relación se termina fracturando.

2.- Las que se callan para “mantener la fiesta en paz“.

Si decides optar por lo segundo, el hombre machista asume que siempre tiene la razón y pronto comenzará a contradecir todo lo que dices “porque eres tonta”.

“Estás idiota porque te falta sexo”

Esta afirmación es más cotidiana de lo que quisiéramos.

Lo mismo pasa con el clásico “estás idiota porque estás en tus días”.

La primera afirmación es horrible porque hace alusión a que lo mejor de ti está relacionado a tu vínculo más íntimo con él.

Por lo tanto: “él te hace bien”.

La segunda es fatal porque, si bien, es real que existe un cambio hormonal con la menstruación, este cambio no tiene por qué ser considerado negativo.

Además, con esta afirmación se minimizan todas tus demandas y alegatos y se les resta importancia: no es que algo esté mal (estás loca), sólo andas hormonal.

“Otra vez estás enferma”

No es un misterio para nadie que hay ciertas mujeres que tienen ciclos menstruales que son dolorosos.

Eso nos da por garantizado que algunos días en el mes, 12 meses al año, por lo que dura nuestra edad fértil, estamos más cansadas, soñolientas o adoloridas.

Entre mujeres, somos solidarias en la medida de lo posible y lo lógico es que tu pareja te apoye y sea un buen compañero.

Sin embargo, hay hombres que creen que usas tu período como excusa.

Se molestan porque no estás al 100% para hacer lo que ellos quieren: ya sea salir a carretear, ir de excursión, etc.

Lo mismo ocurre cuando estás resfriada, o te duele la guata. Lo que les molesta es que no estés ahí PARA ellos.

Si un hombre se enoja o se molesta porque estás enferma, en vez de apañarte, mejor corre.

“Me cargan los domingos con tu familia y las estúpidas de tus amigas”

Una de las mayores amenazas del machismo es que los hombres aíslan a la mujer.

Con diferentes artimañas las van dejando sin redes de protección y sin posibilidad de denuncia.

Los hombres machistas no soportan que las mujeres hablen de ellos con sus amigos o familia.

Eso se debe a que, en el fondo, saben que sus conductas son abusivas y que caen en el maltrato.

Frases como las siguientes,  indirectamente hacen que tengas que elegir:

“Tu mamá se está metiendo demasiado en nuestra relación”.

“Me carga que te juntes con la suelta de tu amiga”.

“Ese amigo tuyo te quiere con papas”.

“Tu papá no me soporta”.

Pero además encierran una trampa ya que, como las frases tienen una importante carga negativa hacia el otro, hay un juicio de valor implícito: ellos son malos para ti o conmigo.

De esta forma, lentamente te vas a ir alejando de tus seres queridos y te vas a quedar sola.

Si las conductas machistas se agravan, no vas a tener una contraparte que te lo refleje.

Tampoco vas a poder pedir ayuda de forma oportuna cuando quieras o necesites alejarte.

“Prefiero romper cosas antes de hacer algo peor”

Acá entramos en terreno peligroso.

No sólo la violencia machista se manifiesta como agresión física y psicológica.

Hay hombres que destrozan sus casas o sus cosas (o tus cosas) en momentos de ira.

Cuando el momento pasa, se deshacen en disculpas, pero lo cierto es que tu cerebro interpreta esta “agresión de las cosas” igual que una agresión psicológica o física.

El mayor riesgo que radica en este tipo de hombres es que, si no controlan sus impulsos y tienen que ejercer violencia física con lo que sea, nada te garantiza que vas a estar a salvo.

Eso de que “prefiero pegarle a las cosas para no pegarte a ti porque jamás te haría daño” no es cierto.

Luego de lo anterior sólo queda la agresión verbal y física. Frente a esto, sólo queda la intervención profesional antes de que sea demasiado tarde.

Si necesitas orientación o atención respecto de este tema, puedes llamar al Fono Orientación Violencias 800 104 008

La llamada es gratuita y encontrarás orientación sobre temas relacionados a violencias contra las mujeres.

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